(lo mismo sucede en el aeropuerto de Buenos Aires… ¡Ay! Una señora ultra cuica de la sociedad chilena, su apellido me lo tengo para mí, quiso pasar el control sin ser controlada… obvio, capitalista chilena, gallo… y, una funcionaria argentina, la trató de “Carajo” y le sacó casi todas las pilchas de piel que llevaba en su maletita con broches de oro. La cuica, me pedía ayuda en “ingles”, yo, el chapulin colorado de los cuicos? “Señora, no haga teatro y coopere con los funcionarios” le respondí con mi castellano de exiliado. “Qué ultraje, help…” ¡Ay! Que caos… Mi corbata apretaba mi cuello. Dicen que cuando me pongo corbata parezco príncipe del “Tau tau…” Nunca he comprendido que cresta es el “Tau tau…” Pregunté al creador del “Tau Tau” y el me dijo que es un reino imaginario en cuyo suelo viven miles de mujeres con sus senos al aire… por eso.. lo del “Tau tau…”. Quedé en las mismas… pero el creador del “Tau tau” me dijo que en castellano quiere decir: “ Tetas, tetas”. Linda la guea, le dije… yo príncipe del “Tau tau”, por suerte que no me dijo príncipe del “Couco Couco”… En fin, la señora cuica, pagó su arrogancia. Los funcionarios de los aeropuertos son gente con dolor de muelas. Pasan enojados. Son mal genios. Algunos se creen el descartuchador de virgenes. Con ellos hay que ser cautos. Hay que inflarlos a mitad. Si saluda se le saluda. Si uno hace el contrario… por educado te empelotan en un dos por tres. Un saludo es como esconder algo. Son teorías de los funcionarios. Eso ya me ha pasado en carne propia. Por huevón. Por educado… me abrieron las maletas. Nunca más un ¡hola! ¡llegué! A la chucha la felicidad. En los aeropuertos hay que ser como todos los funcionarios… taciturnos, con dolor de muelas y no caminar como si se tuviera almorranas porque sino… a la oficina y “empelótate, ahora agáchate… ya… un poquito más…, ok, te podí vestir porque no tení naaa, pero lávate el potito la próxima vez”).
La niña la dejé a mis espaldas. No tengo cara de gringo pero no me achico delante los prepotentes. El funcionario al verme con la niña nos hizo pasar rápidamente. Cierto que no conozco la historia de su regreso al aeropuerto de Madrid. Me imagino su terror. En Madrid uno vuela a Suecia y no dejan pasar… luego los devuelven a Chile. Difícil no recordar las frustraciones del personal de investigaciones o de la policía internacional. Todo ocurre en los pasillos o transito, es muy sencillo entrar a un aeropuerto pero no se sabe si se saldrá de él. Mejor es tomar un tren, dicen los más enfadados. Los países de Europa son como una hebra de hilo en los mapas. Viejas serpientes de nieve o de sol dibujado; aletargado continente en muletas de anciano. Mis ideas sobre Barcelona eran claras: pasarlo raja. En el tránsito busqué una zona para fumadores. Fumar en los lugares públicos es como ser un golpista de la salud.
Todos reclaman. Andan huyendo con máscaras antitabaco y ocultando que fueron fumadores viscerales. Encendí un cigarrillo y me puse a jugar con él. Parecía dibujar con el humo, entre anillos y otras figuras, unos panfletos contra la represión psíquica de los funcionarios de los aeropuertos. Unas figuras de humo eran como columnas de seres encadenados. Otras, de elefantes y hasta de toros que arrasaban el estrecho espacio para los fumadores. Estaba por crear otra figura cuando vi que un hombre humilde, barbón, manos grandes y uñas completamente sucias, se acercaba a mí para pedirme fuego. Sus ojos eran el perfecto retrato de una figura vencida por el cansancio. Un personaje tipo: “Lo que el viento se llevó”. En su mirada vi un mapa, vi la reconstrucción de una historia olvidada; vi la heroica gestión de las tribus que organizaban las emigraciones para salvar a su gente; vi un ser violento y ultrajado. Fue humillado delante todos los otros pasajeros. Fue una demostración para el mundo de los viajeros ya que ése ultraje era como una caricia eléctrica en los testículos de un ser sospechoso.
