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Agosto 19, 2026

La Amazonia en peligro

{mxc}Entre mayo de 2000 y agosto de 2005, Brasil perdió más tierras de la Amazonia ante el “desarrollo” que la superficie total de Grecia. Desde 1971, rancheros y agricultores corporativos limpiaron decenas de miles de acres para los intereses de pastoreo, madereros y mineros. Durante ese período, las políticas brasileñas y los proyectos del Banco Mundial para promover el “progreso” también ayudaron a diezmar unas 232 000 millas cuadradas de selvas pluviales de la Amazonia.

El 17 de junio, mi esposa y yo decidimos ver el lugar donde la demolición “progresista” fue más allá de las etapas reparables.  En Manaus abordamos el Otter de 16 pasajeros, junto con dos amigos y otros ocho eco-turistas. El viaje de 3 días Río Negro arriba nos llevó a la tierra gobernada a fines del siglo 19 por los magnates brasileños del caucho que aspiraban a hacer de Manaus el París de Suramérica,

Una historia que se convirtió en leyenda cuenta que Henry Wickham, un gonif británico (en yiddish, transgresor de la ley moral o civil) se robó las preciadas y protegidas semillas del caucho y las llevó a escondidas a Malaysia, una colonia británica. Wickham infló su fácil robo para convertirlo en un trabajo digno de la Pantera Rosa a fin de atraer la atención de los inversionistas a uno de sus planes asiáticos de negocios. Por esta “contribución” (robarle el monopolio del caucho a los avaros magnates brasileños y permitir a los magnates británicos venderlo en el mercado mundial), Wickhan fue nombrado caballero.

Con la competencia, el alto precio del  caucho descendió abruptamente. El cártel británico controló las ventas del caucho e inundó el mercado mundial. (Warren Dean, Brasil y la lucha por el caucho, Cambridge, Inglaterra.)

Manaus pasó del boom a la casi ruina. Pero mientras tuvo éxito, la clase rica “self-made” de la ciudad de la selva, usando el trabajo de otros, realizó algunas construcciones elaboradas.  El Manaus contemporáneo está lleno de sus palacios y estatuas. Para construir la Aduana (la Alfandega, 1906), los patriarcas importaron piedra de Escocia a fin de dar una imagen europea.

El Teatro de la Ópera, copiado del original de París en 1896, contiene el revelador techo alto y cuatro pisos con palcos para la gente especial. El domo interior estaba pintado en el estilo florido de la época; las baratijas sobresalen de barandas y postes sobredorados, lo que ofrece un testimonio adicional del mal gusto derrochador de los magnates del caucho.

La elite de Manaus se convenció a sí misma de que controlaría a perpetuidad el monopolio del caucho.  Se comportaron como típicos nuevos ricos: de manera pretenciosa.

Llamado hoy día Teatro Amazonas (restaurado en 1990), permanece como prueba reconstruida de una antigua era dorada. Una orquesta de cámara y un conjunto de guitarras con una soprano excepcional –entrada libre– llenaban el vasto espacio con sonidos clásicos.

La sala medio vacía –muchos turistas en el público– demostraba que los actuales residentes de la calurosa ciudad de 1,7 millones de habitantes tenían poco interés en la cultura del viejo mundo.

Sin embargo, las calles ruidosas llenas de comercios muestran la cultura de los pregoneros y capitalistas cucarachas que anuncian su mercancía poco atrayente –a no ser que uno necesite teléfonos celulares baratos, ropa interior de emergencia o un par de sandalias de playa, como nos sucedió en nuestro viaje por Río Negro.

El brilloso y negro río –con un nivel récord– reflejaba en sus aguas imágenes de plantas que  crecían en la superficie o debajo de ella. No necesitamos el repelente de insectos, ya que el ataque de los bichos no ocurrió en el barco o en la canoa más pequeña en la que navegamos por los arroyos amazónicos más pequeños.

La apariencia oscura del Río Negro, nos explicó el guía, se debe al inmenso residuo vegetal que se filtra en el río. Los árboles y otras plantas filtran ácido tánico en el agua de 270 C, lo que la convierte en el equivalente de una enorme corriente de té fuerte. El muy bajo pH del río no favorece la reproducción de mosquitos y otros insectos, aunque  no es así en el caso de peces o animales –los cuales veíamos cuando salían a la superficie.

En la primera mañana, las pirañas –recuérdenlas de los filmes de Hollywood– desayunaron con la carne cruda que usamos de carnada. Por la tarde, los pequeños carnívoros sirvieron de alimento a agradecidos –supusimos– delfines de agua dulce, los machos de cuya especie son rosados.

En la canoa, en medio del negro terciopelo de la noche amazónica, el guía enfocó los árboles con su poderosa linterna. La canoa se detuvo. Empujó una rama con el remo. Una boa arbórea de seis pies que esperaba abrazar una rana o un caimán, atacó al remo.

Nuestra curiosidad perturbó la nocturna espera de la boa por su presa, o al menos imaginé eso. ¿Habrán buscado inspiración los escritores del Génesis para presuponer tal efecto de “curiosidad” en Eva? ¿Provocó esta primitiva criatura la caída del Hombre? Solo quería atrapar una rana; pero personas curiosas la molestaron. Las serpientes han saciado su venganza –al menos desde el punto de vista bíblico.

