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Agosto 18, 2026

El Mahatma indoamericano

El inusual gesto del Presidente Evo Morales de declararse en huelga de hambre para obtener la aprobación del Congreso de una nueva ley electoral se inserta en una forma tradicional de lucha del pueblo boliviano. Y con este acto el líder indígena que hoy ocupa la Primera Magistratura en ese país demostró que es, ante todo, un luchador social.

La huelga de hambre se conoce históricamente como un recurso desesperado de militantes opositores y movimientos de la sociedad civil para que la autoridad atienda sus demandas. Miles de personas la han utilizado en el mundo y parece que es el gobierno de Londres el que más ha sufrido los impactos que estos gestos suelen tener, desde los ayunos de Mahatma Gandhi, pasando por los de las sufragistas británicas, hasta los de los irlandeses nacionalistas.

En Indoamérica en general, y en Bolivia en particular, tienen, además, una vinculación atávica con un sentido de inmolación por la tierra y por la causa del pueblo ante el opresor.

En la huelga de Evo –durante la cual se limitó a masticar coca y beber té de la misma hoja, mientras continuaba con parte de su agenda-, el Presidente quiso dar un testimonio en contra del sistema político y de las clases dirigentes. Aunque él esté al mando de la nación, sabe que no tiene todo el poder y que las oligarquías se niegan a democratizar el régimen  político, incluido el electoral.

De acuerdo a la nueva ley aprobada finalmente por el Congreso –tras un maratónico consenso construido conflictivamente, “a la boliviana”, como dijo el vicepresidente García Linera-, se establecerán siete curules exclusivos para ciudadanos indígenas en la que ahora se llamará Asamblea Legislativa Plurinacional y se reconocerá el derecho a sufragio a los inmigrantes y bolivianos en el exterior, aparte de permitir la reelección del Presidente.

Por tratarse de un proyecto no consensuado previamente –digamos “a la chilena”-, porque  era producto de un  mandato  de la Asamblea Constituyente que aprobó la nueva Carta Fundamental que rige desde febrero-, la oposición exigió una reempadronamiento de los inscritos, temerosa de un fraude en favor del MAS, el Movimiento al Socialismo.

Evo dio un golpe estratégico el sábado -después de iniciar su huelga el jueves- al aceptar un nuevo registro biométrico, con todo computarizado. Así el desafío del ayuno de protesta –efectuado también por cientos de ciudadanos- no sólo se dirigió al poder Legislativo, sino además al Judicial.

La Corte Electoral había argumentado no tener tiempo ni recursos para viabilizar la elección general del 6 de diciembre próximo, pero en la noche del domingo se  allanó a hacer la tarea, así como los parlamentarios opositores a volver a su labor legislativa. El tribunal exigió financiamiento y que no se convoque a otros comicios antes de ese mes.

Con esto, la victoria de Evo fue total: en un golpe de efecto, financiará el modernizado registro con recursos que estaban destinados al nuevo avión presidencial, y en un revés para la oposición, tendrán que aplazarse los plebiscitos autonómicos en cinco provincias previstos para julio.

¿Se trató de ilegítimas medidas de presión del jefe del poder Ejecutivo a los otros poderes del Estado, como reclamaron quienes se adscriben a una democracia formal y petrificada? No, fue una nueva fase que duró cinco días en la lucha de ahora y siempre de un líder social y político que se salió del sistema sin violentarlo para, por mandato popular, luchar por abrogarlo y reemplazarlo por uno más justo.