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Agosto 18, 2026

La gala del proletariado

La gala, Luli. Me acuerdo que  en aquel sábado, relampagueaba una que otra caña de tintolio o pipeño en la picada de la vieja Norma.  El rincón de los canallas era un chiste: ¿no te acuerdas del rincón de los canallas? Ahí paraban todos los gallos después del toque de queda. Cierto, nunca te llevé ahí. Supe que ese lugar estaba infectado de agentes de la DINA. Existe el rincón de los canallas. En la calle San Diego poh. Claro ahí chicotean hasta los caracoles poh. Hay que ir en patota sino te tuercen hasta los ojos empañados de tanto carrete.

¿Te acuerdas del viejo Toha?, ese que se parecía al ministro del chicho. Pobre viejo se invitaba solo. Era un escritor. Un come libros, date cuenta que hablaba alemán y ruso. Las obras de  Gorky eran su plato favorito. La obra, “Unter Fremden Menschen” (en medio de los extranjeros) lo enloqueció. He leído la obra, en alemán, Luli, pero no cacho la razón de su pérdida de razón. La obra habla de un muchacho aprendiz en un bazar de calzados… Cierto que el viejo Toha fue conocido en el barrio Yarur por haber incendiado su propia casa.  En la obra de Gorky  hay capítulos parecidos.  Ahora comprendo por qué decía en la picada: “Viejo pero no tonto”. En cambio en libro era diverso: “Jung, aber nicht dumm”. (joven pero no tonto). Le tenía un respeto a ese gallo, Luli, porque era como ver un hermano mellizo de Toha.
 
Los domingos andaba por el barrio Rondizzoni con su barba teñida color azul.  Se veía como un árbolito de pascua Después del golpe, el viejo desapareció. Era lindo.. Delgado como un tallarín. Su barba blanca era el reflejo de los Andes. Simpático el viejo porque no teniendo plata para pagar su cañita, pues se sacaba su dentadura postiza y la empeñaba.  “Dentadura con tanto platino” gritaba  en medio del patio de la picada.  La botillería era cuica. Una caña costaba tres veces más cara que la de una cañita en una picada atorrante. La vieja norma ponía en las mesas unas cebollitas en escabeche y ají verde. Don Juan, un viejo carpintero, le hacía pan amasado. Caro el pan, Luli. Pero con la pipa los precios no se miran… La vieja norma se compró casas en el Quisco, en Viña y en Constitución.  Vieja cuica y caliente como el poto de un salten en una fragua.  En la picada había hasta una pieza para echar sus polvitos.  Ahí me dijiste que la vieja norma era  la gloriosa yegua del proletariado porque se hacía pagar las deudas hasta en carne proletaria.  El guatón, viejo operario de los ferrocarriles,  se murió, mejor dicho, lo mató un tren, se fue sin pagarle una cuenta que equivalía a casi tres meses de su sueldo.  En el funeral la vieja norma se lo dijo: “ Roto de mierda, te vai sin pagar… y pa´la cama erai pésimo”.
 
La gala de los pobres, Luli. Ahí en la picada conocí a un ministro del Chicho. Nunca antes nos habíamos encontrado. Vivía lejos de Rondizzoni. Un compañero del PS, el gitano, asesinado el 11 de Septiembre en Maipu, fue el que me lo presentó. Puta el ministro derecho, Luli. Iba al grano.  Me dijo que necesitaba de mi aporte. Nunca caché el tipo de aporte.  Hay que desarmar los ultras de Patria y Libertad, me dijo. “No soy el zorro, compañero” le respondí. Cierto, el gitano, viejo militante del brazo armado del PS,  era severo con todos sus camaradas pero como yo no era de su partido, pues, tuvo que sonreír. Los Tagles, me dijo, tienen armamentos escondidos  en las minas de San Antonio. Claro, en Chile había un despelote más uno, Luli. Los camaradas se armaban, y el chicho, promulgaba el desarme del pueblo. Nunca se entendió que chucha estaba pasando. El golpe llegó, todos lo saben.  Claro que la vieja norma era una de las gallinas cluecas que había tocado las ollas vacías.  Su marido, un anciano del sur de Chile pero con nacionalidad española, era el ciervo de la capital. Los trabajadores de  los ferrocarriles  paraban todos los santos días en la picada: unos se tomaban sus cañas otros las tetas de la vieja norma.
 
Qué tiempos, Luli. La chicha, pariente de  no sé que ricachón del campo, según ella, tomaba sólo champán nomás.  Le gustaban los rotos porque eran machos sin corbata. Valioso pueblo de picadas y canas al aíre. La vieja  Mercedes, califa por herencia, más tarde agente de la DINA,  pasaba en la picada de la vieja norma. Ahí anotaba los nombres de los presuntos enemigos de la patria.
 
El Chile no hubo caridad de nada. Todo tenía su precio. El conejo, maestro chasquilla del sector, andaba siempre con los bolsillos planchados. Trabajaba y trabajaba pero el tan tonto prefería que le pagaran en carne que con plata.  La vieja norma y sus otras vecinas hicieron sus casas nuevas. El conejo era el gueón de turno. En la picada lo vimos morir, Luli.  Sus ojeras eran de color violeta. Tristes, agotadas, casi discriminadas de tanto polvo. Mucho sexo y copete, Luli…
“… perdona que interrumpa, Godosky; ¿Pa´qué chucha me has llamado?”

“Puta que soy gueón, Luli: quería decirte que Chile se clasificó pal mundial poh”.

“Oye, viejo, pensé que me querías hablar de otras verrugas del pasado, tipo: mi patria perdió su sencillez, las trenzas del cochayuyo, las mordidas del puma y el baile del trompo se fue en las hilachas del último muerto mirando una foto del Chicho en una parada militar del 1972”

“ No te pongas tan heroica poh”

“No hay heroísmo, compañero, porque al mundo le importa un pito la historia de Chile. A la cresta el mordiscón de oreja en una noche de luna llena  en el pasto mojado de un parque: a la cresta, Godosky el sexo proletario porque hoy andan todos con ulcera y pasan en el sicólogo para que les resuelva sus dramas. Los chilenos de hoy andan con mal de guata y en autos nuevos o con zapatos rotos. 517 años de penurias, Godosky. 300 años de guerra contra los invasores, miles y miles de mapuches asesinados bajo la bota de la Pacificación de la Araucaria… ¡ y me das de heroica!”

Perdona, Luli, lo siento: Siempre pensé que un día tendría un par de horas de felicidad. Cierto, no todo hay que trasformarlo en política, Luli. Quizás en mi alma llevo una camiseta roja. Quizás mi felicidad fue un sueño. El juicio o la bendición, me dijo tu padre, es una guevada que basta evaluarla con sicología. Si Luli, la gala del proletariado, guste o no, ha iniciado. Hoy todos sueñan… al menos una cosa bella… y, como dijo tu papá, Godosky,  la felicidad es una guevada que no se encuentra en la farmacia sino que en el seno de un pueblo. En eso concordé con tu padre, hoy somos felices… quizás es un sueño, un simple sueño de proletarios.
 
Godosky