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Tratado como el virus del Ébola y acusado de provocar males de pesadilla, el voto nulo se ha transformado en el culpable de casi todo y sus defensores, unos irresponsables que no saben lo que hacen.
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Mostrados como ayudistas inmediatos de Piñera, los impulsores y/o defensores del voto nulo, viven por estos días una persecución que no les ha dado tregua.
El voto nulo es hecho aparecer como lo más dañino para el pueblo después de la dictadura, los terremotos y algunos partidos políticos. La ecuación votar nulo = votar por Piñera se ha gastado de tanto ser usada y no ha sido jamás probada como corresponde a un aserto matemático.
Del otro lado, los insumisos, rebeldes, contestones y porfiados insisten que, en el fondo, esa manera de protesta tiene que ver con más con la biología humana que con los ritos democráticos y la perfidia de la derecha..
La respuesta no se hace esperar. Ahora con la pistola chica, esa que llevan los policías de las películas en el tobillo. Y se dispara: hay que optar por el mal menor. Y se agrega: lamentándolo mucho.
A la Concertación, presentada a sí misma como la coalición más exitosa de la historia, le debería parecer extraña la miseria de su 29,62 % del electorado. Algo no cuadra. Lo que parecía un mero trámite, se complicó a niveles alarmantes.
Antes, cuando hubo necesidad de enfrentar la segunda vuelta, fue pan comido. En todos los segundos pisos del poder, se sabía a ciencia cierta que más allá de sus vacilaciones, la izquierda, sea lo que sea eso, no iba permitir que la derecha se hiciera del poder político.
Esa maroma, inaugurada por Lagos, se repitió calcada con Bachelet. El miedo a la derecha del gilerío lo arregló todo. El No a la derecha se trasformó en la consigna maravillosa que dejaba las cosas en su lugar y a los frescos de siempre en su escritorios.
Una vez en posesión de la banda presidencial y de la amnesia consecuente, los programas, promesas y buenas intenciones quedaron a buen recaudo, alejados de memoriones y exigentes.
Pero algo pasó en esta oportunidad. La irrupción del diputado del 20.12 % y del ex embajador del 6.21 %, hizo que el candidato del 29,12 % casi colapsara frente el facho del 44,03 %.
Será por la bronca acumulada, porque todo tiene un límite, o porque es más fácil pillar a un mentiroso que a un lisiado, parte del gilerío que antes votó con el alma en un hilo por la Concertación, hoy se retobó.
Con las órdenes de partido en franca extinción, afectando sólo a los extraños casos de militantes activos, el resto ha levantado con una fuerza estimulada por la rabia de años, la amenaza furibunda del voto nulo.
La discusión no se ha hecho esperar. Internet, en especial FB, ha sido el escenario de los más encarnizado combates. De un lado los asustadores. Del otro, los que ya no creen. Ha habido argumentación mala, buena y de la otra. Razones profundas y respetables para una y para otra opción. Descalificaciones de allá y de acá. Y silencios extraños.
Cálculos misteriosos situaban al voto nulo sobre un terrorífico 12 %. Las alarmas, que ya venía encendidas pero en modo silencioso, esta vez tenían sonaban estridentes: el chantaje de otrora no estaba dando resultados.
Voces embroncadas, dispares y nutridas, con énfasis diversos, llaman a votar nulo.
Para que Frei gane tiene que empinarse a partir de su mísero 29,62 % . Nada fácil remontar un 20%. Se prevé una disputa voto a voto. Los generales del mando freista radican en el voto nulo/blanco/abstención, la diferencia entre el triunfo y la debacle. Sabiendo que este voto es mayoritario de izquierda, hacia allá colimaron su artillería.
El primer objetivo fue el diputado del 20.12 %. Éste, sin aguantar mucho, se entregó por dos promesas y un juramento. A título de no sé qué, dejó en libertad de opción a sus votantes, como si tales hubieran sido reos de su decisión. Pudo hacer más quedándose callado.
Cumplido esa rendición, viene la fase siguiente. Capturar a los irredentos que no creen en nadie y que, salvo un milagro de proporciones cataclísmicas, jamás votarían por el candidato del 29,62 %.
Y he ahí que las cosas comienzan a cambiar. En primer lugar, el mismo candidato. Ha variado su lenguaje y un incauto, en algunas travesías de sus discursos, podría confundirlo con un izquierdista de última hora, un marrano que antes era de derecha y que ahora se ubica en una útil centroizquierda, definición que da para un barrido y un fregado.
Se nos puso zurdo el candidato. Ofrece el oro y el moro. Asume un discurso de progresista buena onda, ofrece un programa que propone, si no avances radicales, por lo menos con un tinte que lo diferencia de la derecha, levanta el puño y canta El pueblo unido jamás será vencido en la población La Legua, se abraza con dignatarios ancestrales de parte de la izquierda. Trata mal a Piñera, y jura que ahora será distinto. Se nos chasconea en cada discurso y de tanto hacerle guiños a la izquierda, corre el riesgo de bizquear en breve.
