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Agosto 18, 2026

INJUV: El poder de… botar dinero

A casi 500 millones de pesos asciende el “gustito” que se dio por estos días el Instituto Nacional de la Juventud (Injuv) a través de su campaña “Yo tengo poder, Yo Voto”, que se extendió desde el 3 de agosto hasta el 13 de septiembre en diversos medios, y cuyos resultados aún no conocemos, y tal vez nunca lo haremos, porque como se estila en estos casos, la información se disipa o se manipula, según sean los fines que se persiga o los intereses que se quiera proteger. Y vaya que los hay.

El objetivo ulterior del gobierno era conseguir que mediante esta campaña dirigida a los jóvenes, el INJUV convenciera a la pasada a los más de dos millones de chilenos no inscritos en los registros electorales. Sin que se notara, por cierto. ¿Por qué? Porque, en el fondo, tanto al gobierno como a la oposición, no les interesa modificar el sistema electoral, cuestión que se desprendería del mero crecimiento del padrón. Los nuevos inscritos querrían más, y el sistema no da para más, es decir, tal como está diseñado, no alcanza para todos. Por cierto, ni al gobierno ni a la oposición les conviene modificar un sistema que tantos réditos les ha reportado. El sistema binominal les garantiza a ambos su pedazo de torta, marginando a aquellos que no comulgan con esta “democracia” tan esquiva y veleidosa.

Al parecer, con ocasión de dicha campaña, el gobierno pretendió focalizar en los jóvenes el desencanto transversal con el sistema electoral, sindicándolos como “poco interesados” en inscribirse, centrando el desinterés ciudadano generalizado en un solo grupo etario de la población, al que se le puede cargar cualquier nuevo estigma sin mayor problema, a sabiendas que carece de estructuras organizacionales formales. De hecho, el mismo Injuv carece de esa representatividad y legitimación juvenil de la que presumen sus autoridades; en rigor, su espectro de acción es muy limitado y casi no tiene presencia en el mundo universitario, ni mucho menos, se articula como una institución que trascienda la pura entretención y la parafernalia mediática del pasarlo bien a propósito de ser “joven”. Es, qué duda cabe, la versión concertacionista de los extintos Frente Juvenil de Unidad Nacional y Secretaría Nacional de la Juventud del pinochetismo.

A estas alturas, la millonaria campaña publicitaria no es más que un “gustito” innecesario teniendo en cuenta la escasa valoración que la juventud tiene del mundo político y del propio Injuv, y demasiado oneroso para el erario nacional en tiempos de crisis. Un verdadero despilfarro de quienes manejan dineros fiscales. Con 500 millones de pesos se podrían adquirir unos dos mil computadores destinados a jóvenes pobres, o equipar varias bibliotecas en distintas partes del país; o por último, financiar actividades culturales en escuelas y liceos públicos.

Sin embargo, el director del Injuv, Juan E. Faúndez (cuyo ingreso mensual asciende a casi $3 millones, un muy buen sueldo para un “joven”), no dudó en lanzar por la ventana esos recursos con tal de demostrar eficiencia en su gestión. Así lo demuestra el presupuesto inicial de 522 millones de pesos que la institución licitó para implementar la campaña “Yo tengo poder, Yo Voto”, y que durante 42 días se mantuvo al aire a través de diversos medios. Tras el llamado a licitación, seis adjudicatarios –entre personas naturales y jurídicas– se distribuyeron $ 494.143.171.

Los ítems que lideran el gasto final son los que se adjudicaron MediaEdge Comunicaciones Chile Ltda., por $ 174.841.616, correspondientes a la elaboración de merchandising y gestión promociona”, y TVN con $ 182.726.000 por la emisión a nivel nacional; mientras que María Paz López Cifuentes se adjudicó $55.250.000 como agencia de medios. Por su parte, Iberoamericana Radio Chile S.A., cobró $13.705.555 por el servicio de emisión de frases radiales. José Ramón Cárdenas Maturana se llevó $45 millones como agencia de publicidad; a su vez, Tabach y Salinas Ltda., se hizo cargo del material publicitario en el Transantiago por $22.620.000. (Fuente: www.mercadopublico.cl).

En suma, casi $500 millones tirados a la basura, porque, a juzgar por el escaso interés demostrado por los jóvenes a los que estaba dirigida la campaña, ésta demostró su absoluta ineficacia. No obstante, en los próximos días veremos al Injuv sacando cuentas alegres en los medios de comunicación, girando a cuenta de una cifra global que entregará el Servel, y que entre otras consideraciones, incluirá en ella a aquellos chilenos que entre una elección y otra cambian de domicilio.

¿Acaso se esperaba algo más de una institucionalidad tan precaria que se dice administradora de un capital tan noble y potente como es la juventud chilena? La respuesta está en las manos de esos jóvenes que acudieron por sí solos a inscribirse y que confían a ciegas en una democracia que tiene “buen lejos”, y también en aquellos que desoyeron las trompetas de palacio para acudir a su fiesta sólo a mirar desde la vereda de enfrente cómo otros se engullen el pastel. No es Faúndez ni su Injuv quienes tienen la clave de la verdad, éstos son apenas actores de un tiempo que llega a su fin. ¡Viva la juventud pensante y valiente!

Publicado en Revista Punto Final N° 694 del 17 de septiembre de 2009