Bolivia: ¿Un indígena a la presidencia?

 La Paz.- A menos de dos semanas de las elecciones presidenciales bolivianas, las encuestas indican, que el favorito para ganar los postergados comicios será el líder cocalero y presidente del Movimiento al Socialismo, Evo Morales. Se genera así la posibilidad cierta, que por primera vez en la historia latinoamericana, un indígena ocupe la primera magistratura. 

Luego de varias semanas de incertidumbre, incluso con amenazas de golpe de Estado, postergación de elecciones y la renuncia del actual presidente Eduardo Rodríguez, el decreto presidencial del 1° de noviembre pasado, quitó los obstáculos que impedían el proceso electoral que tendrá lugar el próximo 18 de diciembre. “Percibidos, según el periodista de Pulso Bolivia, Pablo Stefanoni, por una amplia mayoría de los bolivianos, como la única vía para resolver, en el marco del sistema democrático, el “empate catastrófico” derivado de la guerra del gas de octubre del 2003″ con referencia al equilibrio inestable entre los movimientos sociales y las empresas transnacionales hidrocarburíferas.

El largo brazo del Tío Sam

Pese a una intensa campaña mediática, política e incluso acusaciones de intervención estadounidense en los ataques a su candidatura, el líder del MAS Evo Morales se encuentra optimista frente a unas elecciones, que pueden marcar un hecho histórico en un país poblado, mayoritariamente, por quechuas, Aymaras y Guaraníes. Ese acontecimiento, es la posible entrada a Palacio Quemado de un “campesino, indígena y cocalero” por el cual ningún analista político daba esperanzas de llegar a la presidencia. El líder indígena tiene sus principales bastiones en tres de los más importantes departamentos de Bolivia: La Paz, Cochabamba y Oruro, que suman el 56 % del electorado.

En conversación con este periodista, Morales dijo sentirse confiado y seguro de su triunfo “así lo indican las últimas encuestas y es lo que también percibo en cada visita a los pueblos del altiplano y de la sierra, de cada uno de los nueve departamentos de Bolivia. Seré el ganador a pesar que los propios Estados Unidos intervienen en esta elección, dando instrucciones a las empresas encuestadoras, para achicar las diferencias que existe entre mi partido y el PODEMOS de Jorge Tuto Quiroga. El Tío Sam quiere meter su cola porque tampoco le gusta la amistad de Evo con el presidente Chávez y seguramente tendrá sus reparos por el apoyo que el presidente Lula da Silva ha dado a mi posibilidad cierta de triunfo”.

Las palabras de Evo han tenido su confirmación a través de canales diplomáticos y políticos consultados que aseguran que “la Embajada de Estados Unidos en La Paz se ha reunido con el candidato presidencial de Unidad Nacional, Samuel Doria Medina, para que abandone la competencia y endose sus votos a Tuto Quiroga, a fin de bloquear la posibilidad cierta de triunfo de Morales”.

Efectivamente, tras estas denuncias vino el llamado del candidato del PODEMOS, para que Doria se bajara “porque lo único que se logra es fragmentar el voto. UN sólo quiere sacar unos cuantos parlamentarios, para después ellos decidir” declaró el Tuto. El vocero de UN, Jaime Navarro afirmó que “la propuesta de Quiroga obedece a una actitud nerviosa porque sabe que va a perder y su tendencia a la baja de su candidatura, que lo hace plantear este tipo de ideas”. UN divulgó un comunicado donde acusa a Quiroga de mentir en dos tema claves “haber afirmado que se opuso a la privatización de la empresa estatal de hidrocarburos y que no hay juicios en su contra”.

Para la analista política paceña Ximena Costa la pugna entre Quiroga y Doria Medina se entiende porque” ambos se disputan la misma base social de apoyo, que no son los indígenas del área rural que apoyan a Evo Morales. Los votos que le dan a Samuel le quitan a Tuto Quiroga y eso hace encender aún más las hogueras del enfrentamiento. El problema es que cuando uno gana las elecciones, los que pierden son incapaces de contribuir a mejorar la gestión de la oposición”.

Todo vale

A menos de dos semanas de las elecciones, que definirán el cuarto presidente boliviano en menos de dos años, la guerra sucia se ha intensificado. Los dardos han sido lanzados, principalmente por el PODEMOS, que mediante una variada muestra de piezas propagandísticas, se ha encargado de mostrar a Evo Morales, como una opción inviable y hasta peligrosa para el país. “No podemos darnos el lujo de perder nuestros mercados, miles de bolivianos perderían sus trabajos si Evo llega a ser presidente, ya que se cortarían las relaciones con todos los gobiernos que nos compran” repite Quiroga como una letanía. La última de las creaciones muestra a una mujer indígena de pollera, que se queja de haber sido abandonada por su esposo. “Evo Morales abandonó a sus hijos. Si Evo no es responsable con su propia familia, cómo podrá ser responsable con nosotros” se interroga la mujer mientras de fondo una música fúnebre invade los televisores.

