Muchas son las especies animales que se desplazan día y noche de un lado para otro para sobrevivir por bosques accidentados y campos solitarios y como dice un proverbio chino, el movimiento es la vida. Panguipulli es tierra salvaje en todo su esplendor. El hombre es parte integral de este mundo circundante. Los leones lanzan rugidos que resuenan como ecos al caer al vacío de los valles profundos de la Cordillera majestuosa.
Paisajes magníficos bañados por el lago imponente expresando poesía infinita, y ríos profundos que serpentean por las laderas montañosas hasta alcanzar el reposo deseado en el vientre del lago en sus aguas dormidas de color esmeralda.
José Mercedes Vergara, nació y vivió en esta tierra austral magnifica, recorrió como un gran conocedor esta región bordada de flores hermosas de distintos colores que sorprenden al viajero, plantada de árboles frondosos, típicos de la selva valdiviana, escuchando el trino de los pájaros al amanecer el día tras los picachos cordilleranos. El venía de una familia modesta que al igual que el campesino, con el correr del tiempo vive haciendo surcos en lugares, a veces, inhóspitos para sembrar la semilla de la esperanza que en primavera comenzará a dar frutos. Desde temprana edad tomó conciencia con mucha convicción de su condición de ciudadano del mundo, de sus responsabilidades sociales y humanas frente a los demás, las asumió con ahínco hasta que la llama de su vida se apagó para siempre, pero antes de despedirse de este mundo, aportó un granito de arena, cumplió cabalmente con su misión de perpetuar la condición humana con su lanza principal, la solidaridad, entregando todo lo que él podía hacer para sus congéneres y así fue. Primero, fue un actor social importante en la recuperación de tierras de la región para el pueblo mapuche, era conocido como el abogado de los mapuches instándolos a luchar contra los abusos y atropellos y al mismo tiempo defendiendo sus derechos en los tribunales de la República. Ganó algunos juicios.
El 11 de septiembre de 1973 se desató el sangriento golpe de Estado en contra del presidente constitucional Salvador Allende, el vendaval fascista azotó la región de Panguipulli, con toda su violencia, provocando desapariciones forzadas y asesinando a hombres y mujeres del pueblo, como también ocurrió con características similares en casi todo el territorio chileno, y a veces incluso en el extranjero. Los trabajadores del complejo maderero de Panguipulli fueron un objetivo prioritario de la atroz persecución política, los dardos de la dictadura militar fueron lanzados contra ellos de manera implacable. Coparon la región el día 12 de septiembre de 1973. Neltume se conoció en el mundo entero por ser víctima de la persecución más despiadada, él que se escapaba podía salvar con vida con un poco de suerte. La tortura, la represión, el miedo y la muerte fue el plato cotidiano para muchos dirigentes sindicales y militantes de izquierda.
Los investigadores hablan de la expulsión de sus lugares de trabajo y hogares de más de 2000 trabajadores de la madera de la región de Neltume. El éxodo masivo premeditado por los militares se transformaba así en una triste realidad. Muchos emprendieron la ruta en dirección de la Argentina , generalmente a pie, sobreponiéndose a las inclemencias del tiempo y a la accidentada geografía, pero la gran mayoría lo hizo hacia la ciudad de Panguipulli, sin tener absolutamente ningún techo donde albergarse, ni nada para comer. Si situamos el mismo problema en el contexto actual, se hablaría de “catástrofe humanitaria,” pero en aquellos tiempos se les calificaba de subversivos y comunistas a los que había que rechazar toda ayuda, el clima-ambiente era decididamente negativo para esta gran masa humana.