Potente lo del voto nulo que lleva al candidato a des-derechizarse aún cuando sea sólo por el momento. Grande el voto nulo que superó, aunque sea a nivel de promesa de última hora, a ciertos doce puntos de los que ya nadie habla. Con una fuerza impredecible, el voto nulo logra ofertas y promesas que antes no existían. Útil el voto nulo así sea para revolver el gallinero.
La amenaza del Walt Disney en la papeleta ha tenido, por sí sola, la virtud de inquietar a niveles inéditos a los remolones dirigentes concertacionistas, no todos, que juran que han cambiado, que ya no será como antes, que se arrepienten y que en adelante el gobierno sí será un gobierno más preocupado, tolerante, justo.
Resulta que el voto nulo sí sirve. Está sirviendo antes de ser emitido. Los que pedían el paredón para los rebeldes, pueden pensar ahora cuanto más se hubiese logrado, aunque haya sido a nivel de promesas endebles, si el nulo hubiera tenido una expresión mayor, más organizada, más rebelde y más amenazante.
Pero no sólo para izquierdizar, aunque sea por el rato, al candidato de la concertación ha servido la sombra amenazante del voto nulo. De naturaleza feraz, ha puesto endeble también al candidato de la derecha, la otra, que ha salido también con un lenguaje casi democratacristiano, a la caza del voto díscolo que no reconoce propietario.
Falta saber cómo continúan las cosas el lunes. Resultaría una lástima que no saliera de esta elección algo más sustancioso.
Se abre una oportunidad para que la izquierda desplumada intente algo más que despotricar y victimizarse. Ha quedado vacante el espacio de la izquierda extraparlamentaria y vendría siendo hora que veamos cuán audaces somos a la hora de hacer.
Porque, para los efectos de las tareas pendientes de la izquierda, ahí si que da lo mismo quien gane el domingo.
Esto último, que podría pasar como una mera declaración demagógica, se demuestra por no ir más lejos, cuando un familiar de Matías Catrileo, colgada de una torre cuando Bachelet inauguraba el museo de la memoria, exigía justicia por su muerto.
La ira de la mujer del podio dio paso a la guardia para que la bajara de su protesta. La mujer del podio entiende la memoria como propia de un museo, la de la torre, como una cosa viva que se grita cuando hay ocasión de hacerlo.
Hoy, las noticias nos informan que el carabinero que mató a Matías Catrileo lo hizo en defensa propia, excediéndose no más en la gradualidad de su fuerza. Deberá este heredero del general Custer firmar por dos años.
Matías no va a votar el domingo y a nadie parece importarle mucho.
Interrumpiendo los avances inéditos en la historia del país, según se dicen al espejo en la Concertación, el voto nulo, del mismo modo que el blanco y la abstención, representaría una vuelta al oscurantismo dictatorial.
El voto nulo es hecho aparecer como lo más dañino para el pueblo después de la dictadura, los terremotos y algunos partidos políticos. La ecuación votar nulo = votar por Piñera se ha gastado de tanto ser usada y no ha sido jamás probada como corresponde a un aserto matemático.
Del otro lado, los insumisos, rebeldes, contestones y porfiados insisten que, en el fondo, esa manera de protesta tiene que ver con más con la biología humana que con los ritos democráticos y la perfidia de la derecha..
La respuesta no se hace esperar. Ahora con la pistola chica, esa que llevan los policías de las películas en el tobillo. Y se dispara: hay que optar por el mal menor. Y se agrega: lamentándolo mucho.
A la Concertación, presentada a sí misma como la coalición más exitosa de la historia, le debería parecer extraña la miseria de su 29,62 % del electorado. Algo no cuadra. Lo que parecía un mero trámite, se complicó a niveles alarmantes.
Antes, cuando hubo necesidad de enfrentar la segunda vuelta, fue pan comido. En todos los segundos pisos del poder, se sabía a ciencia cierta que más allá de sus vacilaciones, la izquierda, sea lo que sea eso, no iba permitir que la derecha se hiciera del poder político.
Esa maroma, inaugurada por Lagos, se repitió calcada con Bachelet. El miedo a la derecha del gilerío lo arregló todo. El No a la derecha se trasformó en la consigna maravillosa que dejaba las cosas en su lugar y a los frescos de siempre en su escritorios.
Una vez en posesión de la banda presidencial y de la amnesia consecuente, los programas, promesas y buenas intenciones quedaron a buen recaudo, alejados de memoriones y exigentes.
Pero algo pasó en esta oportunidad. La irrupción del diputado del 20.12 % y del ex embajador del 6.21 %, hizo que el candidato del 29,12 % casi colapsara frente el facho del 44,03 %.
Será por la bronca acumulada, porque todo tiene un límite, o porque es más fácil pillar a un mentiroso que a un lisiado, parte del gilerío que antes votó con el alma en un hilo por la Concertación, hoy se retobó.
Con las órdenes de partido en franca extinción, afectando sólo a los extraños casos de militantes activos, el resto ha levantado con una fuerza estimulada por la rabia de años, la amenaza furibunda del voto nulo.
