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Agosto 18, 2026

El Apartheid Mapuche: mirar el conflicto en general sin olvidar sus partes

Una crítica real, aunque a veces sacada de artículos muy específicos que tocan un punto solamente del conflicto del Pueblo Mapuche con el Estado chileno, es la de hacer aparecer que el conflicto sólo se relaciona con la obtención de tierras. También está la identificación mal intencionada de acusarlos “de querer las tierras que otros legalmente tienen”.

Aunque importante, el conflicto incluye múltiples aspectos de la vida de una nación, de un pueblo que es marginado, al que se le trata de hacerlo ignorar su propia existencia, historia, lengua, cultura, capacidad de decisión y participación en sus propios asuntos. El Estado ha usado desde siempre el  partenalismo “tontificador” ( es decir, “yo” –Estado, funcionario, etc-, “lo hago por ustedes porque no saben hacerlo, son ignorantes, no entienden, son torpes, tontos” y muchos otros epítetos que siempre conlleva el paternalismo). Ha pasado ya mucho tiempo como para seguir aceptando esta insultante e interesada actitud. Especialmente cuando siempre se perjudica al pueblo Mapuche mientras los mismos de siempre –grandes fortunas, inversionistas, compadres y aprovechadores- continúan haciendo negocios lucrativos mientras todo se pone en esperas interminables.

Existe, eso sí, una tendencia a creer, o a hacer creer, que sólo se trata de obtener tierras. Las acusaciones que se hacen de parte de individuos que demonizan al pueblo Mapuche en su conjunto, con todo tipo de definiciones racistas y despectivas y que son, al mismo tiempo, profitadores históricos, como es el caso de Jorge Luchsinger, que se inventa incendios y da entrevistas absolutamente racistas al respecto, no son aceptables. Sin embargo, la prensa de derecha y los grupos que la sostienen usan “esa información” para exigirle mayor represión a un gobierno timorato y comprometido con su propia permanencia e intereses. Es el caso de muchos candidatos como el Sr. Piñera y miembros del parlamento que, gracias a una constitución que viola la representatividad democrática  en ambas cámaras, hay control de la ultra derecha y los defensores del sistema dejado por Pinochet.

La solidaridad con los derechos del pueblo Mapuche y su corolario, la oposición a la existencia de un gueto, con características de Apartheid, deben ser también considerados como procesos educacionales, dinámicos, de los que todos debemos aprender y buscar como mejor contribuir. Nos debe permitir avanzar de modo incluyente de las necesidades de un pueblo y que, ciertamente, no se resuelve sólo en la obtención de tierras. Importa, eso sí, que tampoco se excluya este aspecto mandándolo a un futuro indefinido, como tratan de establecer los cómplices del sistema (y así darle tiempo a las nuevas represas, a las plantas de celulosa, a las minas que acaban con el medio ambiente y el agua en el norte, sur y centro, etc.)

Por ejemplo, dado el desarrollo de un verdadero gueto, -con características modernas, hechas por sus defensores y promotores, y con el objetivo de que nunca puedan ser derrotadas por el pueblo Mapuche-, vemos en Chile un Apartheid “made-in Chile” contra el pueblo Mapuche.

Esto se refleja, entre otras cosas, en:

1.                   Tiene características claramente racistas. Es contra un pueblo entero y los objetivos son los de profitar de todo lo que pueda pertenecerles.  Así fue y sigue siendo.

2.                   Busca el control de todos los aspectos de la vida del pueblo Mapuche: pésimo acceso a la educación, dominio cultural y total ineficiencia en reconocer y asegurar el uso de su propia lengua. Por ejemplo, al igual que los colonizadores donde existen pueblos originarios, el representante del poder impone una educación en que el idioma es el dominante, el de quienes controlan el poder. Y esto es contrario a las normas de respeto a los derechos humanos recomendadas por Naciones Unidas y educadores. Es decir, la educación, en el caso del pueblo Mapuche, debería ser hecha en Pudungun, como lengua maternal, y el castellano como una segunda lengua que permita la comunicación eficiente para todos los nacionales del país. Pero esto significaría reconocer que esa cultura es respetable y debe desarrollarse. La educación, además, que en el Chile de la dictadura y hasta ahora ha sufrido una deformación mercenaria de solo ser “buena para quien pague”, es de las peores en el contexto chileno. Su objetivo es el de alienar y enseñarle al niño Mapuche a avergonzarse de serlo y “a vivir como winka” [1] Este proceso no es distinto, en su intencionalidad, del que se ve en Canadá, EEUU, Brasil, etc.

