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México será anfitrión de la 16 Conferencia de las Partes (COP16) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CCNUCC) en Cancún del 29 de noviembre al 10 de diciembre. Curiosa ironía: la más importante reunión internacional sobre medio ambiente se efectuará en un país ambientalmente devastado, y en una ciudad que ejemplifica todo lo que no hay que hacer para cuidar la ecología.
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Con regulaciones ambientales débiles y autoridades gubernamentales corruptas, con tratados comerciales –que como parte de las ventajas comparativas ofrecen la destrucción impune del ambiente–, los grandes consorcios multinacionales tienen licencia para devastar. La entrada de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2004 dejó a México sin su principal ventaja comparativa para atraer capitales: la oferta de mano de obra barata. En los hechos, y sin declararlo públicamente, el gobierno ha ofrecido a las grandes trasnacionales una desregulación ambiental absoluta, un cerrar los ojos ante las violación de las leyes ecológicas existentes. Ha profundizado así una tendencia ya presente en el territorio nacional desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) en 1994.
Es México, la ley federal de manejo integral de residuos sólidos es, en los hechos, letra muerta; prácticamente ningún municipio en el país cumple con los procesos de separación, reciclaje y reuso al que obliga. Simultáneamente, se ha intensificado la privatización de los servicios públicos de recolección, transferencia y disposición final de basura. Se trata de una degradación ambiental invisible que ha provocado numerosas protestas de quienes la viven cotidianamente. Defender el medio ambiente puede ser una actividad peligrosa. En ello le va la vida a quien lo hace, sobre todo si no es conocido o famoso. Rubén Flores Hernández, guardián de los bosques de Morelos, fue ultimado el pasado 28 de abril, por los saqueadores del sitio. No es el único. En los últimos años más de 30 ambientalistas han sido asesinados. Para hacer visible esta invisible destrucción del medio ambiente Vía Campesina, la Asamblea de Afectados Ambientales y el Sindicato Mexicano de Electricistas han organizado seis caravanas que partirán desde distintos puntos del país rumbo a Cancún. A su paso harán evidente cómo el país se ha convertido en un enorme basurero tóxico. La COP 16 será así una vitrina privilegiada para hacer visibles las resistencias contra la devastación ambiental que existen en México, un escaparate en el que el mundo podrá observar la gravedad de la situación que se vive y desnudar a un gobierno que habla de defender el medio ambiente mientras favorece su destrucción.De la mano de esta crisis ambiental camina una crisis sanitaria de grandes proporciones. El surgimiento de la gripe A/H1N1, el año pasado, de los chiqueros industriales porcinos de Perote, Veracruz, fue apenas una señal de alerta. Los centenares de basureros urbanos son enormes incubadoras de graves enfermedades. Los polos de desarrollo industrial desregulado son caldo de cultivo para el surgimiento de mutaciones genéticas, leucemia y anencefalia. La descargas residuales tóxicas en el río Atoyac, en el estado de Tlaxcala, mataron ya a la fauna y ahora enferman de cáncer a la población, según un estudio realizados por expertos mexicanos y publicado en la edición de septiembre de la revista de la Universidad de Oxford, Inglaterra.
De la mano de esta crisis ambiental camina una crisis sanitaria de grandes proporciones. El surgimiento de la gripe A/H1N1, el año pasado, de los chiqueros industriales porcinos de Perote, Veracruz, fue apenas una señal de alerta. Los centenares de basureros urbanos son enormes incubadoras de graves enfermedades. Los polos de desarrollo industrial desregulado son caldo de cultivo para el surgimiento de mutaciones genéticas, leucemia y anencefalia. La descargas residuales tóxicas en el río Atoyac, en el estado de Tlaxcala, mataron ya a la fauna y ahora enferman de cáncer a la población, según un estudio realizados por expertos mexicanos y publicado en la edición de septiembre de la revista de la Universidad de Oxford, Inglaterra.
De la mano de esta crisis ambiental camina una crisis sanitaria de grandes proporciones. El surgimiento de la gripe A/H1N1, el año pasado, de los chiqueros industriales porcinos de Perote, Veracruz, fue apenas una señal de alerta. Los centenares de basureros urbanos son enormes incubadoras de graves enfermedades. Los polos de desarrollo industrial desregulado son caldo de cultivo para el surgimiento de mutaciones genéticas, leucemia y anencefalia. La descargas residuales tóxicas en el río Atoyac, en el estado de Tlaxcala, mataron ya a la fauna y ahora enferman de cáncer a la población, según un estudio realizados por expertos mexicanos y publicado en la edición de septiembre de la revista de la Universidad de Oxford, Inglaterra.
