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¿Por qué el vecino país decidió hacer público un acto banal de espionaje? El Perú, no sólo fue humillado por Chile con la anexión de una gran parte su territorio en la guerra del Pacífico y la ocupación de Lima, sino que también ha sido víctima de la humillación suprema: ignorar a la persona o país que se le humilló.
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Al decir “me espían” se dice también: existo. Los mapuches han pasado a la etapa siguiente: (la violenta) porque han sido ignorados por la historia, los medios de comunicación y por los gobiernos. Ahí existen, pero son descalificados automáticamente (“son terroristas”). Pero Perú tiene mucho más que bombas molotov: tiene un ejército y lo más divertido es que tendrá aliados de peso en la región, cuando posiblemente Chile esté gobernado por la derecha y se aísle (mucho más) de sus vecinos.
Es simplista decir que el problema es que el presidente Alan García tiene complicaciones internas, que hay intereses económicos, electorales, etc. Las barbaries más grandes en estos últimos 100 años (los genocidios, armenio, judío o rwandés) han sido motivadas por otro tipo de factores, más simbólicos. Perú está dando señales que no vemos. Vamos por parte:
1. ¿Qué clase de vecino es el que no espía a sus vecinos?
El pasado 13 de noviembre el diario la República del Perú y otros medios de comunicación de ese país informaron que agentes de contrainteligencia del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea de ese país (SEDIN) sorprendieron al suboficial de sus filas Víctor Ariza Mendoza cuando enviaba “información sensible a contactos militares en Chile” citando a “fuentes castrenses”. Es decir que un militar de sus filas traiciona a su patria y la culpa es de Chile. Una hábil jugada peruana.
Acto seguido, el presidente Alan García condena el hecho (que todavía no es confirmado por el gobierno chileno, pero para este análisis da lo mismo) y pide el retiro temporal de su embajador como signo de protesta y anula una reunión con la presidenta Bachelet en Singapur devolviéndose antes del inicio de la Cumbre del foro económico del Asia Pacifico (APEC).
Asimismo, el mandatario peruano expresa en diversos diarios que esto es “algo propio de una republiqueta y no de un país democrático” (declaraciones que repitió este 1 de diciembre en Estoril) y agrega que “para envidia de algunos y malestar de otros, nuestro país se fortalece, nadie que sea fuerte mira al vecino, el que se siente débil vive espiando. La vecina que está triste habla mal del otro, eso lo sabemos y en fondo esto es (…) un homenaje al Perú”
Al mismo tiempo, Michelle Bachelet expresa que “responderán (a la acusación de espionaje) cuando tengamos claridad sobre el estudio. La verdad es que hasta ahora, de lo que hemos podido mirar, no tenemos resultados concretos que nos orienten a ningún resultado claro sobre los antecedentes”, dijo a Canal 13 de Chile.
Más allá del ir y venir de las declaraciones, el mensaje peruano es: existimos, nos espían, reaccionamos y esperamos una reacción del tipo “Sí, sí los espiamos” o “no, no los espiamos” Sin embargo, el gobierno chileno no pisa el palito y responde que estudiarán el tema. O en otras palabras es “déjame hacer lo que estoy haciendo y te respondo después”.Es decir ignorar al otro.
2.-Ignorar al otro, la humillación suprema: ¿una bomba de tiempo?
Marc Ferro* expone que el resentimiento en los grupos sociales, las naciones, en los individuos modifica las relaciones entre el pasado y el presente. Cuando estamos en el centro de ese resentimiento se puede decir que lo reprimido del pasado está más presente que el presente. Es el pasado que ordena los actos del presente y no tanto la coyuntura nacional o internacional.
Es cosa de preguntarles a los mapuches o a los sobrevivientes de campos de exterminio nazi o pinochetista lo que es ese sentimiento.
El resentimiento es parte de nuestros pueblos. El enemigo es hereditario. Los alemanes odiaban al estado opresor que anexaba sus territorios. Bonaparte ocupa Berlín, pero Francia no es anti alemana, porque para los franceses no existe. Los verdaderos enemigos eran España e Inglaterra. Luis XIV nunca habló de Alemania. La humillación suprema, dice Ferro, es ignorar a la persona que se humilló.
Al origen del resentimiento en el individuo o en un grupo social se encuentra siempre una herida, una violencia sufrida, una afrenta, un traumatismo. “El que se siente víctima no puede reaccionar, por impotencia. El mastica su venganza que no puede ejecutar y que le atornilla sin cesar en la cabeza. Hasta que termina por explotar”, dice Ferro.
El historiador francés dice que esta espera puede igualmente ser acompañada de una descalificación de los valores del opresor (“Chile es una republiqueta”) y de una revalorización de los valores propios (“La vecina que está triste habla mal del otro, eso lo sabemos y en fondo esto es un homenaje al Perú“).
Sin embargo, estos valores que hasta ahora no han sido reconocidos de forma consciente al despertarse hoy, “toman fuerza en los oprimidos secretando una revuelta, una revolución o incluso una regeneración”, añade Ferro.