3.                   Limitación eterna de la economía -los mapuche representan el sector con más bajos niveles de vida y de remuneraciones en el país. En la regiones donde se concentra su población comunitaria, sus ingresos apenas alcanzan al 45 % del salario mínimo. Los estudios del programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo lo han demostrado por mucho tiempo.

4.                   La represión es dirigida específicamente contra los derechos y anhelos del pueblo mapuche. El Estado chileno siempre los ha marginado. El Ministro del Interior actual ha sido muy claro en demonizar todo intento o demanda del pueblo Mapuche y ha escogido sistemáticamente la represión y no las soluciones negociadas, como elemento disuasor. La muerte de Jaime Mendoza Collío, el 12 de Agosto recién pasado, fue a la García Márquez, “una muerte anunciada”. La negación de la Presidenta de recibir a cerca de cien dirigentes Mapuche pocos días antes del crimen mencionado, de entrevistarse con ella entra en el mismo contexto. (Sin embargo, los representantes de la iglesia sí fueron recibidos y denunciaron esta exclusion en su declaración pastoral [2])

5.                   Se le desconoce su identidad en todos los proyectos innovadores o de legislación que los afecte. El “hacerle leyes” sin consultarlos, poner a todo el pueblo Mapuche en un paquete “chileno” sin identificar la integración en el respeto absoluto de las diferencias es característico de las sociedades acostumbradas a oprimir a sus pueblos originarios.

6.                   Destrucción de su hábitat -en el sentido de la destrucción sistemática del medio ambiente, del mal uso de recursos no renovables y de la destrucción ecológica del país es ya una norma. Los bosques, los ríos, las montañas, el mar y los lagos son defendidos por el pueblo mapuche con mayor conciencia y tesón que el resto de la población del país. Son ellos los que visualizan estos derechos de los pueblos del futuro, de todos y de cada uno de los que viven en este país. Esto contribuye a que los sectores que controlan la economía –los Matte, Luksic, Angelini que han sido receptores privilegiados de prebendas por parte de la dictadura y del estado post dictadura, así como los inversionistas extranjeros- sean los que exigen la represión y marginación de los Mapuche y de sus luchas para asegurar sus proyectos anti-sociales y sin sentido ecológico.

7.                   Desconocimiento del carácter único del pueblo mapuche y de su relación con el pueblo chileno, en general, y con todos los grupos originarios del país, algunos ya exterminados por las mismas políticas hoy existentes. Poner a todos los “chilenos” en una bolsa demuestra ignorancia y mala fe.

8.                   Rechazo permanente -pretendiendo hacerlo con bondad proteccionista– a que sea el pueblo Mapuche participe de manera central, permanente y siendo respetado en las decisiones para la calidad y sentido de sus propias vidas. Esto se refleja en “hacerle las leyes a los Mapuche porque ellos no saben”. Por esto es necesario rechazar totalmente este “paternalismo/maternalismo” de marras que adornan de diferentes formas, electoreras y de corrupción, que permite una exclusión permanente.  Se trata de reconocer al pueblo Mapuche y ponerlo en un contexto de respeto de todos y cada uno, en una sociedad que acepta esa igualdad y legisla de manera consecuente.

9.                   La historia de países como África del Sur, -donde una minoría controlaba a la gran mayoría en todos los aspectos de su vida- con una violencia y abuso correspondiente  a esa realidad (como en el caso chileno lo es a la realidad del control y exclusión que se quiere del pueblo Mapuche)- nos debe enseñar a reconocer este mismo mecanismo de gueto que se asegura contra el pueblo Mapuche. Los boicots económicos contra el apartheid original finalmente cumplieron su objetivo. Ellos eran justos entonces, necesarios y viables. Y no es diferente hoy para  a considerarlo en el futuro inmediato ya que Chile parece sólo interesarse en el comercio que beneficia a unos pocos, por mucho que se hable del “chorreo”. Los viajes presidenciales por el mundo son acompañados por los llamados “hombres de negocios” y ya, en varios países, la Presidenta habla de que “no hay presos políticos Mapuche sino que son delincuentes”. Ese lenguaje es también el que usaban en África del Sur. Hoy, con el crimen de Jaime Mendoza Collío, el gobierno reconoce que fue muerto por Carabineros pero no reconocen que la fuerza policial haya hecho nada criticable. Pese a que el asesinato no ocurrió en el fundo en que sucedía la evicción de los que intentan recuperar sus tierras sino en una persecución fuera de ese predio y de que le dispararan por la espalda. O que el  Cabo 1o. Muñoz era de las fuerzas especiales de Santiago mandadas para ejecutar el plan del Ministro Pérez Yoma, pese a decir  que no hubo planificación represiva alguna. Y, para mayor injusticia, es la “Justicia Militar” la que toma las decisiones sobre este crimen. Eso es seguir apoyando la verdadera base del Apartheid y de la discriminación.

