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Agosto 19, 2026

La izquierdización del discurso de Piñera

Más de una voz se ha levantado en la derecha para criticar la notoria izquierdización del discurso de la campaña presidencial de Sebastián Piñera, los llaman ofertones. En el centro izquierda se le acusa de vestirse con piel de oveja, debido a que pese a ser apoyado por los hijos de Pinochet, publicó un video en que comparó su candidatura a la campaña del “NO”, aprovechando el aniversario del plebiscito.

Según la crítica de derecha, en el debate televisivo Piñera, que es la encarnación del sistema privado, no defendió el libre mercado. Aceptó que el Estado era la solución de todos nuestros problemas. Arrate se declaró allendista, y nadie le dijo nada.

A lo que se suma su reciente propuesta a la Presidenta para que incluya en el presupuesto del año próximo financiamientos para sus cinco proyectos de protección social,  algunos meramente esbozados. Comienza con un bono en marzo próximo y la subvención estatal a las nuevas contrataciones de empleados por las pymes, a la que se sumaría otra para que pagarán, a lo menos, un salario ético, que fija en 250 mil pesos mensuales.

La derecha, para esos descontentos, creería en sus ideas, pero también en que es políticamente más rentable el discurso de centroizquierda. Y, por consiguiente, Piñera se sumó a la crítica a la banca, y propuso un servicio de defensa del consumidor en el sector financiero, a pesar de ser un ex banquero, lo cual dañaría su credibilidad. Uno de ellos, sin embargo, el rector Benítez de la Universidad Adolfo Ibáñez, se contradijo a los pocos días, cuando sostuvo que la razón de la baja de las Universidades chilenas en la clasificación internacional, entre ellas la suya, se debía a la falta de una política gubernamental de apoyo.

El problema de esa crítica y la explicación del discurso de Piñera, más allá de las contradicciones,  es que el virus progresista ha sido mayoritario en las urnas por décadas. Las semillas las plantaron en el siglo XIX Bilbao y Arcos, fundadores de la Sociedad de la Igualdad. Y Lastarria las logró unir postmórtem a la campaña de Balmaceda, la primera que tuvo rasgos populares, incluida una tonadilla.

Después del derrocamiento de Balmaceda y un interludio, reapareció con la elección de Arturo Alessandri en 1920, quien le bajó el moño a Barros Borgoño. Desde entonces, la epidemia aumentó hasta que fue violentamente reprimida por el golpe de 1973. Sin embargo, apenas los chilenos tuvieron la oportunidad, el plebiscito de 1988, renació.

La única excepción fue la elección de Jorge Alessandri en 1958, pero sólo con una primera mayoría relativa, es decir, en razón del fraccionamiento de la centroizquierda.  Por ello la derecha se opuso a que la elección de 1970 fuera a dos vueltas, como propuso en senador Gumucio. Pensó que con una sola vuelta podía polarizar la campaña, asi debilitar al centro, y volver a ser la primera mayoría relativa.
 
El tiro le salió por la culata. Los “constituyentes” de la dictadura decidieron no volver a correr el riesgo de una elección polarizada. Por eso establecieron las dos vueltas ahora vigentes. Sin embargo, teniendo presente la evolución española desde la muerte de Franco, dejaron las cosas “atadas y bien atadas”. Y de ahí viene el binominalismo, la sobre representación de las zonas rurales, las mayorías especiales para aprobar cualquiera legislación de mediana importancia, etc..

No se equivocaron. Nuestra ciudadanía sigue siendo mayoritariamente progresista. Los diez finalistas del concurso de los grandes chilenos el 2008, elegidos por los estudiantes (en muchos casos hasta sus padres nacieron después del golpe) fueron, en el orden de llegada final: Salvador Allende, Arturo Prat, Alberto Hurtado, Víctor Jara, Manuel Rodríguez, José Miguel Carrera, Lautaro, Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Violeta Parra.  Una nueva demostración de la memoria histórica de los pueblos.

