De la poesía a la prosa
Muchas les ocurre a los políticos algo similar al personaje de Molière, que no se daba cuenta que estaba hablando en prosa . Barack Obama fue capaz de despertar sueños en una sociedad Norteamérica en plena crisis económica. Nadie puede negar que el desconocido senador, que comenzó apenas con el 2% de los votos al iniciarse las primarias, terminaría derrotando al clan más poderoso del Partido Demócrata, la familia Clinton.
Muchas les ocurre a los políticos algo similar al personaje de Molière, que no se daba cuenta que estaba hablando en prosa . Barack Obama fue capaz de despertar sueños en una sociedad Norteamérica en plena crisis económica. Nadie puede negar que el desconocido senador, que comenzó apenas con el 2% de los votos al iniciarse las primarias, terminaría derrotando al clan más poderoso del Partido Demócrata, la familia Clinton.
Obama se presentaba como un hombre joven, inteligente, lleno de entusiasmo y con gran capacidad oratoria. El hecho de ser el primer presidente negro de Estados Unidos encantó a la opinión pública mundial: el carisma de Obama era comparado con el de F.D. Roosevelt y J.F. Kennedy. El “sí podemos” era equiparable a “lo único que hay que tenerlo miedo es al miedo mismo”, de Roosevelt, o “no repreguntes qué puede hacer América por ti, sino qué puedes hacer tú por América”, de Kennedy.
Los primeros cien días de Obama han sido, muchas veces, comparados con aquellos de 1936, “del nuevo trato”, de Roosevelt, sin embargo, las diferencias, a mi modo de ver, son muchas: en primer lugar, Roosevelt tuvo una mayoría en ambas Cámaras – senado y de representantes- mayor que aquella con la cual comenzó Obama; en segundo lugar, en los años 30, el Estado y la planificación estaliniana aparecían con o triunfadoras frente al derrumbe del liberalismo y del sistema capitalista; en tercer lugar, el Presidente pudo aplicar, con mucha radicalidad y rapidez las políticas Keynesianas. Barack Obama ha tenido más dificultades para consolidar una mayoría en el senado, sin embargo, ha podido implementar un ambicioso plan económico.
En el régimen presidencial norteamericano las Cámaras tienen mucho más poder que en la monarquía electiva chilena: el Presidente, en Estados Unidos, necesariamente debe lograr una mayoría en ambas Cámaras para poder implementar sus programas en las distintas áreas de la administración del Estado. El mérito de Obama, hasta ahora, ha consistido en ampliar la débil mayoría en el senado y, a la vez, hábilmente, lograr la aprobación de su plan económico.
La gente suele olvidar la situación en que Obama asumió el poder: Bush había conducido a la debacle internacional con su política guerrera y genocida; Estados Unidos era despreciado y rechazado en a mayoría de los países aliados. En economía, un premio Nóbel como Paul Krugman comparaba la situación financiera de Estados Unidos ya no sólo con la gran Depresión de 1929, sino también con la más larga, conocida en la historia, la de 1878-1891; según este economista, la Depresión podría haber durado fácilmente, más de un decenio. En el mes de enero del presente año, los principales bancos estaban a punto de quebrar y sólo faltaba la intervención del gobierno para estatizarlos; las tres grandes automotrices anunciaban la quiebra; la cesantía crecía a pasos agigantados, llegando en la actualidad a más de dos dígitos; el endeudamiento y el precio de las viviendas se acrecentaba mes a mes.
En estas condiciones no se puede negar que, en base a emisiones de bonos y dinero, Barack Obama ha logrado que, en cierto grado, comenzara a despejar los elementos más catastróficos de una crisis que la mayoría de los economistas pronosticaban como una larga y profunda depresión. Hay planes de Obama que han tenido éxito, como aquel de cambiar chatarra por autos nuevos subvencionando a los compradores. Hasta cierto punto se puede afirmar que, al menos, la crisis del sistema financiero da signos de amainarse; por cierto, la cesantía será la última en superarse, y puede mantenerse durante un largo tiempo un crecimiento con alto número de cesantes; mientras no se ataque afondo el problema del desempleo, el consumo, motor de la economía estadounidense, no alcanzará los niveles de la pre-crisis.
En política exterior se nota un cambio: desde la política genocida, guerrera e imperialista de su antecesor, hacia el deseo de un multilateralismo más abierto y respetuoso, sin embargo, hasta ahora, las propuestas de Obama han sido más efectistas y bien intencionadas que eficaces. El cierre de la cárcel de Guantánamo ha marchado bastante lento y con varios tropiezos y postergaciones. En América Latina, hasta el momento, el gobierno demócrata ha enfrentado muy débilmente, por ejemplo, a los golpistas de Honduras – razón tiene el presidente Zelaya al pedir una intervención más decidida de parte de ese gobierno-.
En política interna, los dos grandes desafíos de Obama – contenidos en su programa- el plan de salud y de inmigración han encontrado serias dificultades por parte de la oposición republicana y de algunos sectores conservadores del Partido Demócrata. El sistema de salud norteamericano actual es caro, segregador y de baja calidad; la mayoría de la población pobre no tiene derecho a prestaciones básicas de salud. El plan de Obama, por cierto, toca muchos intereses establecidos.