10.               Sin pretender incluirlos todos los grupos y organismos internacionales por la defensa de los DDHH’s, recientemente, la Organización Mundial Contra la Tortura ha entregado un documento detallado sobre las violaciones de los derechos humanos, históricos, culturales, territoriales, legales y socio-económicos [3]

Una vez más, frente al estado actual de la situación en el país, estos cambios requieren procesos urgentes, de co-participación en el proyecto nacional y, al mismo tiempo, no puede hacerse dentro del mamarracho constitucional actual que es la bitácora hacia la eternidad impuesta por el dictador. El gobierno y aliados la justifican y tratan de mantenerla para siempre.  El gobierno, lo constatan la gran mayoría de los observadores, no tiene la voluntad política de resolver democráticamente el problema. Su favoritismo es evidente y prefiere consolidar lo que constituye un apartheid a la chilena.

Un proceso importante a llevar adelante es el de construir la unidad. La llamada unidad y paz en el país sólo puede estar basada en el respeto a la diversidad. Su ausencia es la enfermedad crónica de la sociedad (no sólo) chilena. Eso debemos decirlo y ponerlo en práctica. Esta unidad empieza por cada uno de nosotros y debe reflejarse en que los principios de inclusión y respeto a todos y cada uno deben ser prioritarios en el trato y la acción. La politiquería chilena actual no ha cambiado y por ello, dados los intereses de los diferentes grupos, tampoco les interesa cambiar las normas electorales que les acomodan, Mantener una constitución “que no puede ni quieren cambiar”, no permite avanzar. Esto debe ser reconocido y colocado como punto ineludible a resolver. Su cambio no será “rechazada” por el Parlamento sino por un proceso nacional incluyente: se habla de una Asamblea Nacional Constituyente, la cual debe ser definida de modo participativo.

Las amarras dejadas por el dictador casi veinte años atrás no son aceptables bajo ningún punto de vista y la derogación total de la Constitución, no será nunca demasiado temprano. 

Hacerlo reflejaría un acto de madurez y de cumplimento muy tardío de las promesas hechas por todos los presidentes. Los que rechazan hacerlo son, nada más y nada menos, que los cómplices que vinieron al escenario y sacan beneficios de muchos tipos. “Los elegidos” de este sistema en vigor deben aceptar su propia ineficiencia y el que su acción es inadecuada. Deben sumarse a un esfuerzo nacional, incluyente, como cualquier individuo sin privilegios ni derechos adicionales. (Por contraste esto hace pensar en Evo Morales que se ha atrevido a poner su cargo a una eventual re-elección o destitución ya más de una vez: eso es una postura respetable… Y lo hizo en el momento para asegurar que la propiedad colectiva, de las comunidades (como la exigen los chiapanecas, los mapuches y todos los pueblos originarios que no reconocen las “normas” del capitalismo como sacrosantas) debe ser considerada como real y respetable. Pero esa respetabilidad no se enseña en el mundo circense/político chileno. Los candidatos chilenos no hablan del tema de la represión en forma comprometida y buscando una solución)

Por eso es que el boicot de los productos chilenos no sería un sueño o un castillo de arena. El identificar que tenemos un Apartheid permite buscar apoyo activo, se hizo con la represión en África del Sur. Quinientos años más no es un plazo aceptable para planificar la historia, que es lo que se pretende. Por ejemplo. los vinos chileno son solamente únicos en la medida que van cubierto de la inequidad e injusticias de un  modo inaceptable. No debemos seguir pagando por eso cuando sabemos que lo que le paga a los colectores de fruta, a los obreros de la industria del vino (y suma y sigue) es miserable y conforman la pobreza chilena, por mucho que el gobierno y sus burócratas pretendan que debemos compararlos con los de Perú o Etiopía…. Esos trabajadores están dentro del gran grupo de chilenos que viven en uno de los países con mayor inequidad del mundo. Si sumamos el daño permanente de la represión y exclusión, se justifica que urgentemente empecemos estas medidas. Aunque esto nos altere nuestras rutinas… hay que reconocer que es la única forma de realmente contribuir: cambiar para ayudar a cambiar y salirse del marco impuesto de una constitución fascistoide.

Dejo abierto este tema y sugiero que todos y cada uno pensemos en torno a las necesidades objetivas y no adaptarlas a campañas electorales con las que todo se puede postergar “ad aeternam”…