No es, desde luego, la manera deseable de acercarse a un nuevo año, pero resulta inevitable en las circunstancias. Tras la confirmación del triunfo
electoral de Trump, por una desventaja de 2.9 millones de sufragios, en los días recientes se han acumulado los presagios funestos para una era que se extenderá al menos por ocho años, según su protagonista. Aludiré a dos en especial ominosos: en el plano global, la probable reanudación de la carrera armamentista nuclear entre las potencias de una guerra fría que se consideraba concluida y, en el regional del Cercano Oriente, el intento, fallido por ahora, de forzar el abandono de la solución de dos estados y, al margen de Naciones Unidas, validar que Israel dicte los tiempos, términos y condiciones en que se desenvuelve y administra el conflicto.
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