Es evidente que la luna de miel y la zaga carismática de Obama tenía que terminar; es muy difícil mantener a los pueblos en la efervescencia de los sueños despiertos: de los cien a los doscientos días Obama ha perdido en las encuestas un 10% de apoyo y, en la actualidad, tiene apenas un 50%, menor que la de Bush en este mismo período. No creo que le vaya a ser fácil a Obama disciplinar una mayoría demócrata en el senado, pero hasta ahora ha mostrado bastante habilidad para conducir el gobierno.
Rafael Luís Gumucio Rivas
07/08/09
Los primeros cien días de Obama han sido, muchas veces, comparados con aquellos de 1936, “del nuevo trato”, de Roosevelt, sin embargo, las diferencias, a mi modo de ver, son muchas: en primer lugar, Roosevelt tuvo una mayoría en ambas Cámaras – senado y de representantes- mayor que aquella con la cual comenzó Obama; en segundo lugar, en los años 30, el Estado y la planificación estaliniana aparecían con o triunfadoras frente al derrumbe del liberalismo y del sistema capitalista; en tercer lugar, el Presidente pudo aplicar, con mucha radicalidad y rapidez las políticas Keynesianas. Barack Obama ha tenido más dificultades para consolidar una mayoría en el senado, sin embargo, ha podido implementar un ambicioso plan económico.
En el régimen presidencial norteamericano las Cámaras tienen mucho más poder que en la monarquía electiva chilena: el Presidente, en Estados Unidos, necesariamente debe lograr una mayoría en ambas Cámaras para poder implementar sus programas en las distintas áreas de la administración del Estado. El mérito de Obama, hasta ahora, ha consistido en ampliar la débil mayoría en el senado y, a la vez, hábilmente, lograr la aprobación de su plan económico.
La gente suele olvidar la situación en que Obama asumió el poder: Bush había conducido a la debacle internacional con su política guerrera y genocida; Estados Unidos era despreciado y rechazado en a mayoría de los países aliados. En economía, un premio Nóbel como Paul Krugman comparaba la situación financiera de Estados Unidos ya no sólo con la gran Depresión de 1929, sino también con la más larga, conocida en la historia, la de 1878-1891; según este economista, la Depresión podría haber durado fácilmente, más de un decenio. En el mes de enero del presente año, los principales bancos estaban a punto de quebrar y sólo faltaba la intervención del gobierno para estatizarlos; las tres grandes automotrices anunciaban la quiebra; la cesantía crecía a pasos agigantados, llegando en la actualidad a más de dos dígitos; el endeudamiento y el precio de las viviendas se acrecentaba mes a mes.
En estas condiciones no se puede negar que, en base a emisiones de bonos y dinero, Barack Obama ha logrado que, en cierto grado, comenzara a despejar los elementos más catastróficos de una crisis que la mayoría de los economistas pronosticaban como una larga y profunda depresión. Hay planes de Obama que han tenido éxito, como aquel de cambiar chatarra por autos nuevos subvencionando a los compradores. Hasta cierto punto se puede afirmar que, al menos, la crisis del sistema financiero da signos de amainarse; por cierto, la cesantía será la última en superarse, y puede mantenerse durante un largo tiempo un crecimiento con alto número de cesantes; mientras no se ataque afondo el problema del desempleo, el consumo, motor de la economía estadounidense, no alcanzará los niveles de la pre-crisis.
En política exterior se nota un cambio: desde la política genocida, guerrera e imperialista de su antecesor, hacia el deseo de un multilateralismo más abierto y respetuoso, sin embargo, hasta ahora, las propuestas de Obama han sido más efectistas y bien intencionadas que eficaces. El cierre de la cárcel de Guantánamo ha marchado bastante lento y con varios tropiezos y postergaciones. En América Latina, hasta el momento, el gobierno demócrata ha enfrentado muy débilmente, por ejemplo, a los golpistas de Honduras – razón tiene el presidente Zelaya al pedir una intervención más decidida de parte de ese gobierno-.
En política interna, los dos grandes desafíos de Obama – contenidos en su programa- el plan de salud y de inmigración han encontrado serias dificultades por parte de la oposición republicana y de algunos sectores conservadores del Partido Demócrata. El sistema de salud norteamericano actual es caro, segregador y de baja calidad; la mayoría de la población pobre no tiene derecho a prestaciones básicas de salud. El plan de Obama, por cierto, toca muchos intereses establecidos.
Es evidente que la luna de miel y la zaga carismática de Obama tenía que terminar; es muy difícil mantener a los pueblos en la efervescencia de los sueños despiertos: de los cien a los doscientos días Obama ha perdido en las encuestas un 10% de apoyo y, en la actualidad, tiene apenas un 50%, menor que la de Bush en este mismo período. No creo que le vaya a ser fácil a Obama disciplinar una mayoría demócrata en el senado, pero hasta ahora ha mostrado bastante habilidad para conducir el gobierno.
Rafael Luís Gumucio Rivas
07/08/09