Como estos mensajes no hacen mella en la intención de voto de Morales, que se sitúa ya en el 33%, contra un 27% de Quiroga, el candidato del PODEMOS, ha llamado reiteradamente a debatir televisivamente con el líder del MAS, consciente que la gran debilidad de Morales radica, precisamente, en la discusión pública respecto a las políticas que llevaría a cabo en su gobierno. “Morales no es un virtuoso de la palabra, y no cuenta con la preparación académica de Quiroga, que ha sido formado en los Estados Unidos. Evo hace bien en no exponerse en áreas donde Quiroga lo supera” señaló a nuestra revista un cercano asesor comunicacional del candidato del MAS.

Según la legislación electoral vigente si ninguno de los candidatos obtiene más del 50% de los votos, será el Congreso el que elija de entre los dos candidatos más votados, en una suerte de segunda vuelta y donde radica el peligro mayor para la candidatura del MAS, en el sentido que la derecha logre aunar esfuerzos y evitar que Evo asuma la primera magistratura.

El análisis fino tras las elecciones del 18 de diciembre nos indica, que allí radicará el peligro mayor para la estabilidad boliviana pues, militantes y dirigentes del MAS no dejan de repetir que no se dejarán expoliar un triunfo por secretaría y, por otro lado, si superado este trance Evo ocupa el sillón presidencial de Palacio Quemado, se encontrará con la oposición de otrora hermanos de lucha.

El Mallku, Felipe Quispe, quien también opta a la presidencia por el Movimiento Indígena Pachakutí con un 2% de apoyo señaló a este reportero que “ningún gobierno que asuma, sea este Morales u otro, tendrá tranquilidad mientras no cumpla con la nacionalización de los hidrocarburos y expulse a las transnacionales sin indemnización”. Mismo argumento repetido por el secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB) Jaime Solares, para quien Morales como presidente “sólo representará la continuidad de una política neoliberal que le ha robado a Bolivia sus riquezas”

Difícil panorama

Todo indica que el nuevo presidente boliviano tendrá, en esta ocasión, rostro indígena. En ese marco los desafíos del MAS y de su líder son claros: ganar las elecciones sin cortapisas en el Congreso y en segundo lugar, garantizar la gobernabilidad. Acción difícil ya que la gran mayoría de los parlamentarios responderá a partidos de derecha y los nueve departamentos bolivianos estarán regidos por prefectos de esos partidos, que por primera vez se elegirán por voto directo.

Los comicios en Bolivia están que arden. Los intentos por detener la posible llegada de Morales a la Presidencia, han alertado a los dirigentes del MAS, que han hablado sobre la posibilidad del uso de la fuerza si Evo no entre a Palacio Quemado “Las organizaciones vivas de la sociedad no permitirán que Tuto Quiroga gobierne ni siquiera seis meses. Viene una movilización que ya no será pacífica contra los neoliberales y contra los partidos tradicionales. Por eso Evo Morales va a ser presidente de a buenas o de a malas; yo digo con toda sinceridad si no nos dejan gobernar democráticamente, entonces tiene que ser a la fuerza”, declaró el dirigente campesino y candidato del MAS Román Loayza. “Ya tenemos conversado con algunos militares y policías, posiblemente sin echar sangre vamos a entrar al Palacio”, añadió Loayza.

De inmediato, Quiroga envió una carta al presidente Eduardo Rodríguez quejándose por lo que él considera una amenaza de golpe de Estado en caso de que Morales no obtenga el 50% más uno de los votos en las elecciones del 18 de diciembre. “Con esta declaración, el alto dirigente del MAS ratifica expresiones de Evo Morales en el mismo sentido, cuando afirmó que se estaba gestando una ‘insurrección armada’ para defender el voto”. “Comprenderá señor presidente, que estas declaraciones son en extremo preocupantes porque constituyen un llamado abierto al alzamiento y la sedición contra el orden democrático, razón por la cual considero urgente que, en su condición de Capitán General de las Fuerzas Armadas y de la tuición que ejerce sobre nuestra Policía Nacional, ordene el inmediato inicio de una investigación a fin de identificar a los ‘militares y policías’ que estarían preparando un golpe de Estado” señala Quiroga en su misiva.

El candidato de Podemos envió también otra carta a Evo Morales, donde asegura que las declaraciones de Loayza ratifican las propias ideas de Evo “las temerarias y antidemocráticas afirmaciones de este diputado del MAS, no hacen sino ratificar las suyas en sentido de convocar a una ‘insurrección armada’ en caso de no ser favorecido por el voto”, dice Tuto en su carta. “La única posibilidad que usted tiene de demostrar al pueblo boliviano que no está en afanes conspirativos es aceptando suscribir una carta-compromiso de respeto a la primera mayoría, no entre nosotros, sino ante el Cardenal Julio Terrazas” añade Tuto en la misiva.

Guerra sucia, amenazas de sedición, posibilidades de contubernio entre la derecha para impedir el triunfo de Morales, son algunas de las situaciones que pueblan el panorama electoral altiplánico donde también, los fantasmas de Gonzalo Sánchez de Losada, y de Carlos Mesa Gisbert rondan aún por el Palacio Quemado y pueden ser el recuerdo permanente, para cualquiera que ocupe el sillón presidencial. Si no se cumplen las demandas de octubre del 2003, que significaron la movilización de cientos de miles de campesinos, indígenas, maestros, profesionales y estudiantes, es posible que el primer gobierno de un indígena en América Latina sea  sólo un efímero sueño.

*Corresponsal de Adital en Chile