Ahora, en relación a los biocombustibles y al acuerdo Lula-Bush, ha puesto el dedo en la llaga en dos artículos llenos de verdades publicados en el periódico Granma. El primero lo tituló “Condenados a muerte prematura por hambre y sed más de 3 mil millones de personas en el mundo” y el segundo “La internacionalización del genocidio”.Nadie se esperaba que este tema marcara el reinicio de actividades del mandatario cubano, ni que lo hiciera con tanta fuerza. Y, por supuesto, ni Estados Unidos ni Brasil se imaginaban que desde ángulos tan diversos se le daría la razón al presidente Castro.
Mientras Bush no dice nada, porque más que el etanol le interesa el efecto político que su acuerdo con Lula puede causar, dividiendo a América Latina para impedir una integración que la deje fuera de su órbita de influencia. Lula también ha guardado silencio y su más cercano asesor atribuyó los planteamientos del presidente de Cuba a una “incomprensión”,asegurando que los proyectos “en los que estamos asociándonos”,no afectarían la producción de alimentos, mientras en su país se destinan más tierras al cultivo de maíz para hacer etanol destinado a Estados Unidos.
El mandatario cubano escribió en su segundo artículo “No es mi intención lastimar a Brasil, ni mezclarme en asuntos relacionados con la política interna de ese gran país”,el desacuerdo es claro y en este respetuoso tono se inició una discusión en la que han intervenido los más variados personajes y medios.
OPINIONES
En su edición del 7 de abril, The Economist de Gran Bretaña señalaba “No muchas veces este periódico está de acuerdo con Fidel Castro. Pero cuando se levantó de la cama de convaleciente la semana pasada para criticar el entusiasmo malsano de George Bush por el etanol tenía razón .Junto con otras críticas acerca de la campaña americana sobre éste, el Sr. Castro advirtió contra la
The New York Times señaló lo grave que sería que los grupos estadounidenses interesados en tener más tierras para cultivar el maíz que goza de fuertes subsidios y ha subido tanto de precio, lograran que se libere parte de la tierra de reserva en la que pretender sembrarlo. En un artículo de Foreign Affairs del 8 de abril se señala:
“El Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias(IFPRI),en Washington, D.C.,ha presentado estimados aleccionadores sobre la posible repercusión internacional de la creciente demanda de biocombustibles. Mark Rosegrant, director de una de las divisiones del IFPRI, y sus colegas prevén que en vista de que los precios del petróleo continúan aumentando, el crecimiento vertiginoso de la producción de biocombustibles elevará los precios del maíz en un 20 por ciento para el 2010 y en un 41 por ciento para 2020.Se pronostica de igual modo que los precios de las semillas oleaginosas, entre las que se incluyen la soya, la colza y el girasol, aumenten en un 26 por ciento para 2010 y en un 76 por ciento para 2020,y los precios del trigo en un 11 y en un 30 por ciento para 2010 y 2020,respectivamente. En las zonas más pobres de Africa subsahariana, Asia y América Latina, donde la yuca constituye el alimento básico, se espera que el precio crezca en un 33 por ciento para el 2010 y en un 135 por ciento para 2020…” La yuca es el alimento básico de 200 millones de africanos, de los sectores más pobres.
LOS FAVORECIDOS
En agosto del año pasado Ben Lieberman, analista senior de política energética y ambiental de la Fundación Heritage, organismo ultraconservador, escribió un artículo sobre la promoción del etanol en Estados Unidos. Lo primero que estableció fue que para confrontar el alto precio de la gasolina,3 dólares por galón, el gobierno estadounidense promovía el etanol que costaba 4 dólares el galón y produce menos energía. Tomando en cuenta todos los costos directos e indirectos que había que agregarle a ese precio, Lieberman señalaba que el costo del galón ascendía a 5 dólares.
Pero ese absurdo de pagar más para abaratar, tenía sus motivos, el objetivo señalaba el analista no era ayudar al consumidor sino apoyar a los productores de maíz estadounidense y a las grandes empresas que lo convierten en etanol y sostenía en ese artículo que durante años esos “intereses especiales” han recibido toda clase de ventajas y proteccionismo arancelario que aumentan el costo de importaciones más baratas.