La discusión no se ha hecho esperar. Internet, en especial FB, ha sido el escenario de los más encarnizado combates. De un lado los asustadores. Del otro, los que ya no creen. Ha habido argumentación mala, buena y de la otra. Razones profundas y respetables para una y para otra opción. Descalificaciones de allá y de acá. Y silencios extraños.
Cálculos misteriosos situaban al voto nulo sobre un terrorífico 12 %. Las alarmas, que ya venía encendidas pero en modo silencioso, esta vez tenían sonaban estridentes: el chantaje de otrora no estaba dando resultados.
Voces embroncadas, dispares y nutridas, con énfasis diversos, llaman a votar nulo.
Para que Frei gane tiene que empinarse a partir de su mísero 29,62 % . Nada fácil remontar un 20%. Se prevé una disputa voto a voto. Los generales del mando freista radican en el voto nulo/blanco/abstención, la diferencia entre el triunfo y la debacle. Sabiendo que este voto es mayoritario de izquierda, hacia allá colimaron su artillería.
El primer objetivo fue el diputado del 20.12 %. Éste, sin aguantar mucho, se entregó por dos promesas y un juramento. A título de no sé qué, dejó en libertad de opción a sus votantes, como si tales hubieran sido reos de su decisión. Pudo hacer más quedándose callado.
Cumplido esa rendición, viene la fase siguiente. Capturar a los irredentos que no creen en nadie y que, salvo un milagro de proporciones cataclísmicas, jamás votarían por el candidato del 29,62 %.
Y he ahí que las cosas comienzan a cambiar. En primer lugar, el mismo candidato. Ha variado su lenguaje y un incauto, en algunas travesías de sus discursos, podría confundirlo con un izquierdista de última hora, un marrano que antes era de derecha y que ahora se ubica en una útil centroizquierda, definición que da para un barrido y un fregado.
Se nos puso zurdo el candidato. Ofrece el oro y el moro. Asume un discurso de progresista buena onda, ofrece un programa que propone, si no avances radicales, por lo menos con un tinte que lo diferencia de la derecha, levanta el puño y canta El pueblo unido jamás será vencido en la población La Legua, se abraza con dignatarios ancestrales de parte de la izquierda. Trata mal a Piñera, y jura que ahora será distinto. Se nos chasconea en cada discurso y de tanto hacerle guiños a la izquierda, corre el riesgo de bizquear en breve.
Potente lo del voto nulo que lleva al candidato a des-derechizarse aún cuando sea sólo por el momento. Grande el voto nulo que superó, aunque sea a nivel de promesa de última hora, a ciertos doce puntos de los que ya nadie habla. Con una fuerza impredecible, el voto nulo logra ofertas y promesas que antes no existían. Útil el voto nulo así sea para revolver el gallinero.
La amenaza del Walt Disney en la papeleta ha tenido, por sí sola, la virtud de inquietar a niveles inéditos a los remolones dirigentes concertacionistas, no todos, que juran que han cambiado, que ya no será como antes, que se arrepienten y que en adelante el gobierno sí será un gobierno más preocupado, tolerante, justo.
Resulta que el voto nulo sí sirve. Está sirviendo antes de ser emitido. Los que pedían el paredón para los rebeldes, pueden pensar ahora cuanto más se hubiese logrado, aunque haya sido a nivel de promesas endebles, si el nulo hubiera tenido una expresión mayor, más organizada, más rebelde y más amenazante.
Pero no sólo para izquierdizar, aunque sea por el rato, al candidato de la concertación ha servido la sombra amenazante del voto nulo. De naturaleza feraz, ha puesto endeble también al candidato de la derecha, la otra, que ha salido también con un lenguaje casi democratacristiano, a la caza del voto díscolo que no reconoce propietario.
Falta saber cómo continúan las cosas el lunes. Resultaría una lástima que no saliera de esta elección algo más sustancioso.
Se abre una oportunidad para que la izquierda desplumada intente algo más que despotricar y victimizarse. Ha quedado vacante el espacio de la izquierda extraparlamentaria y vendría siendo hora que veamos cuán audaces somos a la hora de hacer.
Porque, para los efectos de las tareas pendientes de la izquierda, ahí si que da lo mismo quien gane el domingo.
Esto último, que podría pasar como una mera declaración demagógica, se demuestra por no ir más lejos, cuando un familiar de Matías Catrileo, colgada de una torre cuando Bachelet inauguraba el museo de la memoria, exigía justicia por su muerto.
La ira de la mujer del podio dio paso a la guardia para que la bajara de su protesta. La mujer del podio entiende la memoria como propia de un museo, la de la torre, como una cosa viva que se grita cuando hay ocasión de hacerlo.
Hoy, las noticias nos informan que el carabinero que mató a Matías Catrileo lo hizo en defensa propia, excediéndose no más en la gradualidad de su fuerza. Deberá este heredero del general Custer firmar por dos años.
Matías no va a votar el domingo y a nadie parece importarle mucho.
