{mxc}Luego del interés manifestado por la Presidenta de la República en su último mensaje a la Nación respecto del establecimiento en Chile del sistema conocido como “Licencia de Conductor con puntaje”, parece que los encargados de legislar sobre el tema se han decidido a actuar, luego que los estudios respectivos se iniciaran en el año 2000 y que el 5 de octubre próximo cumpla 5 años de espera en el Senado el proyecto de ley que lo establece, de acuerdo al Boletín Nº 3.376-15.
Hemos visto que se han realizado foros con ilustres visitantes extranjeros, entre los que destaca el distinguido Director General de Tráfico de España, don Pere Navarro, en los que se han dejado en claro las ventajas de la iniciativa, consistente en que a todo conductor se le asigna un número determinado de “puntos buenos” al obtener su permiso, los que van disminuyendo en la medida que el titular comete infracciones, las que, de acuerdo a su gravedad, descuentan puntaje hasta que éste desaparece, ocasión en que el infractor no puede seguir conduciendo.
Parece existir consenso entre los expertos respecto a las bondades del sistema, aplicado en muchos países, con excelentes resultados en la disminución de accidentes, muertes, lesiones y daños en los lugares en que se ha implementado.
Sin embargo, es lamentable que en nuestro país se enfoque la norma que se pretende establecer, como un método de castigo y de represión, que naturalmente provoca resistencia en quienes ven la posibilidad de quedarse sin conducir por no respetar las normas que regulan el tránsito en calles y carreteras y, en general, en la mayor parte de los conductores, que pueden sentirse amenazados en su mal entendido “derecho a conducir”.
Tal interpretación punitiva de la licencia de conductor por puntos está muy lejos de la realidad, por cuanto se trata de un dispositivo destinado a la educación del conductor, con beneficios para todos y, especialmente, para las potenciales víctimas de conducción delictual o simplemente infraccional.
Resulta claro que con el sistema señalado, es el propio conductor el que debe reeducarse a si mismo. Si no lo hace y, pese a las advertencias infringe las normas hasta llegar a la suspensión de la licencia, esta medida sólo tiene por objeto devolver al conductor infractor al sistema, pretendiendo reformarlo y reeducarlo para que se sujete a las normas y para que, una vez reformado vuelva a conducir, esta vez comprendiendo realmente la importancia de hacerlo adecuadamente, sin exponerse ni exponer a nadie. No resulta posible poner en duda que la contumacia y la rebeldía extrema puedan ser permitidas en ninguna circunstancia.
Para el éxito de las medidas a adoptar, será fundamental que este enfoque de las nuevas disposiciones se difunda y sea asimilado por los conductores, mostrándolas como lo que en realidad son: un sistema reeducativo. Nunca pueden ser entendidas como el camino seguro a una condena, lo que no es aceptado en tanto todos estamos cansados de ser castigados. No así de ser adecuadamente educados.
Parece existir consenso entre los expertos respecto a las bondades del sistema, aplicado en muchos países, con excelentes resultados en la disminución de accidentes, muertes, lesiones y daños en los lugares en que se ha implementado.
Sin embargo, es lamentable que en nuestro país se enfoque la norma que se pretende establecer, como un método de castigo y de represión, que naturalmente provoca resistencia en quienes ven la posibilidad de quedarse sin conducir por no respetar las normas que regulan el tránsito en calles y carreteras y, en general, en la mayor parte de los conductores, que pueden sentirse amenazados en su mal entendido “derecho a conducir”.
Tal interpretación punitiva de la licencia de conductor por puntos está muy lejos de la realidad, por cuanto se trata de un dispositivo destinado a la educación del conductor, con beneficios para todos y, especialmente, para las potenciales víctimas de conducción delictual o simplemente infraccional.
Resulta claro que con el sistema señalado, es el propio conductor el que debe reeducarse a si mismo. Si no lo hace y, pese a las advertencias infringe las normas hasta llegar a la suspensión de la licencia, esta medida sólo tiene por objeto devolver al conductor infractor al sistema, pretendiendo reformarlo y reeducarlo para que se sujete a las normas y para que, una vez reformado vuelva a conducir, esta vez comprendiendo realmente la importancia de hacerlo adecuadamente, sin exponerse ni exponer a nadie. No resulta posible poner en duda que la contumacia y la rebeldía extrema puedan ser permitidas en ninguna circunstancia.
Para el éxito de las medidas a adoptar, será fundamental que este enfoque de las nuevas disposiciones se difunda y sea asimilado por los conductores, mostrándolas como lo que en realidad son: un sistema reeducativo. Nunca pueden ser entendidas como el camino seguro a una condena, lo que no es aceptado en tanto todos estamos cansados de ser castigados. No así de ser adecuadamente educados.
*Por: Leonardo Aravena Arredondo, profesor de Derecho de la Universidad Central.
