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Si algo aclaró la crisis de 2008-2009 es que esta generación de economistas no tenía la más mínima idea de cómo funciona una economía monetaria. La gran mayoría tenía un compromiso ideológico con una teoría del mercado cuyo nulo contenido científico impidió ver los síntomas de la hecatombe. Su enamoramiento con las fáciles recetas del neoliberalismo los llevó a una cosmovisión en la que las crisis no existen.
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Eso es absurdo. El proyecto de Keynes partía de la base de que aun sin obstáculos ni rigideces en el mercado laboral (o algún otro), el capitalismo podía mantener niveles de desempleo intolerables. Este proyecto tenía un componente teórico profundo cuyo ingrediente central es la incertidumbre, definida como un estado de cosas que no puede ser objeto de un cálculo probabilístico para medir niveles de riesgo. Como la incertidumbre afecta las decisiones de inversión y de composición de la cartera de activos de todos los agentes económicos, es imposible asegurar la estabilidad de los mercados. A ese proyecto analítico estaban asociadas implicaciones de política económica muy importantes.
La posición de los macroeconomistas de agua salada estuvo asociada con el nombre de Keynes. Pero esto es parte de la confusión de los últimos 70 años. Para la macro de agua salada, la preocupación de Keynes por el desempleo se reducía a identificar las rigideces del mercado que impedían alcanzar una posición de pleno empleo. La intervención estatal debía concentrarse en eliminarlas.
La posición de los macroeconomistas de agua salada estuvo asociada con el nombre de Keynes. Pero esto es parte de la confusión de los últimos 70 años. Para la macro de agua salada, la preocupación de Keynes por el desempleo se reducía a identificar las rigideces del mercado que impedían alcanzar una posición de pleno empleo. La intervención estatal debía concentrarse en eliminarlas.
La posición de los macroeconomistas de agua salada estuvo asociada con el nombre de Keynes. Pero esto es parte de la confusión de los últimos 70 años. Para la macro de agua salada, la preocupación de Keynes por el desempleo se reducía a identificar las rigideces del mercado que impedían alcanzar una posición de pleno empleo. La intervención estatal debía concentrarse en eliminarlas.
