| Actores por orden de aparición: Gepetto: Jorge Arrate Pinocho: Eduardo Frei Cenicienta: Manuel Jacques y Lautaro Carmona Hermanastras: Camilo Escalona, Juan Carlos Latorre, Pepe Auth y Juan Antonio Gómez |
Una de estas noches me quedé dormido narrándole el cuento Pinocho a mi adorada nieta Beatriz. En mi sueño aparecía el carpintero Gepetto: era igual a la fotografía del viejito lindo, Jorge Arrate, que ví en los Diarios. Este personaje quería tener un hijo y no podía; construyó un muñeco de madera a quien le puso el nombre de Pinocho – ustedes comprenderán, por características morfológicas, es muy parecido a Eduardo Frei- que, a diferencia del mono de madera, jamás se le pone roja la nariz cuando miente.
Gepetto, cuando joven, fue ministro de Educación y vocero de gobierno de su muñeco Pinocho; como el carpintero es un hombre honrado no había descubierto el famoso juego de las “sillas musicales y, que en veinte años, cualquier prohombre de la Concerta puede fácilmente pasar de ministro del Interior a Obras Públicas, a Salud, a Educación o a Minería; puede ser excelso en materias tan disímiles, como las ciencias económicas y administrativas, la salud, la ingeniería o la educación. El hombre universal del Renacimiento es una bicoca al lado de los personajes de la Concerta; poco importa que lo hagan bien, mal o regular, siempre hay un puesto que lo espera si está obligado a renunciar. Por ejemplo, si al de Salud se le mueren pacientes en los hospitales, lo envían a la Secretaría General de Gobierno; si el vocero se pone muy locuaz, lo mandan a los monosilábicos milicos; por último, si falla en todo y padece de un contumaz retardo mental, lo envían a las empresas privadas o públicas o a otras reparticiones, donde se paga sin marcar tarjeta – ¿por qué no diputado o senador?-.
El humilde Gepetto no servía para estas artimañas. Siendo el padre de la renovación socialista, con el correr de los años se dio cuenta que este Partido se había convertido en algo así como la “camorra italiana”: una agencia de empleos, cuyo único mérito exigido al aspirante consistía en ser amigote y fiel servidor de Camilo Escalona; para ser diputado o senador sólo hay que pertenecer a la mafia. Por estos días, en Europa están escupiendo en distintos países Europa a los corrompidos partidos socialdemócratas: ya les tocó a los socialistas franceses, ahora a los alemanes. Nuestro Gepetto, con mucha razón y hombría, renunció a un Partido que se cae a pedazos, sin embargo, aún no comprendo el paso al partido Comunista que prácticamente ha desaparecido después de la caída del Muro de Berlín.
Pinocho, al igual que en el cuento, le hacía todo tipo de travesuras a su creador, Gapetto: no recibía a los familiares de detenidos desaparecidos, aplicaba la “razón de Estado” para salvar al hijo de Pinochet y tría al tirano Pinochet a Chile para que muriera “en su casa y acostadito en su cama”. El pobre carpintero Gepetto estaba muy decepcionado de su hijo y, a veces, lo criticaba en público, pero llegó el momento en que so pretexto de combatir la exclusión, el muñeco Pinocho se convirtió en buena persona ofreciendo a comunistas e Izquierda Cristiana algunos cupos en la lista de la Concertación. Pinocho les asegura que, al menos, tendrán tres o cuatro diputados – no se le vaya a poner más roja la nariz de tanto mentir-. El muñeco pronuncia cada día discursos más izquierdistas – uno creería que le penetró el espíritu de los Comuneros o de Rosa de Luxemburgo, pero mi nieta, de apenas dos años, sabe perfectamente que Pinocho es un mentiroso redomado
Cenicienta y las hermanastras
En el palacio del Zorro- La Moneda- siempre ha habido mucho dinero: en sus salones las fiestas son feéricas, de ellas solamente gozan las “cuatro” hermanastras: Camila, Pepa, Juana Carlina y Antonia; a la Cenicienta – que en este caso son dos, Manuela y Lautarina, siempre están desempeñando el papel de sirvientas y como tales, critican a sus hermanastras acusándolas de vendidas a la derecha, de sacarse fotos con los torturadores y andar a poto y calzón con Pinochet, de reprimir a los trabajadores, de estar dominados por Expansiva y de aplicar la ley del embudo a los pobretes.
