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Agosto 19, 2026

Le temps ne fait rien à l’affaire…

{mxc}No te quejes si suelo titular mis paridas en francés: en un país en el que no hay horas punta sino horas “peak”, en donde las galerías comerciales se llaman “Malls”, la audiencia fue sustituida por el “rating”, el reparto por el “casting” y los maricones por los “gays”, yo puedo permitirme dos o tres palabrillas en la dulce lengua de Molière y Victor Hugo.

El título de esta parida, inspirada por el inolvidable Georges Brassens, podría traducirse por algo así como “La edad no tiene na’ que ver…”
 
En su poema homónimo Brassens, hablando de los huevones, afirma que la edad no tiene na’ que ver, que cuando se es huevón… se es huevón, y punto. Poco importa que se trate de un huevón caduco o de un huevón debutante, de un huevón reciente o de un huevón obsoleto, de un huevón inédito o de un huevón que ya está parque, cuando se es huevón… se es huevón. No hay na’ que hacer.
 
Así, según Jean Dion, “La diferencia esencial entre un viejo huevón y un huevón joven, reside en el tiempo que les queda para ser huevones”.
 
O si lo ponemos en palabras de Doug Larson, “Lo sorprendente en los huevones jóvenes es su propensión a transformarse con el tiempo en viejos huevones”.
 
Como Brassens yo debo precisar que navego entre dos edades, no soy ni joven ni viejo, lo que me permite referirme a estas cuestiones con una cierta indiferencia y desapego, e intentar hacer llegar este fraternal mensaje.
 
A estas alturas te estarás preguntando de qué va el mensaje, a cuento de qué te estoy haciendo el ídem, y piensas con razón que ya es el momento de entrar en materia, de ir al hueso.
 
La reflexión presente me fue inspirada por la repentina crisis de sobre estimación de los jóvenes que sufren algunos candidatos presidenciales, y de la pretendida novedad que constituye el que algún huevón joven se postule al sillón de O’Higgins. Jóvenes los unos, viejos los otros, “La edad no tiene na’ que ver”.
 
No se trata de negar, desde luego, el papel esencial que la juventud debe jugar en los destinos del país. Ni tampoco de tirar nuestros mayores al tacho de la basura con el pretexto de que son vejestorios o entraron a formar parte de la cuarta edad. Lo dicho: “La edad no tiene na’ que ver”.
 
Si los políticos de este país se hubiesen ocupado de los jóvenes, el ex ministro de Educación Martín Zilic no hubiese tenido que poner en evidencia los horrores de la enseñanza privatizada y de nuestros hijos convertidos en pasto de las ansias de lucro. Zilic no hubiese tenido que afirmar que todo este sistema de enseñanza no es sino una estafa.
 
Si los políticos de este país se hubiesen ocupado de los viejos, si los adultos mayores tuviesen una previsión digna, si como dice Serrat “del pedazo de cielo reservado, para cuando toca entregar el equipo, repartiesen anticipos, a los mas necesitados”, la presidenta de lo que tenemos de república no tendría que andar repartiendo caridad pública bajo la forma de bonos, esas moneditas que son una forma de limosna para calmar la conciencia de quienes manejan la manija.
 
Joven o viejo, o navegando entre dos edades, el problema esencial para todos reside en cuando nos van a restituir los derechos soberanos que hacen libres a los pueblos y democráticas a las repúblicas.
 
Mientras perdure la Constitución que nos dejó la dictadura como una gonorrea en tiempos en que no existía la penicilina, viejo o joven, o simplemente adulto, se nos niega en cuanto pueblo, en cuanto ciudadanos. Mientras esa Constitución perdure somos todos un atado de huevones incapaces, en el sentido jurídico y en el sentido figurado.
 
Como te decía, “La edad no tiene na’ que ver”.
 
 

Escribe Luis CASADO – 12/06/2009