En aquel momento amargo y gris interviene José Mercedes Vergara para prestar servicios incondicionales a estas personas, prácticamente abandonadas a su suerte, sin dudar un instante, arriesgando su vida y lo menos que podía esperar era de ser encarcelado por los esbirros de la dictadura. El puso a disposición sus tierras que poseía en las alturas de Panguipulli, lo que ahora se conoce como la Población Lolquellén. Era un bello paisaje, con muchos tulipanes, algunos animales y bosques verdes con sus avecillas multicolores, desde este mirador natural él podía lanzar una mirada azul hacia el lago centelleante por los rayos silenciosos del sol estival y divisar el volcán Choshuenco en la lejanía, cubierto por la nieve inmaculada. El hombre fue amenazado por las denominadas “autoridades militares de facto” y colaboradores oportunistas de la dictadura, a pesar de todo logró imponer su proyecto humanitario, llevándolo a cabo sin temblar ni un segundo. Hizo entrega inmediata de sus terrenos a la gente humilde por un par de pesos o se los regalaba, pagaban si tenían medios para hacerlo. Lo importante para él era ayudar a estas personas perseguidas para que pudieran albergarse bajo un modesto techo. Entregó escrituras redactadas con su puño y letra. El alcalde de quien no vale la pena dar su nombre era por supuesto el hombre fuerte del régimen, era un miserable tipo, decidió perseguirlo con toda la fuerza de la arbitrariedad de aquella triste época, lo encarceló en Valdivia, a pesar de tratarse de una persona de más de 70 años y además sin haber cometido ningún delito. La gente beneficiada con el proyecto solidario de José Mercedes Vergara, iba a la cárcel de Valdivia a visitarlo, a buscar sus escrituras y a exigir su liberación. En su tediosa celda de la cárcel persistió en su proyecto con mucha firmeza moral, tal un león indómito de esta tierra austral milenaria, redactando escrituras para los futuros propietarios de terrenos. Y fue así que nació, en definitiva, la población Lolquellén en un parto de alto riesgo y muy doloroso, levantándose en la oscuridad de la noche para escapar de la persecución y del desalojo, pero gracias sobre todo a la voluntad inquebrantable de este hombre. A pesar del cerco tendido por las fuerzas policiales represivas, la gente luchó por todos los medios para instalarse allí definitivamente.
Fue un acto de desobediencia civil de un ciudadano libre que evolucionaba con indignación en un régimen dictatorial para oponerse a la violación sistemática de los derechos humanos, un gesto humano de resistencia decisivo para ayudar a este grupo de personas perseguidas por los pinochetistas.
José Mercedes Vergara estaba muy enfermo y débil, al ser liberado de la prisión vivió sus últimos días en la tristeza y la angustiosa enfermedad. Fue una víctima expresada en la nobleza del espíritu humano de un rebelde que no se doblegó jamás ante las adversidades y brutalidades del poder militar, continuó su combate con dignidad por una causa justa en la que él creyó y sin concesión alguna. Fue un hombre de una calidad humana superior que forjó su conciencia en la realidad social de todos los días, de esos que nunca mueren y viven para siempre en el recuerdo de muchas personas que lo conocieron y lo apreciaron por su lealtad y capacidad en respetar sus compromisos. Nos ha dado una lección de voluntad y coraje a todos, sin excepción, de coherencia en su pensamiento, con su acción segura y ejemplar, creyendo en los hombres y mujeres para construir un futuro más digno y solidario.
A fines de febrero se darán cita los vecinos que conforman la población Lolquellén, para recordarlo como una persona ejemplar que pagó en vida con humillaciones y atropellos a su condición de honesto hombre y de simple ciudadano, y al mismo tiempo para convertir su memoria en algo vivo. La puerta de la historia se esta abriendo poco a poco, quizás tardíamente, y el eslabón que faltaba en la historia de Panguipulli pasará a reforzar esta gran cadena humana que servirá para construir un pedazo de futuro mejor. Ellos han querido rendirle un merecido homenaje bajo forma de un reconocimiento ciudadano que consiste en otorgarle el nombre de la actual calle Las Palomas. Desde esta fecha, esta calle pasará a llamarse José Mercedes Vergara Hermosilla. Paralelamente, en un acto solemne se inaugurará la avenida Salvador Allende con la presencia de la diputada Isabel Allende. Magnífico gesto de proximidad, pero además contundente decisión, como voluntad de expresión popular. Cuyo nombre quedará para siempre unido, como un cordón umbilical al corazón de la ciudad lacustre. Alfonso González, presidente de la Junta de vecinos Lolquellén concluye así: “es motivo de gran orgullo de poder realizar este pequeño reconocimiento por aquellos que ayer lo dieron todo por ayudarnos a vivir mejor en los momentos más dolorosos del pasado de nuestras vidas.