Las dos Cenicientas la pasaron bastante mal durante los veinte años de los cuatro reinados de la Concerta y, a pesar de sacar un 5 por ciento en las elecciones, no tuvieron nunca un diputado; siempre comían en la mesa del pellejo. Sólo unas pocas veces Michelle Bachelet los invitó a Palacio, en unas fiestas especiales para el día de las Asesoras del Hogar.
Un buen día la Concertación se dio cuenta de que no podía seguir despreciando a la Izquierda – no sé si por doctrina o por un mínimo sentido de supervivencia – y propuso a la Cenicienta algunos Distritos donde podría elegir diputados. A esto le llamaron “pacto contra la exclusión”, lo que parece muy bueno y loable – aun cuando me permito sospechar que en la Concerta hay un buen número de diputados apitutados que están felices con el binominal-.
Me parece muy bueno que los candidatos Izquierda Cristiana y comunistas puedan ocupar sillones parlamentarios; me da la impresión de que, al menos, Roberto Celedón un amigo muy querido, y el ex Prisionero Larrea tiene serias posibilidades de lograrlo. Después de muchos años y divisiones, los pocos valientes que se quedaron en la Izquierda Cristiana serán premiados por el Hada Madrina. Si descontamos los nueve diputados democratacristianos que ingresaron a la IC, en 1973 tuvo un solo diputado, Luís Maira, y, ahora, 2009, duplicará la cifra, un verdadero milagro, esperemos. No lo tomen con ironía porque, incluso, presté mi nombre para figurar entre los 120 firmantes que solicitaron para la reinscripción del Partido.
A veces los cuentos de niños son el mejor método para ilustrar la realidad, y las hadas madrinas hacen milagros inesperados; lo que nunca podrán hacer es intervenir para que resucite lo que ya hace tiempos se pudrió.
Rafael Luís Gumucio Rivas
30-09-09
Gepetto, cuando joven, fue ministro de Educación y vocero de gobierno de su muñeco Pinocho; como el carpintero es un hombre honrado no había descubierto el famoso juego de las “sillas musicales y, que en veinte años, cualquier prohombre de la Concerta puede fácilmente pasar de ministro del Interior a Obras Públicas, a Salud, a Educación o a Minería; puede ser excelso en materias tan disímiles, como las ciencias económicas y administrativas, la salud, la ingeniería o la educación. El hombre universal del Renacimiento es una bicoca al lado de los personajes de la Concerta; poco importa que lo hagan bien, mal o regular, siempre hay un puesto que lo espera si está obligado a renunciar. Por ejemplo, si al de Salud se le mueren pacientes en los hospitales, lo envían a la Secretaría General de Gobierno; si el vocero se pone muy locuaz, lo mandan a los monosilábicos milicos; por último, si falla en todo y padece de un contumaz retardo mental, lo envían a las empresas privadas o públicas o a otras reparticiones, donde se paga sin marcar tarjeta – ¿por qué no diputado o senador?-.
El humilde Gepetto no servía para estas artimañas. Siendo el padre de la renovación socialista, con el correr de los años se dio cuenta que este Partido se había convertido en algo así como la “camorra italiana”: una agencia de empleos, cuyo único mérito exigido al aspirante consistía en ser amigote y fiel servidor de Camilo Escalona; para ser diputado o senador sólo hay que pertenecer a la mafia. Por estos días, en Europa están escupiendo en distintos países Europa a los corrompidos partidos socialdemócratas: ya les tocó a los socialistas franceses, ahora a los alemanes. Nuestro Gepetto, con mucha razón y hombría, renunció a un Partido que se cae a pedazos, sin embargo, aún no comprendo el paso al partido Comunista que prácticamente ha desaparecido después de la caída del Muro de Berlín.
