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Agosto 19, 2026

Las elecciones son una perfecta copulación

Las elecciones presidenciales, sobretodo cuando se espera con ansias su resultado, equivalen al momento previo en que el enamorado sueña con una apasionada cópula con su amada. Por primera vez en nuestra historia las féminas preferirán a una mujer y los machos a un hombre y, en un día de calor, los atontados ciudadanos marcarán una cruz eligiendo la novia o el novio de sus sueños.

Durante un mes, Lúculo Popeye Piñera ha manoseado a los pobres electores buscando una prueba de amor y, para tratar de conseguirlo, les ha ofrecido trabajo seguro, con contrato incluido, platita vitalicia para las dueñas de casa, un helicóptero, un río navegable y un canal de televisión, pero los chilensis son como las adolescentes: el 15 de enero te contesto; aunque se hacen pipí en los calzones de puro amor al ver el canoso mechón de Lúculo, no están dispuesta a caer en sus brazos sin libreta matrimonial.

La abeja reina, Michelle Bachelet, trata de encantar a los machos con su acogedora sonrisa y melosas frases: voy a hacerlos felices, la Pachamama volverá a reinar y cuando se encuentren agobiados podrán dormir sobre mi maternal regazo, seguros de que ningún profesor regañón los importunará; a los viejos cachorros les prepararé un rico té acompañado de pan, palta y mermelada y una muy buena jubilación.

Los electores recuerdan que varias veces antes experimentaron el mismo entusiasmo ante los avances de postulantes a la presidencia: me volví loca con el putero León de Tarapacá que, al poco tiempo, me dejó marcando ocupado y se fue con una señora aristocrática. Después, un narigón me ofreció una “revolución en libertad”; otro, muy serio, “justicia en la medida de lo posible y, como decía mi mamá, los hombres son buenos sólo antes de ir a la cama, y después te dejan solos con los guachos.

El fin de la campaña electoral fue un verdadero festival de cantantes maduros y guatones: la abeja reina trajo a Miguel Bosé, cuyos movimientos de panza vuelve locas a las jóvenes y viejas féminas. Para no ser menos, Lúculo Piñera, más loco y arrebatado que nunca, hizo bailar la danza del vientre a su hermano Miguel y ofrecer, como rosas, las arrugas del Pollo Fuentes; el pobre Profesor Salomón estaba más fome que nunca pues ni siquiera desplumó al arcángel Lavín. No vaya a ser que, de nuevo, después de tanta calentura, los pobres votantes terminen más nerviosos que después de un coito interrumpido. A lo mejor, tiene razón el cardenal Jorge Medina: el único sexo seguro es el celibato.