José Mercedes Vergara, nació y vivió en esta tierra austral magnifica, recorrió como un gran conocedor esta región bordada de flores hermosas de distintos colores que sorprenden al viajero, plantada de árboles frondosos, típicos de la selva valdiviana, escuchando el trino de los pájaros al amanecer el día tras los picachos cordilleranos. El venía de una familia modesta que al igual que el campesino, con el correr del tiempo vive haciendo surcos en lugares, a veces, inhóspitos para sembrar la semilla de la esperanza que en primavera comenzará a dar frutos. Desde temprana edad tomó conciencia con mucha convicción de su condición de ciudadano del mundo, de sus responsabilidades sociales y humanas frente a los demás, las asumió con ahínco hasta que la llama de su vida se apagó para siempre, pero antes de despedirse de este mundo, aportó un granito de arena, cumplió cabalmente con su misión de perpetuar la condición humana con su lanza principal, la solidaridad, entregando todo lo que él podía hacer para sus congéneres y así fue. Primero, fue un actor social importante en la recuperación de tierras de la región para el pueblo mapuche, era conocido como el abogado de los mapuches instándolos a luchar contra los abusos y atropellos y al mismo tiempo defendiendo sus derechos en los tribunales de la República. Ganó algunos juicios.
El 11 de septiembre de 1973 se desató el sangriento golpe de Estado en contra del presidente constitucional Salvador Allende, el vendaval fascista azotó la región de Panguipulli, con toda su violencia, provocando desapariciones forzadas y asesinando a hombres y mujeres del pueblo, como también ocurrió con características similares en casi todo el territorio chileno, y a veces incluso en el extranjero. Los trabajadores del complejo maderero de Panguipulli fueron un objetivo prioritario de la atroz persecución política, los dardos de la dictadura militar fueron lanzados contra ellos de manera implacable. Coparon la región el día 12 de septiembre de 1973. Neltume se conoció en el mundo entero por ser víctima de la persecución más despiadada, él que se escapaba podía salvar con vida con un poco de suerte. La tortura, la represión, el miedo y la muerte fue el plato cotidiano para muchos dirigentes sindicales y militantes de izquierda.
Los investigadores hablan de la expulsión de sus lugares de trabajo y hogares de más de 2000 trabajadores de la madera de la región de Neltume. El éxodo masivo premeditado por los militares se transformaba así en una triste realidad. Muchos emprendieron la ruta en dirección de la Argentina , generalmente a pie, sobreponiéndose a las inclemencias del tiempo y a la accidentada geografía, pero la gran mayoría lo hizo hacia la ciudad de Panguipulli, sin tener absolutamente ningún techo donde albergarse, ni nada para comer. Si situamos el mismo problema en el contexto actual, se hablaría de “catástrofe humanitaria,” pero en aquellos tiempos se les calificaba de subversivos y comunistas a los que había que rechazar toda ayuda, el clima-ambiente era decididamente negativo para esta gran masa humana.