Pinocho, al igual que en el cuento, le hacía todo tipo de travesuras a su creador, Gapetto: no recibía a los familiares de detenidos desaparecidos, aplicaba la “razón de Estado” para salvar al hijo de Pinochet y tría al tirano Pinochet a Chile para que muriera “en su casa y acostadito en su cama”. El pobre carpintero Gepetto estaba muy decepcionado de su hijo y, a veces, lo criticaba en público, pero llegó el momento en que so pretexto de combatir la exclusión, el muñeco Pinocho se convirtió en buena persona ofreciendo a comunistas e Izquierda Cristiana algunos cupos en la lista de la Concertación. Pinocho les asegura que, al menos, tendrán tres o cuatro diputados – no se le vaya a poner más roja la nariz de tanto mentir-. El muñeco pronuncia cada día discursos más izquierdistas – uno creería que le penetró el espíritu de los Comuneros o de Rosa de Luxemburgo, pero mi nieta, de apenas dos años, sabe perfectamente que Pinocho es un mentiroso redomado
Cenicienta y las hermanastras
En el palacio del Zorro- La Moneda- siempre ha habido mucho dinero: en sus salones las fiestas son feéricas, de ellas solamente gozan las “cuatro” hermanastras: Camila, Pepa, Juana Carlina y Antonia; a la Cenicienta – que en este caso son dos, Manuela y Lautarina, siempre están desempeñando el papel de sirvientas y como tales, critican a sus hermanastras acusándolas de vendidas a la derecha, de sacarse fotos con los torturadores y andar a poto y calzón con Pinochet, de reprimir a los trabajadores, de estar dominados por Expansiva y de aplicar la ley del embudo a los pobretes.
Las dos Cenicientas la pasaron bastante mal durante los veinte años de los cuatro reinados de la Concerta y, a pesar de sacar un 5 por ciento en las elecciones, no tuvieron nunca un diputado; siempre comían en la mesa del pellejo. Sólo unas pocas veces Michelle Bachelet los invitó a Palacio, en unas fiestas especiales para el día de las Asesoras del Hogar.
Un buen día la Concertación se dio cuenta de que no podía seguir despreciando a la Izquierda – no sé si por doctrina o por un mínimo sentido de supervivencia – y propuso a la Cenicienta algunos Distritos donde podría elegir diputados. A esto le llamaron “pacto contra la exclusión”, lo que parece muy bueno y loable – aun cuando me permito sospechar que en la Concerta hay un buen número de diputados apitutados que están felices con el binominal-.
Me parece muy bueno que los candidatos Izquierda Cristiana y comunistas puedan ocupar sillones parlamentarios; me da la impresión de que, al menos, Roberto Celedón un amigo muy querido, y el ex Prisionero Larrea tiene serias posibilidades de lograrlo. Después de muchos años y divisiones, los pocos valientes que se quedaron en la Izquierda Cristiana serán premiados por el Hada Madrina. Si descontamos los nueve diputados democratacristianos que ingresaron a la IC, en 1973 tuvo un solo diputado, Luís Maira, y, ahora, 2009, duplicará la cifra, un verdadero milagro, esperemos. No lo tomen con ironía porque, incluso, presté mi nombre para figurar entre los 120 firmantes que solicitaron para la reinscripción del Partido.
A veces los cuentos de niños son el mejor método para ilustrar la realidad, y las hadas madrinas hacen milagros inesperados; lo que nunca podrán hacer es intervenir para que resucite lo que ya hace tiempos se pudrió.
Rafael Luís Gumucio Rivas
30-09-09
