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Agosto 18, 2026

Un vecino armado, el otro no

{mxc}Decepción no hubo, porque poco podía esperarse de los halcones que gobiernan Israel, sino perplejidad: la aceptación de un Estado palestino, pero desmilitarizado, desafió la racionalidad, aunque EEUU y la UE la saludaron como un paso adelante, tal vez con la expectativa de llegar de menos a más.   

En contraste con el discurso ecuménico de  Barack Obama en una universidad cairota, el primer ministro israelí decepcionó las escasas expectativas puestas en su mensaje del domingo 14, primero por elegir un recinto ultra derechista –la religiosa universidad Bar-Ilan- para pronunciarlo, y segundo por no acoger en su réplica las cuestiones de fondo planteadas por el presidente estadounidense el 4 de junio.

Claro, Washington –así como la Unión Europea- se congratularon por el hecho que Benjamin Netanyahu aceptara por primera vez de manera explícita la existencia de un Estado palestino, estimándolo “un paso en la dirección correcta”.   Pero esa exigencia ya estaba en la Hoja de Ruta de 2003 y Tel Aviv se ha demorado 6 años en pronunciar siquiera el vocablo, al que le pone además un adjetivo a todas luces inconducente a la paz: Estado palestino, sí, para que ese pueblo se gobierne a sí mismo, pero desmilitarizado, para garantizar la seguridad de Israel.

Si esto no tiene lógica –porque, ¿cómo un Estado puede carecer de toda capacidad defensiva y de control de su propio espacio aéreo?-, más  inviable resulta negociar cuando el gobierno israelita hace caso omiso de la otra exigencia de la mencionada Hoja de Ruta: el fin de la expansión de los más de cien asentamientos en la Cisjordania, donde vive casi medio millón de judíos. Al contrario, Netanyahu y su coalición argumentan que seguir colonizando allí corresponde a un crecimiento natural. O sea, el vecino no sólo se reserva el derecho a ser una formidable potencia armada, sino que como invasor continuará en su ilegal papel de guardián de los palestinos en su propio territorio.

Las autoridades israelíes pudieron -hasta el año pasado- incumplir las exigencias que se les hicieron gracias al silencio de Bush y los suyos. Obama, en cambio, está hablando, quizás demasiado para algunos de sus aliados, y ejerce presión con las palabras y en los hechos. Es imposible que Netanyahu no sepa que ahora tiene un interlocutor muy distinto en la Casa Blanca. Habría que suponer, por consiguiente, que intenta una de dos tácticas: conceder sólo muy poco, para negociar después, o bien apostar a la “indestructible” amistad con Estados Unidos para endurecer sus posturas.

Cuando ambos apelan a esa alianza caen en la retórica, y está por verse si Obama consentirá en dejarse atrapar por ella. Este también tiene empeñada su palabra de negociar con la Alta Autoridad Palestina y los gobiernos árabes que le son proclives, como el de Egipto, cuyo Presidente rechazó, en particular, la exigencia de que Israel sea reconocido como un  Estado judío. Esto desactivaría el derecho de retorno de los millones de refugiados palestinos que residen hoy en países como Líbano, Jordania y Siria, entre otros, dijo Hosni Mubarak.

De más está decir que, con su postura, el gobierno de coalición –donde se ve a los minoritarios laboristas capturados por la extrema derecha- ha hecho difícil empezar a negociar. Con condiciones que resultan inaceptables para los moderados del presidente palestino Mahmoud Abbas, la pugna vuelve a radicalizarse y refuerza el carácter de historia sin fin que tiene el conflicto del Medio Oriente.  

hugomery@terra.cl