El terremoto del 27 de febrero del 2010 comenzó finalmente a develar la gran fractura social chilena que había estado disimulada por treinta y ocho años.
Las secuelas de la catástrofe aun sin solución, se suman a las masivas protestas estudiantiles y ciudadanas respecto de la calidad de la educación y de los problemas ambientales. Estos procesos hacen cada día más patente el abismo que separa a una inepta, prosaica y repudiada clase política de las necesidades y aspiraciones de la mayoría de la población del país.
Esta brecha es ilustrada dolorosamente por la incapacidad y la incuria del gobierno actual para encontrar soluciones para los problemas de los habitantes en las regiones asoladas por el terremoto dieciocho meses más tarde que este fenómeno ocurriera. Contrastando esta perversa desidia, con el esfuerzo y los recursos utilizados para crear una imagen espuria de un gobierno y un país moderno, dinámico, y manejado por incorruptos técnicos y gerentes. Constituyendo esta imagen el bruñido y falso producto de exportación en inglés auspiciado por
Que la elite política chilena tanto de la derecha como la de
El toque de la mano del rey según la tradición tenía poderes curativos y milagrosos por ser éste el representante de Dios en la tierra. Es indudable, que en la insofisticada y provincial mentalidad de nuestros políticos, sus peregrinajes adquieren también un carácter cuasi religioso y sacramental. Ya que, al parecer, ellos esperan cándidamente que por el solo hecho de respirar el aire de Silicon Valley se transformarán en los mensajeros que transportarán el éxito educacional, científico, tecnológico y financiero representado por Silicon Valley a Chile de manera etérea y milagrosa.
En la ansiosa espera de este milagro nuestra elite le da la espalda a la problemática educacional del país y el gesto vacío y propagandístico que dicha procesión representa, los ciega a analizar de manera racional los fundamentos sociales, económicos y educacionales que se encuentran en la base del éxito de Silicon Valley. Escapa a su frívolo y superficial entendimiento que este éxito se debe en parte importante al estímulo de la educación y del desarrollo científico y tecnológico provocado por las importantes inversiones de dinero público provenientes del gobierno federal de EE.UU. y del gobierno del Estado de California.
Son incapaces de percatarse de que
Contrastada con la posición de nuestros supuestamente experimentados y cultos líderes el enfoque del estudiantado chileno frente a los problemas de la educación en Chile representa una perspicaz visión y una fidelidad al futuro desarrollo del país. El que los estudiantes hayan construido esta perspectiva, sin el uso de inmerecidas sinecuras y romerías por universidades extranjeras, manifiesta una gran capacidad de reflexión y de pensamiento novel y original. Esta reflexión y trabajo, les ha permitido abstraer y resumir de las condiciones restrictivas de su experiencia diaria un ideal universal de educación y del país, razonable, generoso y humano. Desgraciadamente la formulación de este proyecto eludió hasta ahora a nuestra menoscabada elite.
Los incultos y atávicos pronunciamientos del vocero de gobierno Sr. A. Chadwick “de que el país no le pertenece a los estudiantes (¿juventud?)”, enaltecen aún más la justa perspectiva estudiantil y desnudan la naturaleza indiferente e iletrada de un gobierno al que le es ajeno la educación y el futuro desarrollo de la nación. En los esfuerzos de nuestros políticos para mantener vivo por tanto tiempo el singular bodrio educacional concebido por la violencia de la dictadura, existen otras razones además de la oportunista y usurera del lucro que los beneficia. Sin lugar a dudas ellos temen que un adecuado y moderno sistema educacional que satisfaga las necesidades del país y de los estudiantes haga peligrosamente real la máxima del filósofo griego Epicteto de que “solo son libres aquellos que tienen educación”. Ampliándose y democratizándose la libre competencia de idoneidades y de aptitudes, resultando esto en la accesión a la política, al gobierno y a la cultura de individuos más capaces, que los desplacen a ellos y a sus linajes y los conviertan rápidamente en reliquias históricas.