La pregunta más obvia es ¿qué hacer entonces? El Gobierno está preocupado y monitorea de cerca la actividad económica. Para evitar un aumento desmedido en la actividad económica y el desempleo, se generan medidas para apoyar la sobrevivencia del sistema productivo en épocas de crisis. Las políticas pro-empleo buscan sostener la competitividad de sectores económicos específicos como son la construcción y las pequeñas empresas, siendo estos sectores demandadores de mano de obra.
Por lo tanto, y aquí es a donde quiero apuntar, el pequeño empresario debe reaccionar rápido ante una amenaza de recesión. Para ello debe implementar acciones propias en los siguientes cuatro ámbitos estratégicos:
a) La asociatividad le permite generar importantes economías de aglomeración, que ciertamente ayudarán a la empresa a transitar mejor en la parte baja del ciclo económico. Los encadenamientos productivos con otras empresas permiten barajar mejores opciones de subsistencia en el mercado.
b) El acceso al financiamiento debe ser evaluado en forma permanente y para ello es importante manejar información oportuna sobre plazos y condiciones crediticias del sistema financiero.
c) La competencia en los sectores “tradicionales” seguirá siendo alta en el futuro. Para ello el pequeño empresario debe ahora enfocar sus esfuerzos productivos en la innovación, para así diferenciarse de la competencia con procesos productivos orientados a satisfacer a los clientes.
d) En períodos de recesión no debe subvaluarse la necesidad de invertir en marketing. De esta manera la pequeña empresa evitará perder participación de mercado y podrá estar en mejores condiciones, cuando la situación económica se normalice.
Santiago, 5 de marzo 2009
Juan Carlos Scapini
Director Ingeniería Comercial
Universidad Central
