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El pequeño Bracitos había tenido pesadillas todas las últimas noches pero esta vez fue la peor. Era un día, o una noche, después de no poder vender su televisioncita, y de no percibir sus milloncitos de dólares que ya tenía embuchados. Eran las tres de la mañana de esa noche, o de ese día, cuando, dormido, pegó un brinco y se clavó en el techo del aposento del palacio real, tal fue la fuerza del estertor.
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El pequeño continuaba balbuceando y gritando en su sopor diabólico… ¡Abdalá Bucaram, Abdalá Bucaram! espetaba en pesadilla Bracitos Cortos, al mismo tiempo que daba brincos y contorsiones, y tiraba las manos.
Eran ya las cuatro y media de la madrugada y nadie lograba tranquilizarlo ni despertarlo del todo, aunque gélidas aguas, benditas por el viejo Karadima, le tiraron.
Al fin, y después de un portazo dado al salir por Heil Peter, su Primer Ministro, Bracitos despertó, es un decir, porque se mantuvo envuelto en una fuerte y prolongada melancolía, mudo, pensando, en su sopor, qué quería decir esa pesadilla maléfica.
Todos en palacio cuchicheaban: “Bracitos se ha enloquecido, el pobre llama a un califa Abdalá, que nadie conoce, y suda sin haber trabajado nunca…” “¡Salvo en La Bolsa!”, decía Heil Peter, su Primer Ministro, que no ocultaba sus ganas de heredarlo pronto. Su hermano, el bailarín, que meditaba en el lecho junto a su sabia esposa, la Princesa Belén de los Pastores, gran filósofa del reino, parecía decir –poco se le entendía- “Si ésste enloquesse un poco máss yo heredaré todo”.
Trajeron sabios, brujos y chamanes de distintos reinos, expertos en los emires Freud y Adler y Jung, y nadie pudo descifrar la pesadilla de Bracitos Cortos. Caravanas llegaban a palacio con brebajes mágicos pero naca la pirinaca.
“¿Qué querrá decir en sueños con Abdalá Bucaram?” se preguntaban todos.
Hasta que un día, en sala contigua, un curcuncho bufón, mientras Bracitos sufría en sus aposentos, explicó a un puñado de lo más granado de la corte que le hacía ronda allí mismo en el palacio:
“No tengo nada que perder así es que os voy a decir la verdad. Bracitos lo que ha sufrido es una pesadilla producto del julepe, canguelo o repullo que lo abruma y lo abrumará hasta que renuncie a lo que más quiere…”
“¿El poder político? preguntó el viejo Karadima.
“¡Qué poder político ni ocho cuartos!” respondió el bufón y agregó…”A Bracitos sólo le ha interesado, le interesa y le interesará el billullo, el vil metal, la tarjeta, el bono, el pago, el dinero, eso que él cree sirve para comprarlo todo…y el poder político es un nuevo recurso para que le salpiquen”. “Y con lo de su televisioncita sintió que se le escabullía el morlaco, se le iba el aflato, el soplido…”
“¿Y por qué grita y grita Abdalá Bucaram?” preguntó el Primer Ministro.
“Porque teme que a él le pase lo mismo” respondió el bufón y continuó mientras todos los médicos y brujos le escuchaban absortos.
“Abdalá Bucaram, que aquí nadie conoce porque tenemos un gobierno de excelencia, dijo el bufón, fue Sultán electo en Ecuador y botado a la calle por un golpe de estado al año de estar gobernando”…”El Loco Bucaram, que así le llamaba la plebe, continuó el bufón, porque se llevaba corriendo y bailando, haciendo piruetas en su helicóptero y era un hiperkinético, fue un jefe populista rico, con muchos intereses, que inició en 1997 desde el gobierno un paquetazo económico con el que elevó los impuestos a los cigarrillos y los combustibles, suprimió los subsidios al gas, los teléfonos y la educación, congeló los salarios mínimos e incrementó las tarifas del transporte, entre otras medidas típicas de un gobierno neoliberal…y no es broma…(hizo un alto)… hasta que estudiantes, campesinos, trabajadores e indígenas se levantaran en todo el país, en un movimiento que fue creciendo hasta concluir con el derrocamiento del mandatario el 7 de febrero de 1997”.
“¿Y el Congreso no lo defendió?” preguntó el hermano de Bracitos Cortos, que se había levantado… “¿Y las fuerzas armadas?” agregó.
“Bueno, aunque tú no lo creas, el Congreso lo cesó en sus funciones “por incapacidad mental”…”La mayoría del Congreso estuvo conformada por algunos que lo habían elegido más el Partido Social Cristiano y la Izquierda Democrática”…”Y tampoco es broma” agregó.
“¿Y las fuerzas armadas?” se preguntó a sí mismo el bufón curcuncho, y se respondió en voz alta…”Bueno, las fuerzas armadas, estimados feligreses, no sellaron su suerte con la de Bucaram, y otros dos grandes Sultanes a los que le pasó lo mismo en ese tiempo, porque en esos años a las fuerzas armadas les interesaba más la seguridad… ¿y qué seguridad puede otorgar un loquito?”
Dicho esto, y para sorpresa de todos, el bufón desapareció y nunca más fue visto en palacio. Sólo podían verlo, de vez en cuando y fuera de allí, los siervos y los esclavos, los mismos que veían a los genios de las lámparas maravillosas.