Basel comparte su aeropuerto con Francia. Los que llegan del país galo y no son de la Comunidad Europea deben pedir visa y pasar luego por la aduana. No hay un tránsito directo. Hijos de puta, dijo él amigo obrero al encender su cigarrillo. Le pedí que se sentara a mi lado. Aceptó. Descolgó su mochila, antigua, más parecida a un baúl de alhaja egipcias y la puso a su lado. Una mochila de rotos, dirían los pitucos en Chile. ¡Ay, madre.Orgía de la rotería internacional que viaja por aeropuertos para gente decente!, habrían dicho los cuicos. Yo admiraba su fidelidad hacia su mochila porque otra persona ya la habría botado a la inmundicia. Su carga: cervezas y comida. “No me hagas escribir tus penas”, le pedí mentalmente. La verdad es que mi intención era seguir jugando con el humo de mi pucho. Deseaba inventarme el sol y las playas de Barcelona; deseaba pintar con mi humo las palmeras y el paseo de la Rambla. Con la presencia del hombre me pareció perder el celeste de mi sueño y todo se volvió ruina. Cosas de aeropuerto, es verdad, y no era apropiada para empezar mis vacaciones.
– Soy un barba Azul, me dijo.
-¿Barba Azul?-
Pensé unos segundos. Me reí un poco y encendí otro cigarrillo.
– Soy árabe, ¿teme a los árabes, amigo?- Me preguntó.
– No temí ni a la bestia de Pinochet menos voy a temerle a un ser humano , le dije. Los ojos del hombre, como por magia, se transformaron en dos perlas de hermosa mirada y me dio su mano.
– Trabajo como albañil en Francia -, me dijo. – Viajo a mi tierra, Libia -.
– Libia… me dije… Quise decirle mil cosas de Muamar Al-Gadafi; deseaba decirle que Al-Gadafi era el dictador de las mil locuras y el emperifollado orate de las vajillas de oro mientras su pueblo se deshojaba de penas y hambre.
– Para viajar mi patria tuve que pasar mil humillaciones y unas cuantas penas en la aduana Suiza…- recitó en el momento que sacaba dos cervezas y me ofrecía una.
– Hoy se presentaba delante mí como un personaje de los famosos cuentos de <Perrault>. Pensé en el nuevo barba Azul y en su hermoso pueblo. Me imaginé su casa, sus hijas y su jardín porque una casa sin jardín es como una vivienda sin alma.
Pero desgraciadamente este hombre nunca había tenido hijas ni mucho menos una casa. Esto me molestó porque al mirar al hombre le encontré un aspecto más triste, tan penoso y tan terrible. Una vecina suya, dama distinguida, me decía, tiene dos hijas muy hermosas las cuales desea casarlas lo más pronto posible. Por un chat de Internet él pidió la mano a una de las s hijas de la iñora. La madre las vendía y eran caras, o muy caras para él. Ahora iba a Libia para buscar una mujer simple y que no cueste tanto. Barba Azul no quiso decirme su nombre… Pasaban unos policías y se reía de ellos. El tiempo se nos iba por las manos…, me dijo que los policías lo habían tratado muy mal… Todo la jornada laboral sin hacer mucho, le dije, pues en cuanto ven un tipo solitario se lo apuestan entre ellos y salen de cacerías o de pesca, para ver con que cosa se hará el gran festín del día. Nos fumamos el último pucho, nos servimos la última cerveza y nos entregamos un apretón de mano… Él viajaba a su patria y yo a España.
Godosky
