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Agosto 18, 2026

El triunfo de los especuladores

¿Quién ganó la Presidencia de Chile? En primer lugar ganaron los grandes especuladores de la bolsa. Uno de ellos llegó a ser Presidente de la República.  Esto ya se sabe en todo el mundo y debe ser tema de comidillos en Wall Street, en Londres, incluso en Madrid.   

Los grandes medios internacionales, que se pierden menos que nuestros políticos, han coincidido en titular “Bimillonario gana presidencia de Chile”. Y esto en medio de la peor crisis del capitalismo, causada en gran medida por la desenfrenada especulación. Éste es el primer Presidente que proviene o pertenece a ese mundo de la especulación bursátil elegido en medio o después de la crisis. Chile abre camino nuevamente. Obama, Lula, incluso Uribe, no provienen de allí. Tampoco provenían de allí Jorge Alessandri o Augusto Pinochet, los últimos Presidentes de derecha.
En segundo lugar ganaron los fascistas. La UDI es el partido ideológicamente más cercano al corporativismo negro católico y más identificado con las políticas dictatoriales que aún hacen mella. Todos los torturadores con derecho a voto votaron por Piñera, todos los secuestradores, no cabe duda. Toda la llamada “familia militar (de derecha)”, más allá y a pesar de las alabanzas del actual Ministro de Defensa.

En tercer lugar ganaron los conservadores “morales” –inmorales en una ética católica post-conciliar- y ultraliberales en la economía, entre los que puede estar el propio Presidente.

En cuarto lugar ganaron los congresistas que se han jugado en contra de las políticas distributivas que intentaban, a sorbos, mejorar la situación de los sectores más débiles.

No hay en Chile, a contar de marzo, un gobierno de centro-derecha. Hay un gobierno de derecha y extrema derecha. Por eso que Piñera busca apoyos en el centro, que no conseguirá de inmediato.

En quinto lugar ganaron los medios, los grandes medios, en particular los medios de prensa, que tienen un público más “militante”. Al fin no sólo impusieron hegemonía cultural, ideológica, política, sino que conquistaron, para uno de los suyos, después de Pinochet, el sillón presidencial. Ganaron El Mercurio y Copesa, Radio Agricultura y otras radios, Canal UCTV, Canal 13, Chilevisión por cierto, Mega y en buena medida TVN.

Y finalmente también ganaron los oportunistas que olfatearon bien: Fernando Flores, Schaulson, Edwards, Ampuero, Navia.

Y, después de muerto, ganó Pinochet, ganaron sus hijos y sus herederos, un poco tarde para ser una gran victoria pinochetista –debió producirse con Büchi en 1990- pero victoria al fin. Así lo manifestaron en las calles.

¿Por qué ganaron?

En primer lugar porque  la Concertación reprodujo poco a poco – sin tocarlo y sin crítica- los fundamentos del sistema capitalista chileno recreado sin frenos en la dictadura de Pinochet.

Con Aylwin hubo una obligada aceptación (“El mercado es cruel, pero…), con Frei una entusiasta multiplicación (“Las bondades de la modernización”), con Lagos una exitosa reproducción, con vetos a  los excesos internacionales del imperio, y con Bachelet, una protección estatal sin cuestionamiento de las razones sistémicas de la desprotección social.  En todos ellos no hubo una clara política redistributiva, y en todos se dejó fomentar el individualismo extremo, ese que llega a legitimar el enriquecimiento tipo Piñera.

Esa sociedad, más o menos nueva, “producto de nuestros éxitos” como han dicho algunos dirigentes concertacionistas, se escapa de los marcos ideológicos comunitaristas, equitativos, progresistas, que dieron origen real a la Concertación y que estaban en los genes del social cristianismo, la socialdemocracia y el socialismo.

En segundo lugar, porque hubo un desgaste natural del orden del 20 por ciento de la ciudadanía. La Concertación oficial pasó de ser una fuerza del orden del 50 por ciento a ser una fuerza del orden del 30 por ciento.

La votación de Frei –un 48,4%- no es una votación de Concertación. En esa votación se integró alrededor de un 7% de votación de izquierda no concertacionista y más de un 10% de votación marquista que no ha probado “haber vuelto a la Concertación” sino sólo haber votado por Frei para tratar de impedir el triunfo de la derecha.

Y en tercer lugar porque la campaña fue mala en la primera vuelta, muy mala, al extremo de que una conducción comunicacional normal, como la de Carolina Tohá y Juan Carvajal, ha sido vista como muy buena y de que una buena conducta de los presidentes de partido –debieron renunciar en segunda vuelta- pudo lograr un par de puntos decisivos.