En aquel momento amargo y gris interviene José Mercedes Vergara para prestar servicios incondicionales a estas personas, prácticamente abandonadas a su suerte, sin dudar un instante, arriesgando su vida y lo menos que podía esperar era de ser encarcelado por los esbirros de la dictadura. El puso a disposición sus tierras que poseía en las alturas de Panguipulli, lo que ahora se conoce como la Población Lolquellén. Era un bello paisaje, con muchos tulipanes, algunos animales y bosques verdes con sus avecillas multicolores, desde este mirador natural él podía lanzar una mirada azul hacia el lago centelleante por los rayos silenciosos del sol estival y divisar el volcán Choshuenco en la lejanía, cubierto por la nieve inmaculada. El hombre fue amenazado por las denominadas “autoridades militares de facto” y colaboradores oportunistas de la dictadura, a pesar de todo logró imponer su proyecto humanitario, llevándolo a cabo sin temblar ni un segundo. Hizo entrega inmediata de sus terrenos a la gente humilde por un par de pesos o se los regalaba, pagaban si tenían medios para hacerlo. Lo importante para él era ayudar a estas personas perseguidas para que pudieran albergarse bajo un modesto techo. Entregó escrituras redactadas con su puño y letra. El alcalde de quien no vale la pena dar su nombre era por supuesto el hombre fuerte del régimen, era un miserable tipo, decidió perseguirlo con toda la fuerza de la arbitrariedad de aquella triste época, lo encarceló en Valdivia, a pesar de tratarse de una persona de más de 70 años y además sin haber cometido ningún delito. La gente beneficiada con el proyecto solidario de José Mercedes Vergara, iba a la cárcel de Valdivia a visitarlo, a buscar sus escrituras y a exigir su liberación. En su tediosa celda de la cárcel persistió en su proyecto con mucha firmeza moral, tal un león indómito de esta tierra austral milenaria, redactando escrituras para los futuros propietarios de terrenos. Y fue así que nació, en definitiva, la población Lolquellén en un parto de alto riesgo y muy doloroso, levantándose en la oscuridad de la noche para escapar de la persecución y del desalojo, pero gracias sobre todo a la voluntad inquebrantable de este hombre. A pesar del cerco tendido por las fuerzas policiales represivas, la gente luchó por todos los medios para instalarse allí definitivamente.
Fue un acto de desobediencia civil de un ciudadano libre que evolucionaba con indignación en un régimen dictatorial para oponerse a la violación sistemática de los derechos humanos, un gesto humano de resistencia decisivo para ayudar a este grupo de personas perseguidas por los pinochetistas.
José Mercedes Vergara estaba muy enfermo y débil, al ser liberado de la prisión vivió sus últimos días en la tristeza y la angustiosa enfermedad. Fue una víctima expresada en la nobleza del espíritu humano de un rebelde que no se doblegó jamás ante las adversidades y brutalidades del poder militar, continuó su combate con dignidad por una causa justa en la que él creyó y sin concesión alguna. Fue un hombre de una calidad humana superior que forjó su conciencia en la realidad social de todos los días, de esos que nunca mueren y viven para siempre en el recuerdo de muchas personas que lo conocieron y lo apreciaron por su lealtad y capacidad en respetar sus compromisos. Nos ha dado una lección de voluntad y coraje a todos, sin excepción, de coherencia en su pensamiento, con su acción segura y ejemplar, creyendo en los hombres y mujeres para construir un futuro más digno y solidario.
A fines de febrero se darán cita los vecinos que conforman la población Lolquellén, para recordarlo como una persona ejemplar que pagó en vida con humillaciones y atropellos a su condición de honesto hombre y de simple ciudadano, y al mismo tiempo para convertir su memoria en algo vivo. La puerta de la historia se esta abriendo poco a poco, quizás tardíamente, y el eslabón que faltaba en la historia de Panguipulli pasará a reforzar esta gran cadena humana que servirá para construir un pedazo de futuro mejor. Ellos han querido rendirle un merecido homenaje bajo forma de un reconocimiento ciudadano que consiste en otorgarle el nombre de la actual calle Las Palomas. Desde esta fecha, esta calle pasará a llamarse José Mercedes Vergara Hermosilla. Paralelamente, en un acto solemne se inaugurará la avenida Salvador Allende con la presencia de la diputada Isabel Allende. Magnífico gesto de proximidad, pero además contundente decisión, como voluntad de expresión popular. Cuyo nombre quedará para siempre unido, como un cordón umbilical al corazón de la ciudad lacustre. Alfonso González, presidente de la Junta de vecinos Lolquellén concluye así: “es motivo de gran orgullo de poder realizar este pequeño reconocimiento por aquellos que ayer lo dieron todo por ayudarnos a vivir mejor en los momentos más dolorosos del pasado de nuestras vidas.
