Parece mentira que a estas alturas del carrete haya que recordar semejantes banalidades. No obstante, si me aprietas un poco iré hasta a escribir que si quieres mangar tranquilo tienes que “Dividir para reinar”, no sé si ves la originalidad del proverbio latino que es la contrapartida directa del otro, ese de la unión.
Sin embargo la izquierda chilena parece no conocer, o por lo menos haber olvidado lo que precede, como si fuese tan difícil responder a dos preguntas cuya trivialidad es de espanto: ¿Quiénes tienen interés en dividir para reinar? ¿Quiénes necesitan unidad para ser fuertes?
Por ahí por el año 1988 (¡joder…, estoy hablando del siglo pasado!), algunos meses antes del plebiscito del NO, escribí una parida que me fue retornada con una anotación de muy mala leche que insinuaba que servidor no entendía un cuesco de lo que estaba pasando.
La parida tenía por título “Las trampas del plebiscito” entre las cuales se contaba, a mi modesto entender, la división perdurable de la izquierda y la exclusión por cojones del PC y otros sectores juzgados poco convenientes para lo que venía. Entre esos sectores se contaba buena parte del PS, aquellos que siendo poco proclives a una renovación que tenía cara de desarme ideológico serían renuentes a un acomodo que impediría un retorno cabal a la democracia durante mucho tiempo.
Envalentonado, osé afirmar que la jugada orquestada por intereses que no eran los del pueblo de Chile nos iba a maniatar por dos o tres décadas.
No es por nada pero son estas cosas las que me motivan a seguir escribiendo.
Henos aquí veinte años más tarde divididos, excluidos, soportando una institucionalidad espuria y un modelo económico que era el tesoro a respetar, a salvaguardar y a consolidar para que un sector de los entonces demócratas accedieran al poder y a los negocios, consagrando así la herencia de la dictadura y la pertinencia del golpe de Estado.
Sergio Onofre Jarpa, ex ministro de la dictadura y dicho sea de paso el “exonerado” mejor pagado, lo pone clarito, clarito cuando dice: “Toda la política económica y la organización general de la institucionalidad chilena viene del gobierno militar. Nosotros estamos viviendo de eso”(entrevista con Fernanda Claro, revista Cosas)”.
Una declaración del recientemente fundado MAS, liderado por el senador Alejandro Navarro, recuerda muy a propósito que la unidad de la izquierda es esencial para reconstruir un proyecto propio. Y señala con mucha justeza que para hacer posible esa unidad es necesario hablar con los amigos antes de hablar con los adversarios.
Ya ves pa’onde iba yo con eso de que la “La unión hace la fuerza” y el simétrico “Dividir para reinar”.
En su declaración el MAS lo pone clarito, clarito… “la primera responsabilidad actual y el mayor esfuerzo de los dirigentes de la izquierda debe estar puesto en la reconstrucción de una alternativa a la Concertación y a la Derecha…”
Junto con recordar que la unidad “se construye en la acción” el MAS destaca muy acertadamente que el PC pasa más tiempo hablando con la Concertación que con sus pares de la izquierda.
Es verdad. Pero tal vez convenga recordar que el PC ha pagado el precio de la exclusión durante ya 35 años mientras otros frecuentaban el Parlamento, los ministerios, los corredores de Palacio y los aviones presidenciales.
La unidad de la izquierda, su credibilidad futura, requieren generosidad y algunos microsegundos de mea culpa por parte de quienes fueron instrumentales en la imposición de esta curiosa salida de la dictadura que se salda por la consolidación de sus objetivos esenciales: la dominación sin contrapeso del gran capital y de las multinacionales.
Unidad, unidad. Para generar la fuerza que derrote a la derecha que construyó el modelo y a la derecha que lo administra.
El único modo de derrotar a la derecha es reconstruir la izquierda, y para ello… la Unión hace la fuerza.
De nada. Cuando se te ofrezca.
Por ahí por el año 1988 (¡joder…, estoy hablando del siglo pasado!), algunos meses antes del plebiscito del NO, escribí una parida que me fue retornada con una anotación de muy mala leche que insinuaba que servidor no entendía un cuesco de lo que estaba pasando.
La parida tenía por título “Las trampas del plebiscito” entre las cuales se contaba, a mi modesto entender, la división perdurable de la izquierda y la exclusión por cojones del PC y otros sectores juzgados poco convenientes para lo que venía. Entre esos sectores se contaba buena parte del PS, aquellos que siendo poco proclives a una renovación que tenía cara de desarme ideológico serían renuentes a un acomodo que impediría un retorno cabal a la democracia durante mucho tiempo.
Envalentonado, osé afirmar que la jugada orquestada por intereses que no eran los del pueblo de Chile nos iba a maniatar por dos o tres décadas.
No es por nada pero son estas cosas las que me motivan a seguir escribiendo.
Henos aquí veinte años más tarde divididos, excluidos, soportando una institucionalidad espuria y un modelo económico que era el tesoro a respetar, a salvaguardar y a consolidar para que un sector de los entonces demócratas accedieran al poder y a los negocios, consagrando así la herencia de la dictadura y la pertinencia del golpe de Estado.
Sergio Onofre Jarpa, ex ministro de la dictadura y dicho sea de paso el “exonerado” mejor pagado, lo pone clarito, clarito cuando dice: “Toda la política económica y la organización general de la institucionalidad chilena viene del gobierno militar. Nosotros estamos viviendo de eso”(entrevista con Fernanda Claro, revista Cosas)”.
Una declaración del recientemente fundado MAS, liderado por el senador Alejandro Navarro, recuerda muy a propósito que la unidad de la izquierda es esencial para reconstruir un proyecto propio. Y señala con mucha justeza que para hacer posible esa unidad es necesario hablar con los amigos antes de hablar con los adversarios.
Ya ves pa’onde iba yo con eso de que la “La unión hace la fuerza” y el simétrico “Dividir para reinar”.
En su declaración el MAS lo pone clarito, clarito… “la primera responsabilidad actual y el mayor esfuerzo de los dirigentes de la izquierda debe estar puesto en la reconstrucción de una alternativa a la Concertación y a la Derecha…”
Junto con recordar que la unidad “se construye en la acción” el MAS destaca muy acertadamente que el PC pasa más tiempo hablando con la Concertación que con sus pares de la izquierda.
Es verdad. Pero tal vez convenga recordar que el PC ha pagado el precio de la exclusión durante ya 35 años mientras otros frecuentaban el Parlamento, los ministerios, los corredores de Palacio y los aviones presidenciales.
La unidad de la izquierda, su credibilidad futura, requieren generosidad y algunos microsegundos de mea culpa por parte de quienes fueron instrumentales en la imposición de esta curiosa salida de la dictadura que se salda por la consolidación de sus objetivos esenciales: la dominación sin contrapeso del gran capital y de las multinacionales.
Unidad, unidad. Para generar la fuerza que derrote a la derecha que construyó el modelo y a la derecha que lo administra.
El único modo de derrotar a la derecha es reconstruir la izquierda, y para ello… la Unión hace la fuerza.
De nada. Cuando se te ofrezca.
