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El derecho humano al medio ambiente sano es una garantía reconocida muy reciente, que se encuentra aún en construcción. El primer instrumento internacional que lo acepta de manera explícita es el Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, también identificado como Pacto de San Salvador, que en su artículo 11 señala: “Toda persona tiene derecho a vivir en un medio ambiente sano y a contar con servicios públicos básicos […]”.
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Varios países latinoamericanos, entre ellos Venezuela y Bolivia, consideran que los desarrollados no tienen verdadero interés en disminuir sus emisiones de contaminantes y que buscarán chantajear y negociar de manera paralela con otras naciones para evitar acuerdos más sustantivos. Han señalado además la importancia de hablar de justicia climática, pues consideran que los industrializados se han enriquecido a costa de explotar los recursos naturales de las naciones pobres y, por tanto, deben aportar recursos financieros para reparar el daño ambiental que han generado durante varias décadas. Respecto a México, país que contribuye con 1.7 por ciento de la emisión mundial de dichos gases, se prevé un escenario de destrucción, pobreza, desastres naturales e impacto económico negativo a causa del cambio climático.
Si bien durante la pasada cumbre de Copenhague el titular del Ejecutivo federal se comprometió a reducir 30 por ciento las emisiones de gases invernadero para 2020, no existe una política pública de respeto, cuidado y protección integral del medio ambiente que sustente tal promesa. En la cumbre de Cancún está en juego algo más que el lucimiento de México como país anfitrión, o lograr acuerdos para bajar las emisiones y revertir el cambio climático. Lo que se está discutiendo es el futuro del planeta y la sobrevivencia de la humanidad en condiciones dignas. Esperamos que los gobiernos estén a la altura de la magnitud de la tarea que se enfrenta. La sociedad lo está cada vez más.De acuerdo con información del gobierno de Quintana Roo, se espera a cerca de 3 mil delegados de 170 países y a más de 6 mil activistas y representantes de organizaciones ambientalistas y no gubernamentales. La principal preocupación es lograr que naciones como Estados Unidos, China, India y Brasil asuman verdaderos compromisos en la reducción de los gases de efecto invernadero. La Unión Europea, por ejemplo, se ha comprometido a recortar 20 por ciento sus emisiones para 2020, respecto a los niveles de 1990, y elevar esa proporción a 30 por ciento si otros países hacen lo propio. Sin embargo las propuestas de otras naciones industrializadas se ubican por debajo de dicho porcentaje.
De acuerdo con información del gobierno de Quintana Roo, se espera a cerca de 3 mil delegados de 170 países y a más de 6 mil activistas y representantes de organizaciones ambientalistas y no gubernamentales. La principal preocupación es lograr que naciones como Estados Unidos, China, India y Brasil asuman verdaderos compromisos en la reducción de los gases de efecto invernadero. La Unión Europea, por ejemplo, se ha comprometido a recortar 20 por ciento sus emisiones para 2020, respecto a los niveles de 1990, y elevar esa proporción a 30 por ciento si otros países hacen lo propio. Sin embargo las propuestas de otras naciones industrializadas se ubican por debajo de dicho porcentaje.
De acuerdo con información del gobierno de Quintana Roo, se espera a cerca de 3 mil delegados de 170 países y a más de 6 mil activistas y representantes de organizaciones ambientalistas y no gubernamentales. La principal preocupación es lograr que naciones como Estados Unidos, China, India y Brasil asuman verdaderos compromisos en la reducción de los gases de efecto invernadero. La Unión Europea, por ejemplo, se ha comprometido a recortar 20 por ciento sus emisiones para 2020, respecto a los niveles de 1990, y elevar esa proporción a 30 por ciento si otros países hacen lo propio. Sin embargo las propuestas de otras naciones industrializadas se ubican por debajo de dicho porcentaje.
