Con la muerte de la ex protagonista del Reality Show “Gran Hermano” Jade Goody, y quien en el último tiempo se reveló como la Parca hecha celebridad, muchos son los que cuestionan los alcances de la Televisión como ente partícipe en la construcción social de la realidad. Con una cohorte de periodistas, ingenieros e incluso “artistas” a su disposición, este mass media mantiene aisladas a las audiencias de algo más o menos cercano a los imperios de la moral y el goce estético y en cambio, enfangadas y atiborradas de mensajes cuyo fin único es trascender los límites de la decadencia más auténtica y vasta posible.En términos concretos la moral es una cuestión de poca monta en estos días, algo que pareciera incumbir sólo a cierto número de seres cuya resistencia contra el espectáculo hecho farándula y la política de sobresueldos se transforma en algo digno de loa. Los grandes críticos de la cultura del establishment (Marcuse, Eco, Barthes, etc.) ya se han dedicado exhaustivamente a desmitificar las supuestas bondades prometidas por los grandes capitales, cuyos intereses sin lugar a dudas, van mucho más allá del bien y del mal o de cualquier voluntad encomiable en su afán por mostrarnos a nosotros, el insalvable vulgo, el deber ser de nuestra época: la estupidez. De ahí que por ejemplo la televisión chilena, revuelto donde prolifera un contrapunto de mal gusto y antifilosofía, exhiba sin reservas la degradación humana a través de sus tandas programáticas donde no sólo se reafirman los estereotipos locales –la mujer obediente, el macho recio, la adolescente estúpida, etc.-, sino además donde se crean nuevas sendas por donde caminar hasta llegar al final de la caverna Chilensis, con su luz enferma y nauseabunda.
A nosotros los chilenos deberían otorgarnos una maestría en mala conciencia, dado que el BA (Bachelor of Arts) lo obtuvimos con el sólo hecho de asistir a la academia pública.
Todos los medios locales se refirieron en sus noticiaros a la muerte de la joven inglesa, repitiendo unos con más ímpetu que otros, la fuerte “controversia” que causó el hecho de que sea precisamente un Canal de Televisión el encargado de lucrar con la decadencia humana. Pero ¿Con qué cara pueden si quiera referirse al respecto? Basta contemplar durante un par de horas al día cualquier programa transmitido en los principales canales de TV Chilensis, para darnos cuenta de que acá en nuestra tierra tal “controversia” es absolutamente latente, dada la absoluta e inexorable condición de puerilidad en la que se ven envueltos MEGA, TVN, Chilevisión (el preludio cultural de Sebastián Piñera) y el medio de los santos y angelitos, Canal 13. Hasta el cansancio se ha dicho –desde la caballerosidad y mojigatería de los eruditos hasta la insolencia y ordinariez de nosotros los resentidos– que la televisión miente y destruye, obstaculiza y niebla las conciencias, pero todavía y luego de las más candorosas manifestaciones de repudio, los espacios urbanos y cibernéticos donde se manifiestan las audiencias pasan a ser el mitin ideal para ufanarse cada uno, con los conocimientos relativos al lecho, la sonrisa y la pasión de los protagonistas del espectáculo. Tal opinión pública es lo único verdaderamente nuestro. Ecce Hommo Chilensis.
Canal 13 es el incansable defensor de los valores cristianos. Allí se manifiestan los curas y obispos respecto a las plegarias de San Agustín por un mundo más “solidario”, o por una mujer dueña de casa y candorosa, por los diez mandamientos, los métodos anticonceptivos dañinos y perversos, o por el alma de dictadores, ladrones y asesinos. Pero además y por sobre todo, es el epicentro de eso que desde algún tiempo se eleva como el evento más esperado de los diversos semestres, a saber el Reality Show. En estos días sin ir más lejos, se transmiten episodios relativos al encierro de un grupo de cretinos cuyas vidas precisan transcurrir bajo el prisma del siglo XIX: allí se muestran amores y cansancios, jadeos, gimnasia y conspiraciones, y es a través de los “cabildos abiertos” –método de repudio mutuo entre los participantes cuyo fin cardinal es explotar aún más el voyeur y el masoquismo de la audiencia- donde se da el espacio para despachar al menos rentable de la semana ¿Aquella es la cultura cristiana que pregona la Iglesia Católica? Sin duda los es (Y la idea ni siquiera es original: todavía recuerdo un capítulo de Los Simpsons donde a propósito de la imposibilidad de habitar la casa familiar, tuvieron que buscar refugio en un Reality Show basado en el siglo XIX, constituyendo uno de los episodios más irónicos y sabrosos de esta serial animada).
¿Lucrar con la muerte produce “controversia”? En este sentido ¿Qué ocurre en Chile? En nuestro país, no sólo se producen ganancias cuantiosas con la muerte, sino además con la enfermedad, la malformación, las cicatrices visibles y las heridas profundas del alma. Por un lado de gestionan bendiciones y cadenas de oración por la hija del ministro “caída” en la piscina de una regia vivienda y por el otro, se exhiben como animales de feria a cuanto niño con cuatrocientas malformaciones físicas se le ocurra ir a pedir ayuda a la Teletón. En Chile, los medios ningunean una y otra vez a los miembros de pueblos originarios que exigen reparación a su sufrimiento histórico; en Chile, los medios basurean a la mujer y la condenan a la imagen triste y decadente de una figura idiota y rebajada; en Chile, la televisión transmite una “cultura” superflua y nauseabunda, que se nos dice, opera bajo el reino de la identidad y el clamor popular; en Chile la televisión manifiesta libremente y sin tapujos una política blanquecina y oficialista, que margina la disidencia y la castiga; en Chile la televisión basurea una y otra vez al ser humano, transformándolo en dato estadístico y en el motor impulsor de una fealdad que parece introducirse cada vez y con mayor profundidad en nuestra alma ¿No debería por lo tanto, la televisión chilena ser al fin puesta en tela de juicio?
Con la copia y plagio descarado de las malas ideas norteamericanas y europeas en materia de televisión, no debería sorprendernos que en un par de años o quizá en algunos meses, a Canal 13, por citar sólo un ejemplo, se le ocurra transmitir en vivo y en directo el ocaso de una vida. Y como el anhelo está latente en los cientos de miles de seguidores de esas orgías de las menudencias, habrá muchos dispuestos a entregar su paso al sueño eterno a un Reality Show. Los más devotos aguardarán gozosos el momento exacto del fin de esa existencia, para percibir con alegría a través de los sentidos cómo el manto celestial cubre al ser humano que polvo es y en polvo se convertirá (o que de un polvo viene y en polvo se convertirá). No hay duda que todo vuelve a sus orígenes.
