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Azarosa tarea la de algunos autores consagrados que, periódicamente, cargan contra la Biblia: “… sin la Biblia seríamos otras personas, seguramente mejores”. ¿Cómo saberlo? Los credos al servicio del poder llevan siglos de afilar sus colmillos. Pero desde que la tecnocracia convirtió a la ciencia en religión para iniciados, somos simios digitalizados.
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Las obras que en la semana pasada carecían de parangón, fueron hoy a la bodega para dejar espacio a las que vienen en camino. Con el añadido de que si atacan a Bolívar o la revolución serán premiadas de antemano. Mejor escribir textos intitulados Cómo la religión lo envenena todo, que al islamófobo Christopher Hitchens le representó ganancias por un millón de dólares. O, mejor aún, El Código Da Vinci, historia de Dan Brown llevada al cine, que recaudó 224 millones de dólares el primer día de exhibición.
En la dimensión laica, la crisis es más tenaz. El capitalismo pulverizó la noción de trabajo y el socialismo continúa apegado a un materialismo no menos pueril que el de los ateos. Río revuelto en el que los escritores cautivos del editorial han trastocado la reflexión del irlandés Laurence Sterne: la muerte abre la puerta de la fama y cierra la de la envidia.
En la dimensión laica, la crisis es más tenaz. El capitalismo pulverizó la noción de trabajo y el socialismo continúa apegado a un materialismo no menos pueril que el de los ateos. Río revuelto en el que los escritores cautivos del editorial han trastocado la reflexión del irlandés Laurence Sterne: la muerte abre la puerta de la fama y cierra la de la envidia.
En la dimensión laica, la crisis es más tenaz. El capitalismo pulverizó la noción de trabajo y el socialismo continúa apegado a un materialismo no menos pueril que el de los ateos. Río revuelto en el que los escritores cautivos del editorial han trastocado la reflexión del irlandés Laurence Sterne: la muerte abre la puerta de la fama y cierra la de la envidia.
