La palabra entrevista deriva del latín y significa “Los que van entre sí”.En la universidad nos enseñaron que una entrevista es un dialogo entre dos o más personas: el entrevistador o entrevistadores que interrogan y el o los entrevistados que contestan ósea es un dialogo que va y viene entre quienes la protagonizan. Una de las características básicas de la entrevista es que debería ayudar a conocer a quien es entrevistado, a personas, que no están al alcance de todo el mundo o que son esenciales para aglutinar el trabajo periodístico, rompiendo el aura de majestuosidad que ocasionalmente las envuelve mostrando sus grandezas, sus debilidades, su humanidad lejos del cargo que tenga o rescatar a aquellas sumergidas en el olvido, terminando como un registro histórico.
Pero, para hacer una buena entrevista no solo se necesita conocimientos técnicos o una buena preparación de ella. Se necesita mucho talento porque el periodista se enfrenta una tarea pesada: por un lado debe lograr que el entrevistado se sienta cómo para que la conversación fluya y pueda entregar información (verbal y no verbal). Por otro lado, al transcribir la entrevista, debe describir el contexto en la cual se dio la conversación; al entrevistado, sus gestos, sus cambios de humor, su reflexión sobre los temas de los cuales se está conversando.
Raquel Correa bajo el sello de la Editorial Catalonia, publicó el libro “Preguntas que hacen historia: cuarenta años preguntando. En esas entrevistas, se da cuenta de momentos históricos y sociales que se han vivido en este periodo. Ella ha tenido el talento, de expresar con claridad, con precisión, “con objetividad relativa” los encuentros con distintos actores sociales que marcaron la historia de Chile, en este tiempo. Eduardo Frei Montalva, el cardenal Raúl Silva Henríquez, Augusto Pinochet, Volodia Teitelboim, Salvador Allende fueron entrevistados por ella y logro mostrar algo más que el personaje mitificado. Los mostró con sus grandezas y con sus flaquezas, convirtiéndolos en seres humanos.
Digo objetividad relativa, porque en realidad ningún periodista es absolutamente “objetivo”. Cada uno de uno de nosotros, filtra a las personas y a los acontecimientos de acuerdo a sus normas y valores ¡y por Dios! que cuesta disimular los propios estados de ánimos frente a un entrevistado complicado o una situación que nos enfrente.
Recuerdo, que cada domingo esperaba leer “la entrevista de Raquel Correa” para enterarme del pulso de la vida de Chile, porque cada uno de nosotros podía sacar sus propias conclusiones; sobre el mismo texto se hacía una lectura distinta y eso marcaba la pauta del lunes. Nunca en esas entrevistas, se vio que ella quisiera llevar la entrevista hacia “su mirada” y eso, porque siempre ha marcado la diferencia entre su vida privada y la profesional.
Su libro es una excelente lección de buen periodismo, de uno que no es amigote del poder sino que busca desmenuzarlo, sin que este se de cuenta. Difícil, pero Raquel Correa nos ha demostrado que se puede lograr y que existe.
Pero, para hacer una buena entrevista no solo se necesita conocimientos técnicos o una buena preparación de ella. Se necesita mucho talento porque el periodista se enfrenta una tarea pesada: por un lado debe lograr que el entrevistado se sienta cómo para que la conversación fluya y pueda entregar información (verbal y no verbal). Por otro lado, al transcribir la entrevista, debe describir el contexto en la cual se dio la conversación; al entrevistado, sus gestos, sus cambios de humor, su reflexión sobre los temas de los cuales se está conversando.
Raquel Correa bajo el sello de la Editorial Catalonia, publicó el libro “Preguntas que hacen historia: cuarenta años preguntando. En esas entrevistas, se da cuenta de momentos históricos y sociales que se han vivido en este periodo. Ella ha tenido el talento, de expresar con claridad, con precisión, “con objetividad relativa” los encuentros con distintos actores sociales que marcaron la historia de Chile, en este tiempo. Eduardo Frei Montalva, el cardenal Raúl Silva Henríquez, Augusto Pinochet, Volodia Teitelboim, Salvador Allende fueron entrevistados por ella y logro mostrar algo más que el personaje mitificado. Los mostró con sus grandezas y con sus flaquezas, convirtiéndolos en seres humanos.
Digo objetividad relativa, porque en realidad ningún periodista es absolutamente “objetivo”. Cada uno de uno de nosotros, filtra a las personas y a los acontecimientos de acuerdo a sus normas y valores ¡y por Dios! que cuesta disimular los propios estados de ánimos frente a un entrevistado complicado o una situación que nos enfrente.
Recuerdo, que cada domingo esperaba leer “la entrevista de Raquel Correa” para enterarme del pulso de la vida de Chile, porque cada uno de nosotros podía sacar sus propias conclusiones; sobre el mismo texto se hacía una lectura distinta y eso marcaba la pauta del lunes. Nunca en esas entrevistas, se vio que ella quisiera llevar la entrevista hacia “su mirada” y eso, porque siempre ha marcado la diferencia entre su vida privada y la profesional.
Su libro es una excelente lección de buen periodismo, de uno que no es amigote del poder sino que busca desmenuzarlo, sin que este se de cuenta. Difícil, pero Raquel Correa nos ha demostrado que se puede lograr y que existe.