La actitud del Estado chileno es hábil a corto plazo, pero peligrosa a largo plazo. Es influenciada por una historia que no le fue traumática. Pero ese pasado algún día va a explotar como una bomba de tiempo. Ahí va ser demasiado tarde.
JCDintrans
jcdintransholmes@yahoo.com
*Ferro Marc, Le ressentiment dans l’Histoire : Comprendre notre temps Ed. Odile Jacob, 2007.
Es simplista decir que el problema es que el presidente Alan García tiene complicaciones internas, que hay intereses económicos, electorales, etc. Las barbaries más grandes en estos últimos 100 años (los genocidios, armenio, judío o rwandés) han sido motivadas por otro tipo de factores, más simbólicos. Perú está dando señales que no vemos. Vamos por parte:
1. ¿Qué clase de vecino es el que no espía a sus vecinos?
El pasado 13 de noviembre el diario la República del Perú y otros medios de comunicación de ese país informaron que agentes de contrainteligencia del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea de ese país (SEDIN) sorprendieron al suboficial de sus filas Víctor Ariza Mendoza cuando enviaba “información sensible a contactos militares en Chile” citando a “fuentes castrenses”. Es decir que un militar de sus filas traiciona a su patria y la culpa es de Chile. Una hábil jugada peruana.
Acto seguido, el presidente Alan García condena el hecho (que todavía no es confirmado por el gobierno chileno, pero para este análisis da lo mismo) y pide el retiro temporal de su embajador como signo de protesta y anula una reunión con la presidenta Bachelet en Singapur devolviéndose antes del inicio de la Cumbre del foro económico del Asia Pacifico (APEC).
Asimismo, el mandatario peruano expresa en diversos diarios que esto es “algo propio de una republiqueta y no de un país democrático” (declaraciones que repitió este 1 de diciembre en Estoril) y agrega que “para envidia de algunos y malestar de otros, nuestro país se fortalece, nadie que sea fuerte mira al vecino, el que se siente débil vive espiando. La vecina que está triste habla mal del otro, eso lo sabemos y en fondo esto es (…) un homenaje al Perú”
Al mismo tiempo, Michelle Bachelet expresa que “responderán (a la acusación de espionaje) cuando tengamos claridad sobre el estudio. La verdad es que hasta ahora, de lo que hemos podido mirar, no tenemos resultados concretos que nos orienten a ningún resultado claro sobre los antecedentes”, dijo a Canal 13 de Chile.
Más allá del ir y venir de las declaraciones, el mensaje peruano es: existimos, nos espían, reaccionamos y esperamos una reacción del tipo “Sí, sí los espiamos” o “no, no los espiamos” Sin embargo, el gobierno chileno no pisa el palito y responde que estudiarán el tema. O en otras palabras es “déjame hacer lo que estoy haciendo y te respondo después”.Es decir ignorar al otro.
2.-Ignorar al otro, la humillación suprema: ¿una bomba de tiempo?
Marc Ferro* expone que el resentimiento en los grupos sociales, las naciones, en los individuos modifica las relaciones entre el pasado y el presente. Cuando estamos en el centro de ese resentimiento se puede decir que lo reprimido del pasado está más presente que el presente. Es el pasado que ordena los actos del presente y no tanto la coyuntura nacional o internacional.
Es cosa de preguntarles a los mapuches o a los sobrevivientes de campos de exterminio nazi o pinochetista lo que es ese sentimiento.
El resentimiento es parte de nuestros pueblos. El enemigo es hereditario. Los alemanes odiaban al estado opresor que anexaba sus territorios. Bonaparte ocupa Berlín, pero Francia no es anti alemana, porque para los franceses no existe. Los verdaderos enemigos eran España e Inglaterra. Luis XIV nunca habló de Alemania. La humillación suprema, dice Ferro, es ignorar a la persona que se humilló.
Al origen del resentimiento en el individuo o en un grupo social se encuentra siempre una herida, una violencia sufrida, una afrenta, un traumatismo. “El que se siente víctima no puede reaccionar, por impotencia. El mastica su venganza que no puede ejecutar y que le atornilla sin cesar en la cabeza. Hasta que termina por explotar”, dice Ferro.
El historiador francés dice que esta espera puede igualmente ser acompañada de una descalificación de los valores del opresor (“Chile es una republiqueta”) y de una revalorización de los valores propios (“La vecina que está triste habla mal del otro, eso lo sabemos y en fondo esto es un homenaje al Perú“).
Sin embargo, estos valores que hasta ahora no han sido reconocidos de forma consciente al despertarse hoy, “toman fuerza en los oprimidos secretando una revuelta, una revolución o incluso una regeneración”, añade Ferro.
La actitud del Estado chileno es hábil a corto plazo, pero peligrosa a largo plazo. Es influenciada por una historia que no le fue traumática. Pero ese pasado algún día va a explotar como una bomba de tiempo. Ahí va ser demasiado tarde.
JCDintrans
jcdintransholmes@yahoo.com
*Ferro Marc, Le ressentiment dans l’Histoire : Comprendre notre temps Ed. Odile Jacob, 2007.
