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Agosto 18, 2026

Comunicación e incomunicación

En la democracia plena, el Estado es responsable de asegurar las funciones vitales que constituyen a su vez su justificación y su legitimidad: la Democracia Plena, la libertad plena, la justicia plena, la cultura, la educación gratuita para todos los ciudadanos, la salud, el trabajo y la vivienda digna… Por décadas se ha hablado del cuarto poder del Estado: la Prensa o los medios de comunicación, porque la noción de Estado apareció paralelamente con la de comunicación.

Para gobernar y en consecuencia educar, sanar, juzgar, exigir el irrestricto respeto por la dignidad y los derechos del ser humano y el entorno ecológico hay que comunicar en forma clara y oportuna. Todos los grandes conjuntos geopolíticos, imperios, naciones, se han constituido en torno a una red de comunicaciones que le permite relacionar sus diferentes partes. Sin su red de caminos no habrían existido ni el imperio Romano, ni el Maya, ni el Inca, ni el Aimara, ni el admirado y querido Pueblo Mapuche. El pueblo del primer Prometeo chileno, el Pueblo mapuche – raíz etnológica del pueblo chileno-, llego caminando, haciendo caminos, después de entregar su cultura y tradiciones a otros pueblos indígenas allende de los Andes…
 
El papel del Estado en lo referente a los medios de comunicación en el capitalismo globalizado/ globalización del capital, en el patio trasero del imperio, presionado por el poder de la celestina universal ha significado una brutal intervención del poder publico en la organización jurídica y técnica de los sistemas de comunicación, para entregar el control de ellos a monopolios o a sus testaferros del gran capital, en el marco de dos funciones de  estos, incomunicar/enajenar, al ciudadano y ganar dinero. El control ideológico de los monopolios de comunicación privados y algunos escasos estatales, esta subordinado a la ideología oficial de las empresas privadas, multinacionales que cambiaron el concepto de regulación por el de control de contenido.
 
El Clarín y El Mercurio: Comunicar/liberar e incomunicar/enajenar.
 
Para los ciudadanos concientes del Chile de antes del infausto 11 de septiembre de 1973, había en el país dos diarios : El Clarín que comunicaba y liberaba sirviendo a su pueblo, y El Mercurio que incomunicaba y enajenaba al Pueblo de Chile en su maniobra por transformar al país en una factoría del imperio.
Examinemos algunos principios y estructuras de la comunicación en el modelo de sociedad democrática en la medida de lo posible post dictadura de marras, impuesta por el imperio.
Como segunda reflexión del por qué del titulo de este articulo, que no es otro, que en reiteradas oportunidades he escuchado remembranzas que nuestro diario El Clarín que siempre supo estar junto a su Pueblo, – que apoyó al gobierno, especialmente al Gobierno Popular del asesinado Presidente Doctor Salvador Allende Gossens y lo critico en sus errores-, porque jamás se olvido de que su identidad partía, de que servia a un gobierno del pueblo por y para el Pueblo en su lucha por la liberación de éste, a través de su comunicación diaria. Todo lo contrario ha ocurrido a través de la historia con el diario El Mercurio , que miente a diario incomunicando y enajenando al Pueblo chileno con su único objetivo transformar al país en una factoría del imperio y del gran capital.
Con El Clarín hubo un crecimiento significativo del papel de la opinión pública en el funcionamiento de la sociedad. Cuando los políticos hablaban o aprobaban alguna ley al informar a los ciudadanos en su conjunto se lo constituía en interlocutor y fluían las reacciones. Se suscitaba una dinámica de respuesta de una nueva opinión publica, había un interlocutor válido que hacia llegar sus opiniones al pueblo a través de su diario, El Clarín. Se había operado un cambio de consecuencias considerable. Los políticos se vieron obligados a explicarse. Su credibilidad dependía de la claridad y síntesis de su mensaje frente al pueblo.
Hoy, con el oráculo mercurial de Agustín Edwards Eastman el que habla no es el que maneja el juego político ni menos existe el interlocutor de ayer. El político y el gobierno viven, gobiernan dirigidos por el gran gurú Edwards, primer ideólogo de l dictadura militar de marras y de los gobiernos de la concertación: un artículo en el diario El Mercurio es garantía para ganar una elección. El monopolio mercurial constituye un espacio exclusivo para los ganadores del infausto 11 de septiembre de 1973 y sus epígonos concertacionistas. El surgimiento de este monopolio ha obligado al enajenado lector a adatarse a una situación de la rutina informativa, sin un interlocutor valido. Si algún despistado reclama, la respuesta no se deja esperar: es lo que hay.
Un mensaje informativo en medios de comunicación responsables ética y moralmente, será creíble si es fiel a la realidad que describe y si es coherente y cierto con la relación al contexto. En el modelo de sociedad existente en Chile heredado de la dictadura de marras que tiene como base la mentira generalizada lo social desapareció. El soliloquio de Agustín Dunny Edwards se ha impuesto a raja tabla.
Ayer, acentuó, los medios de comunicación con la excepción de El Mercurio se esforzaban en ser eco de sus interlocutores ciudadanos buscando reforzar su legitimidad, en esta forma funcionaban como instrumento de legitimación social de la representatividad. Se producía un debate que se jugaba a un doble nivel, el del contenido del mensaje y el de la relación entre interlocutores.
El espacio público debe ser un sitio de intercambio, de diálogo permanente de los interlocutores y de sus contenidos como de las legitimidades y representatividades. Esta acción engloba por tanto a la vez las reglas del juego y el juego mismo. Es decir, el juego social consiste frecuentemente en proponer al otro no solo una palabra, sino sobre todo un registro de palabras que no es el suyo…
Curiosamente la ideología de la comunicación social que se interesó en las transformaciones sociales provocadas por los medios de comunicación no sacó las consecuencias de la importancia de las interacciones que había contribuido a revelar, ni exploró los efectos, a nivel de la comunicación misma, de los conflictos de intereses que había analizado…
Como colofón, volviendo al inicio del artículo ante la pregunta permanente si es necesario abrir El Clarín, para transformar el modelo de sociedad impuesto por la dictadura de marras, yo afirmo que sí. Pero no me cabe duda alguna que una decisión de esta importancia vaya a ser permitida por el dueño de El Mercurio Agustín Edwards. Este individuo fascista ideólogo del asesinato del Presidente Allende y de la destrucción del Estado de Derecho, de la autonomía universitaria y de la prensa verdaderamente libre a su círculo pretoriano le repetía en el pasado: “yo tengo dos enemigos que odio, Salvador Allende y El Clarín y no descansaré hasta que ambos desaparezcan de la faz de la tierra”.
No me queda duda alguna de que el diario El Clarín que es de propiedad del Prof. Ing. Víctor Pey Casado si se hiciera de nuevo no vendría a defender el modelo perverso de sociedad capitalista salvaje que existe en este país, sumándose a la línea periodística impuesta por el monopolio mercurial y de Copesa. El hacer el nuevo Clarín pasa por la identidad de aquel diario que nació “Firme junto al Pueblo de Chile” y que hoy, como ayer tiene que reivindicar los sagrados derechos de un pueblo enajenado y su creencia y respeto por los valores del espíritu.
El futuro de Chile con una democracia plena pasa por un sistema de comunicación y de justicia plena que mantenga a la distancia a la plutocracia, los dueños de la celestina universal. Sin justicia plena, sin libertad de comunicación, no hay libertad que valga…
 
 
Prof. Dr. Hugo Moreno Peralta
Director Cesal 
 Berlín, Alemania