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Agosto 18, 2026

Nocturno

Escribir, escriviviendo escuchando a B. Holliday, otra noche, esta noche, esas ganas de otredad que tiene el lector. La página del piano alegro, las gaviotas caminan por el tejado, los polluelos que caminan inquietos hacia una merluza nocturna que trajeron los alados padres

Se han callado un rato los perros, hasta que escuchan el tecleo del Morsa en el segundo piso del plafito
Las mareas se sienten en las arenas de las orillas del verano, el viento salado le da a los niños en sus rostros morenos, que se han montado en los ponis, en los cisnes que dan vueltas una y otra vez y las personitas asombradas de la giración de la tierra, a veces bailan frente al lobo marino amaestrado.

La muela del juicio se le va acomodando a la mordida.
Intentando veranear en un pastel de choclo.
Al lector le ha picado una pulga y ha perdido momentáneamente buena parte de su concentración en la acción de leer.
Un poco de humeo, jugo de naranjas y Billie Woman cantando en esta orilla de la noche chilena.
Con el pacífico oleando estas pequeñas insommiadas a lo cerca.
A lo lejos el recuerdo de la hija preguntando por una carretera andina sobre los países que van pasando.
Para ella los luceríos eran países.
Y el ronroneo del escarabajo iluminaba las tierras y los asfaltos.
Aunque esa vez la música era una que no me acuerdo.
Y que las lechuzas graznaron hace un momento su revuelo alegre.
El descanso y la playa bulliendo de pieles y de desnudeces que se dan en esta época del año.
Como las humitas amarraditas y la ensalada chilena.
Al lector le agrada la fruta de temporada porque es la sugerencia de la naturaleza única que tenemos todos.

Súbitamente se acabó la música o una de ellas la que dependía de la luz.
Le quedaban treintaycinco minutos para el anhelado tuto.
Mañana debería entubarla hacia la oficina. Hacia el rincón muy parecido al del lector.
El silencio fue lentamente inundando la calma.
Sin un porqué había vuelto la Holliday.
Poco duro el asunto igualito que las gaviotas calladas del tejado.
Puede que les agrade el tecleo y la música a intervalos, entre los suspiros de esta soledad electrónica.
Un cuento para irse durmiendo.
Y el cuaderno para ir anotando sueños como este,lector/ora.
Que dice el libro de Lola Hoffman en el velador del ahora.
Buenas Noches.Buena Suerte.
Jordi LLoret