
Cinco minutos antes de las nueve de la mañana, el líder del independentismo vasco Arnaldo Otegi salió de la prisión de Logroño, en La Rioja, donde había estado recluido los últimos seis años y medio. Salió con el brazo en alto y lo primero que hizo fue fundirse en un abrazo prolongado y sentido con su hijo, Hodei, quien a lo largo de estos años ha sido uno de los pilares de su resistencia al interior de la cárcel. Y después, en un pequeño atril improvisado, dijo unas breves palabras: “La presencia de tantos medios de comunicación y de tantas cámaras demuestra que en el Estado español hay presos políticos. Y ahora toca trabajar para sacar a todos los presos políticos vascos”. Y advirtió que su condena por “pertenencia a organización terrorista” se debió en realidad a que trabajó desde su trinchera por una salida pacífica del histórico conflicto, en este sentido reiteró que “la paz es el camino a la independencia”.
Leer más