La campaña electoral no sólo transparenta a los comandos: nos transparenta como sociedad. En cierto modo, todos estamos en, o bajo, la campaña. Los que la generan, los que la absorben, y la vuelven a regenerar, ya sea por comentario o por rumor. Esta es la fórmula de hacer política en tiempos sin política.
El domingo 25 de diciembre El Mercurio tituló con “Entrevista a Michelle Bachelet: Yo me la puedo para ser presidenta de Chile”, frase, alocución o aclaración, que era una evidente respuesta al titular de este mismo medio del domingo anterior, que llevaba una opinión (no era otra cosa) de Sebastián Piñera a la capacidad de liderazgo y por extensión de gobernabilidad, de Michelle Bachelet. Se trataba en ambos casos de entrevistas que apuntaban a un solo objetivo: sembrar la duda sobre las capacidades que tiene Bachelet para administrar el país.
Los dos titulares, distanciados por siete días, son el reflejo palmario de una campaña que apunta a debilitar a Bachelet. Pero El Mercurio y los otros poderes fácticos han levantado la campaña no como elementos propios de la política –como lo son los ideológicos- sino con elementos instalados en nuestra más profunda conciencia colectiva. La derecha, sin contar con argumentos o contraargumentos de solidez política, alude, sin escatimar dosis de desvergüenza y crueldad, a los elementos más anquilosados de nuestra cultura. Condena a Bachelet, sin decirlo abiertamente, por su condición de mujer. Aquel infame titular del día de Navidad no sólo era una humillación a las aptitudes políticas de Bachelet; lo era también, de forma hábil, esbozada, al género femenino. En un candidato hombre, aquella frase no constituiría un titular.
¿Está Chile preparado para tener una mujer presidenta? Hoy podemos afirmar que Chile no sabe, no tiene respuesta, o que Chile se deja llevar por los comentarios y el rumor. Se deja llevar por lo que se ha llamado en teoría de la comunicación la espiral del silencio, que, en términos sencillos, es el rumor, inyectado por los medios, que vuelve amplificado a los medios.
Los grandes medios, que son también parte de la derecha, han comenzado a desmontar su instalación. De una u otra manera, el meteórico ascenso de Michelle Bachelet en las encuestas de opinión cuando se desempeñaba en la cartera de Defensa, fue apoyado por esta prensa. No hay otra respuesta: en tiempos de anemia política, de nula movilización y militancia, el único nexo entre una figura política y el ciudadano, el potencial elector-cliente, está en los medios de comunicación.
Sabemos muy bien los motivos de este apresurado desmontaje. Nos interesa más observar los mecanismos articulados, los que, hemos dicho, apuntan, se hunden, en aquellas áreas más profundas de nuestra construcción social, la que es también una construcción histórica del poder: oligárquico y, por cierto, masculino.
Hemos dicho que vivimos –y Chile parece ser la excepción en Latinoamérica- una liviandad política, una delgada mezcla entre mercado y programas asistenciales, tan elogiada durante los momentos del poder pero incómoda en tiempos de elecciones, cuando la política se convierte en una retórica que se esfuerza por encontrar -si es que existen- las diferencias.
Es sólo un asunto de leves matices de operación política que, finalmente, transparenta la retórica, la que llevada al extremo pasa a ser demagogia. Pese a todos los discursos, a todas las discusiones, el establishment político chileno exhibe una gran solidez difícil de corroer por la palabra. Tal vez por ello es que la prensa de derecha no ha levantado como gran campaña electoral el apoyo que la izquierda le ha dado a la Concertación, sino que ha apelado esta vez a aquellos aspectos no necesariamente políticos instalados en nuestra mala conciencia. Diríamos que Michelle Bachelet no asusta hoy por hoy a la burguesía por su relación, aun cuando sea fría, con el Partido Comunista y otras fuerzas de la izquierda, sino por el hecho de ser diferente, discurso muy útil, articulado de forma encubierta, que estimula aquellos impulsos propios de la intolerancia y la discriminación.
¿Es Chile un país machista? La derecha y su prensa intentan por todos los medios de responder afirmativamente esta pregunta. Este 15 de enero veremos el resultado de este experimento electoral.
Columna publicada en revista Punto Final
