Las fallas del Metro mostraron a muchas personas indignadas con el gobierno porque dicho medio de transporte interrumpió varias líneas impidiendo el viaje a sus actividades laborales usuales, un enojo justificado y legítimo. En la actualidad, el Metro de Santiago traslada 2.500.000 personas diarias. Duplicó su capacidad, producto de la falencia del transporte de superficie que viene siendo cuestionado por la gente desde hace bastante tiempo por inadecuado, lento e incómodo, nacido con una matriz diseñada para ganar dinero. Calcularon que si los buses mantenían cierta velocidad, un ritmo determinado de circulación (lo que implica modificaciones urbanas de cargo del Estado), y comprimiendo los pasajeros en las horas punta, sólo se necesitarían 6.500 buses para rentabilizar un negocio que eliminaría 10.000 o 11.000 micros amarillas que estaban en manos de miles de pequeños empresarios.
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