En mi opinión, estamos ante un sistema minoritario -consecuentemente, antidemocrático- porque provoca la sobrerepresentación de la minoría (33%=66%), con lo que se tiende a evitar el triunfo de la mayoría y a provocar un empate entre ésta y la minoría, la que goza así de un poder de veto permanente, que obliga a la mayoría al cogobierno para evitar el inmovilismo. Esto es lo que sus partidarios han denominado, “Democracia de los Acuerdos o “política de consensos”, pero que yo prefiero denominar, “Democracia de los Conciliábulos, totalmente contraria a un régimen democrático y generadora de una casta o elite sin contacto alguno con la ciudadanía.
Un sistema electoral mayoritario, en tanto, provoca la sobrerepresentación de la primera mayoría, con lo que también se tiende aevitar el inmovilismo, pero sin ir contra el principio básico de en sistema electoral democrático, i.e., que gane la mayoría.
Por ello resulta tan absurda la afirmación del carácter “mayoritario” del sistema binominal por sus adláteres. Lo único claro en cuanto a su caracterización es que existe total desacuerdo entre quienes participan del debate. Mientras sus partidarios lo tildan de “mayoritario”, un reciente informe a su respecto de FLACSO, lo ubicó dentro de los sistemas proporcionales (sic), en tanto el constitucionalista Francisco Cumplido descarta su caracterización como proporcional o mayoritario (en lo que coincidimos) y lo denomina “arbitrario” (Reforma Constitucional, Lexis Nexis, 2005, págs. 113 y sigts.).
Ante semejante caos, nos quedamos con nuestra caracterización del mismo como, minoritario.
El binominal no está entre los sistemas electorales democráticos conocidos y se trata de una entelequia rara que ni siquiera constituye propiamente un sistema electoral, toda vez que fue diseñado para evitar que los ciudadanos elijamos a nuestros representantes y, en cambio, nos limitemos ratificar las designaciones partidarias previas -que son las que determinan a los futuros “representantes”- sin que el voto ciudadano posea mayor relevancia.
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