
El liderazgo de la Concertación debiera explicarle también a sus bases y al país la extrema subordinación hacia Pinochet a que se llegó durante el gobierno de Aylwin; la que incluso se manifestó en la aceptación de un reconocido espionaje efectuado a diversos partidos políticos por los servicios de inteligencia del Ejército y en la burda distorsión de los hechos efectuada tanto por el Ejército como por el Gobierno, para restarle importancia al tema.
El liderazgo de la Concertación debiera explicarle también a sus bases y al país que la acusación constitucional aprobada por sus parlamentarios contra Harald Beyer, por no combatir el lucro en las universidades privadas, debiera significar una profunda autocrítica de su complicidad en esta materia durante sus veinte años de gobierno.


El liderazgo de la Concertación debiera explicar también a sus bases y al país porqué los cambios económicos más trascendentes que realizaron sus gobiernos (las reformas laborales y tributarias efectuadas a comienzos de los 90) –y de los que más se ufanaron- contribuyeron a legitimar, consolidar y “perfeccionar” el modelo económico impuesto por Pinochet.
El liderazgo de la Concertación debiera explicarle también a sus bases y al país el porqué dos de sus principales exponentes –los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados- promovieron a fines de 1991 la extensión de la amnistía de las graves violaciones de derechos humanos cometidas por la dictadura, sin perder la confianza política de los diputados y senadores concertacionistas.
El liderazgo de la Concertación debiera explicarle también a sus bases y al país el porqué –además de buscar la impunidad penal, moral y política de quienes cometieron o encubrieron crímenes contra la humanidad, de acuerdo al Informe Rettig- pretendieron restarle toda importancia a dicho Informe en cuanto a su difusión y debate público y, especialmente, le negaron su inserción en el sistema educativo escolar.
El liderazgo de la Concertación debiera explicarle a sus bases y al país el porqué -además de buscar la impunidad penal, moral y política de quiénes cometieron o encubrieron crímenes contra la humanidad, de acuerdo al Informe Rettig- sus gobiernos pretendieron distorsionar el hecho de que las instituciones armadas, el Poder Judicial y la derecha más afín a Pinochet le negaron validez a dicho Informe.
El liderazgo de la Concertación debiera explicarle también a sus bases y al país el porqué, además de la búsqueda de impunidad penal de quienes cometieron crímenes contra la humanidad de acuerdo al Informe Rettig, sus sucesivos gobiernos bregaron por su impunidad moral y política. De este modo, además de consagrar en los hechos el decreto-ley de amnistía; dichos gobiernos ocultaron los nombres de quienes aparecían denunciados como culpables; y los mantuvieron y promovieron en su carrera militar. Además, no hicieron nada por destituir a su máximo responsable (Pinochet) ni a los miembros del Poder Judicial que tuvieron una actitud crucial de encubrimiento de dichos crímenes.
El liderazgo de la Concertación debiera explicarle también a sus bases y al país porque las revelaciones de la Comisión Rettig, en lugar de constituir un paso hacia la justicia y una auténtica reconciliación, pretendieron usarse como paliativos para escamotear la sanción de los crímenes contra la humanidad allí consignados.