El chirrido de ranas invisibles brindaba efectos de sonido para la escena mientras el guía provocaba a la irritada boa que reptaba desde el árbol hacia el remo de la canoa para que pudiéramos ver su móvil lengua y sus airados –o simplemente hambrientos– ojos.

La Vía Láctea iluminó el cielo, más vasto que las extensiones del Oeste en verano. El guía nos advirtió de estar atentos acerca de brillantes ojos rojos –un caimán negro esperando su cena.

Este nocturno reptil carnívoro se siente de maravilla en los ríos de cauce lento y en las selvas pluviales. También hubiera disfrutado de una cena de pirañas, pero en su lugar fue atrapado mientras el guía dirigía la canoa en dirección de una brillante luz roja –sus ojos.

El guía estaba echado en la proa de la canoa, metió la mano en el agua y agarró a la bestia por el cuello. Los turistas sujetaron y sintieron al bebé caimán de dos pies y examinaron su poderosa cola, que él usa para impulsarse en el agua, sus poderosas mandíbulas y sus patas palmeadas. Luego, el guía lo devolvió al agua, humillado quizás, pero sin daño físico.

Observamos a los coloridos tucanes y guacamayos posados en los árboles, y a las águilas encima de nosotros. Más tarde, en el zoológico de Manaus, observamos de cerca sus garras parecidas a garfios de estibadores, sus patas y muslos gruesos y musculosos como el antebrazo de un boxeador.

Descubrí a un hoatzín. Esta ave de ojos rojos y cara azul del tamaño de un pollo grande, lleva en la cabeza una corona emplumada. Pareció a punto de caerse de su percha en un árbol antes de saltar torpemente hacia otra rama.

El paseo nocturno en canoa por los estrechos arroyos y aguas pantanosas me hizo recibir una molesta picada de avispa, pero no tuve ni un atisbo de la onza, el temido jaguar del Amazonas, cuyas legendarias mandíbulas pueden destrozar un cráneo humano. A ninguna de estas criaturas se le “ocurriría” ensuciar su nido para suministrar materia prima para envases, palitos chinos o combustible para los vehículos tan queridos por los miembros “pensantes” de la Tierra. El único mamífero que “piensa” es también la única criatura que ha usado el pensamiento para poner en peligro su propio futuro.

Otras especies asumen la reproducción como su fuerza vital. Un árbol amazónico echa sus semillas color castaño en el agua para que maduren durante tres meses, hasta que el color cambie a verde y la cáscara se abra mientras emerge un nuevo brote.

El árbol no “pensaría” en crear condiciones para eliminar el agua que necesita para que su semilla madure, al igual que las hormigas soldados que atacaron a  miembros de nuestro grupo no “postularían” un cambio en sus condiciones reproductivas.

Los ejecutivos de las grandes corporaciones no piensan, sino que planean las ganancias.  Necesitan “poseer” la Amazonia, cortar sus árboles, robar sus plantas medicinales y cambiar su naturaleza interdependiente, afectando así el régimen global de lluvias: burlarse del gran diseño. Sus departamentos de Relaciones Públicas lo calificarán de “mejoras”.

Los indios de estas gigantescas extensiones han visto cómo se reduce su población, se ensucia su hábitat, se contaminan sus culturas: el precio del “progreso”. Los científicos difieren en cuanto a la cantidad de selvas pluviales se debe perder para llegar al punto de no retorno del calentamiento global y desastres climáticos fuera de control. Pero están de acuerdo en lo que sucederá si los “promotores” continúan derribando los bosques amazónicos.

Mientras observábamos la unión de las aguas del Amazonas y el Río Negro en las afueras de Manaus y mirábamos río arriba hacia la vasta extensión de agua y selva, nos sentimos pequeños, insignificantes y afortunados de haber aprendido –una vez más– el lugar que ocupamos en el gran conjunto.

Durante los años del Presidente Luiz Inacio Lula da Silva en el cargo, los invasores buscadores de ganancias han destruido más área de la selva pluvial amazónica que durante otros cuatro períodos de cuatro años desde 1988, según el Instituto Socioambiental. Desde 2003, los promotores, madereros y rancheros eliminaron un área de bosques mayor que Carolina del Sur.

Lula ha aumentado la puesta en vigor de regulaciones medioambientales y ha detenido la destrucción –un poco. Él admite que la destrucción de los árboles contribuye al calentamiento global.  Pero los cabildos brasileños, al igual que los de Estados Unidos, han dificultado la puesta en práctica de las regulaciones. Mientras los incansables depredadores humanos continúan codiciando la Amazonia, el mundo observa con ansiedad.

En 1968 en Chicago, durante la Convención Nacional Demócrata, los manifestantes exclamaron a la policía que les golpeaba: “El mundo entero es testigo”. Eso no detuvo a los policías.

*Saul Landau es miembro del Instituto de Estudios para Política, autor de Un mundo de Bush y de Botox (Counterpunch) y autor de muchos filmes que pueden obtenerse en DVD por medio de roundworldproductions@gmail.com