
No hay que tener vergüenza alguna para pedir la liberación de los “presos políticos” venezolanos, mientras pese a las promesas electorales Obama mantiene la prisión de Guantánamo con presos que nadie sabe quiénes son ni por qué están privados de su libertad. Ni de dónde vienen ni hacia dónde van. Maduro podrá no ser el mejor presidente que merecen Venezuela y la región, pero lo votó su pueblo, y a los que dicen que la democracia no se agota con el voto, les digo que tienen razón, pero los presidentes, en democracia, sólo se cambian con los votos o los procedimientos previstos en la Constitución.


El 27F fue para muchos simplemente la remoción de los cimientos de un derecho justo a la vivienda, a la ciudad, a habitar sitios que son patrimoniales (en el sentido de una construcción familiar histórica), lugares de identidad colectiva y a la pertenencia. En pos de un avance salvaje de las constructoras e inmobiliarias avaladas por el gobierno que está de despedida.


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Algunos se escandalizan más por el lenguaje de los militares venales que por su aterradora corrupción.
