A través de los medios de comunicación, felizmente se aprecia fracturada, ya, la granítica conspiración que manifestaran en un principio los imputados. Hay quienes se resisten a arriesgar penas para salvar la responsabilidad de sus superiores y prefieren ahora colaborar con la acción de la Justicia aportando documentos y testimonios que avalan la consecución de los ilícitos y ofrecen cada vez más certeza de que en ellos están involucrados las más altas autoridades de la época.
En mérito de la alta misión de representar a la ciudadanía y de la confianza que el pueblo le entrega a sus gobernantes, abogamos para que la ministra Chevesich se mantenga inclaudicable en su cometido, pese a la enorme cantidad de presiones y acusaciones que se le formulan abierta y encubiertamente. Su independencia y sagacidad pueden contribuir notablemente a mejorar la imagen de nuestros tribunales, entidades que todavía cargan con el baldón de su obsecuencia a los otros poderes del estado y estar integradas por jueces y magistrados que, muy a menudo, hacen “la vista gorda” de los despropósitos cometidos por quienes deben proponer o aprobar sus ascensos en la llamada carrera judicial.
Desgraciadamente, desde el mundo político hay quienes siguen exculpando a los presuntos responsables en su cometido de haber desviado fondos públicos, favorecido a operadores políticos y, lo que es todavía, más grave, haber confiado obras de infraestructura a empresas insolventes profesional y éticamente. Entre ellas, por ejemplo, las que se hicieron cargo de construir aquel puente que colapsó tempranamente, esas casas que se desmoronan en ante el primer invierno y esas pavimentaciones que de un año a otro están tanto o más deterioradas que las que fueron cubiertas. Operaciones criminales que han llegado al extremo de asaltar los recursos destinados a la construcción de viviendas populares y fomentar el empleo. Recién en estos días, uno de los primeros ministros de estado imputados de operaciones irregulares es reivindicado por su partido y se le entregan responsabilidades que marcan su regreso en gloria y majestad al “servicio público”.
