Después de su derrota electoral san Sebastián Piñera había resuelto concurrir al Mundial de Alemania y sólo hablar de fútbol, pero los Larraínes –Carlos y Hernán –, que conforman una especie de collera del rodeo de Pelequén o una oficina corredora de la Bolsa de Comercio, se habían puesto de acuerdo en echar a pique el proyecto de reforma del sistema binominal, propuesto por Edgardo Boeninger.
San Sebastián, como siempre con sus alocadas ideas, dejó la tendalada en la Alianza; Evelyn aprovechó la oportunidad para llenar de flechas envenenadas al nuevo San Sebastián Piñera. ¡Por Dios que andaba bien la oposición con él fuera del país! Como no logra herirlo con esta flecha, le lanza otra: “Podríamos organizarle un “mundial” de fútbol, de tenis o de cualquier cosa”. Como San Sebastián aún resiste, a medio morir cantando, Evelyn le envía su tercer dardo: “Piñera no conoce el trabajo en equipo, no agradece a la gente, sólo trabaja para él, es un individualista que nunca llegará a ser presidente de la República”.
La diablilla de Evelyn está segura de haber dado muerte al porfiado santo, sin embargo, no contaba con que Piñera tiene siete vidas; moribundo le contesta, con toda dignidad, que por sanidad mental, “jamás responderé a descalificaciones, bajezas y amarguras”. Aun traspasado por las certeras flechas de Evelyn, el mártir San Sebastián Piñera, sigue siendo querido y venerado por los fieles liberales de RN.
Si usted se pregunta por qué la derecha política no ha podido ganar las elecciones presidenciales desde 1938, la explicación está a la mano: nunca los individualistas aliancistas han podido lograr la unidad, por consiguiente, siempre ha triunfado la centro-izquierda que, finalmente, termina por cumplir a la perfección el programa político de la derecha, razón por la cual don Patricio Aylwin, Lázaro Frei, el profesor Lagos y Santa Úrsula Bachelet serán los predilectos en el santoral de Pierre Richard Sommerville, y el pobre arcángel Lavín y Lúculo Piñera serán eternamente beatos, sin ninguna posibilidad de ser canonizados por la SOFOFA.
Rafael Luis Gumucio Rivas