La última encuesta CEP lo confirma. A pesar del desprestigio de la política y de 20 años de gobierno ininterumpido de la Concertación,  el 77% de los chilenos se ubicó sin problemas en una escala de izquierda a derecha, de 10 segmentos, en que el 1 es la extrema izquierda y el 10 la extrema derecha, con sorprendentes resultados

Izquierda::
                                                                                                                                           
1:  5%; 2: 3%; 3: 8%; 4: 9%; 5: 25%; TOTAL: 50%     

Derecha:

6: 8%; 7: 6%; 8: 5%; 9: 3%; 10: 5%;  TOTAL: 27%

No sabe/No contesta: 23%

En otras palabras, el 50% se ubica entre la centro y la extrema izquierda (segmentos 5 a 1), y dos tercios de ellos en los segmentos 5 y 4, los más centroizquierdistas y, por consiguiente, los más concertacionistas. El 27% en los del centro a la extrema derecha (segmentos 6 a 10). Y el 23% en ninguno. El promedio es 5,27.

Los mismos encuestados califican a los candidatos en esa escala, de derecha a izquierda: a Piñera, en 8,27, a Frei, en 4,28, a Enriquez en, 4,20, y a Arrate, en 3,24.

En resumen, el electorado es más izquierdista que derechista y más centrioizquierdista que extremista. Califican a Piñera como más cercano a la extrema derecha (en el segmento 8), que a Arrate a la extrema izquierda (en el segmento 3). A Frei como el más centroizquierdista, y a Marco Enríquez Ominami pisándole los talones (en el segmento 4).

Ello explica que, a pesar del desgaste y fraccionamiento de la Concertación, Piñera, si bien va primero después de una campaña electoral de casi cuatro años, todavía no llega a la mitad más uno de los votos.

Ello lo obliga a conquistar parte del voto centroizquierdista, en un momento de gran popularidad de la protección social, como consecuencia de la crisis económica mundial. Para eso tiene que cambiar la percepción del electorado, que lo considera demasiado derechista. Y, según una encuesta, seducir muy especialmente los sectores sociales C 2, 18,2% de la población, las pymes y nuevos profesionales, y D, 40,5% de la población, sectores populares, algo más rurales que urbanos. En el primero es fuerte Enríquez-Ominami, y en el segundo, lo es Frei.

Por consiguiente, su discurso se izquierdiza, a pesar de que sus bases militantes se dividen casi en partes iguales entre centristas y extremistas de derecha. Ello explica que su equipo estudie apresuradamente los populares programas sociales en ejecución por la actual administración.  Así pretende seguir el exitoso camino de Merkel, Sarkozy y Cameron, en vez del desastroso de McCain.

El problema es que la derecha chilena no tiene una historia de “social” como la DC alemana, ni de “dirigista” como el “gaullisme” francés. Tampoco puede imitar demasiado a Cameron, debido a que los conservadores británicos, en su reciente Congreso, tuvieron una fiesta para gays y lesbianas, y llevan en sus listas  al Parlamento a destacados representantes de las minorías, étnicas, raciales y sexuales, además de poner el énfasis en la lucha en contra de la pobreza. Y los referentes de la derecha europea son políticos profesionales, y no empresarios con gran fortuna, salvo Berlusconi.

La democracia con economías de mercado es el primer sistema que separa en principio el poder político del económico, según sus teóricos. Por ello, en una reciente entrevista de la BBC, el aristócrata Cameron se indignó y ofreció abrir su contabilidad al periodista, cuando le insinuó que tenía una fortuna de 50 millones de dólares. Y el senador McCain, derrotado por Obama, siempre ha tenido problemas con los aportes electorales de la fortuna de su cónyuge, cuyo patrimonio es algo más de 100 millones de dólares, a pesar de que se trata de una heredera y de que están separados de bienes.  

Ninguno de ellos, por lo demás, salvo Berlusconi, al igual que Piñera, figura en la lista Forbes de las 793 personas que en el mundo entero tienen activos de mil o más millones de dólares. Con el agravante de que, en relación a la economía de sus respectivos países, el patrimonio de Piñera, 0,57% de nuestro PIB, supera incluso al de Berlusconi, 0,28 del PIB italiano.

Tal vez por ello no se equivocan los críticos derechistas que sostienen que la opción que eligió Piñera, llegar a la presidencia con un discurso popular, puede afectar su credibilidad. Y que su potencial presidencial se fortalecería si se presentara como lo que es, un empresario de derechas, y defendiera con pasión el libremercadismo y a los grandes empresarios, ya que Chile sería, como lo dice David Rotkkopf, autor norteamericano  del libro Superclass, “Not a country but a country club” (NO UN PAÍS SINO UN CLUB DE GOLF).

Balmaceda será presidente
porque sabe luchar con valor
para darle sustento a la gente
y guardarle al chileno su honor

(PRIMERA TONADILLA ELECTORAL)