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Agosto 18, 2026

España cede soberanía ante Colombia

En los años negros de las dictaduras militares del Cono Sur, la unidad de acción entre los servicios de inteligencia  de Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia, Brasil y Paraguay facilitó la entrega de  militantes de la izquierda política y social hasta el extremo de crear una red del terrorismo subcontinental. El eje  de dicha estrategia era evitar  la reorganización de las fuerzas democráticas. Se asesinó a muchos de sus destacados dirigentes y la par que se silenciaba la denuncia por violación de los derechos humanos en dichos países.

Esta alianza se conoció posteriormente  como operación Cóndor.  Muchos uruguayos fueron entregados  a la policía Argentina o  chilenos. También aconteció con brasileños, paraguayos y bolivianos, aunque no importaba si la nacionalidad era de los estados implicados, bastaba con ser considerado un peligro para la seguridad nacional. Entre sus crímenes más abyectos figuran el asesinato de Orlando Leterier y su secretaria en Washington, la del General Carlos Prats y su compañera en Buenos Aires y el atentado contra el vicepresidente del gobierno de la democracia cristiana  del gobierno de Eduardo Frei, exiliado en Italia  Bernardo Leigthon. Su actuación era consentida por  los servicios secretos norteamericanos. Todas las oficinas con algún peso en el proceso de toma de decisiones hacia América latina  estaban al tanto de las  operaciones que se llevaban a cabo. Los embajadores, la CIA, el Pentágono  pasaban  informes a sus  jefes de sección. Algunos prohombres de las administraciones republicanas apoyaban abiertamente el exterminio y el genocidio. Henry Kissinger,  Roger Fontaine, Jeane Kirpatrick, Negroponte. Otros miembros del consejo de seguridad nacional y la secretaría de Estado   consentían  y  no presentaban batalla. Eran tiempos de guerra fría.

  La tortura, desaparición y asesinato constituía un símbolo de la lucha anticomunista. Las dictaduras se sustentaban en la doctrina de la seguridad nacional y las guerras de baja intensidad. El respeto de la legalidad  tampoco tenía valor. El derecho de habeas corpus, o las  garantías de un juicio justo eran sustituidos por detenciones ilegales, torturas y vejaciones psíquicas. La arbitrariedad era la norma. Si Chile pedía que Argentina les enviase a militantes residentes en su territorio se les detenía sin dilación. Se llegaba a su casa con un  operativo policial  y se les apresaba. Para guardar las apariencias se montaba un falso historial ad-hoc el cual se entregaba a la prensa con fotos del detenido como si se tratase de un criminal peligroso y cuyos antecedentes lo implicaban en miles de actos delictivos. Así se arrestaba a un terrorista internacional. Luego se entregaba a sus correligionarios para que se le hiciese desaparecer del mapa terrestre. Todo estaba atado y bien atado. Actuaban con celeridad. Estas maniobras eran una  tapadera para  lavarse las manos. La facilidad de movimiento fue aplastante. Para conseguir la detención solo hacia falta una  llamada de teléfono y el dispositivo funcionaba ipso facto. Los servicios secretos y los aparatos represivos ponían la maquinaria en funcionamiento. Así se complacía la petición de unos correligionarios.

Con esta perspectiva fueron apresados y posteriormente desaparecidos cientos de ciudadanos cuyo único delito fue luchar por la libertad y la democracia en sus respectivos países. La operación Cóndor  quedará grabada en la historia como una maquinaria de muerte cuya patente de corzo se extendió hasta difuminar  las fronteras fundadas en el principio de la soberanía nacional. En sus entrañas  se  acuñó una propuesta de fundamentos  geopolíticos y seguridad hemisféricos diseñados por los Estados Unidos donde la cooperación internacional conlleva una  pérdida de soberanía.  Así, conceptos tales como derechos  de extradición, de ejercicio soberano de autodeterminación,  quedaron sin efecto. Dichas nociones  se sustituyeron por principios espurios tales como la lucha anti-comunista, anti-terrorista y anti-subversiva donde  no rigen ni la justicia ni el derecho internacional. Mientras duró la operación cóndor y se mantuvieron las tiranías, los ministerios de interior, asuntos exteriores, los servicios de seguridad y  la administración pública   vieron aumentar sus presupuestos tanto como su trabajo. Algunos funcionarios hicieron carrera. Jueces, abogados, fiscales, ministros, embajadores  prestaron sus servicios para  semejante felonía.  

La ironía  hace  que España en pleno siglo XXI repita a su manera  la operación cóndor como  una farsa. Hoy, el ministro del interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ordena la detención con falsos  documentos  procedentes  del trucado ordenador del miembro de  las FARC asesinado en Ecuador, Raúl Reyes,  de Remedios García., a la sazón ciudadana española residente en El Escorial a la cual  le imputa ser la representante de las FARC para Europa, según  dice consta en dicho ordenador. Con ello, el ministro cree ciegamente en los historiales enviados por el gobierno del narcotraficante Álvaro Uribe. Es la primera vez que se viola el derecho  de soberanía y de protección de los connacionales y se manda a detener sin prueba  y solo con la palabra dada de un gobierno acusado de violación continua de los derechos humanos a una española en España. Con esta maniobra, se  apoya la política narco-paramilitar de Colombia con la anuencia del ministerio de Asuntos Exteriores y la fiscalía de la audiencia nacional.  El objetivo, criminalizar  y evitar el apoyo de las organizaciones sociales y políticas españolas que se manifiestan por una salida negociada de la violencia en Colombia.  Con ello, el gobierno del PSOE  renuncia a la protección de sus ciudadanos en territorio nacional, sometiéndose a los designios de un gobierno corrupto como el de Colombia. Para rematar la maniobra, las semejanzas con la operación cóndor saltan a la vista. Alfredo Pérez Rubalcaba, mandó  filtrar a la dirección, la foto y parte de su vida  a los medios de comunicación, señalando a Remedios como una terrorista internacional. Ella ha sido despedida de su trabajo y  se encuentra en condición precaria. Nadie asume la responsabilidad de los hechos, aunque el juez no encuentra motivos consistentes para ser imputada y decreta su libertad bajo fianza.  Se desvela el montaje.  A este caso, le están siguiendo  otros. Lo anterior hace pensar  que España pierde soberanía y es  un país  indigno  de considerarse  defensor de los derechos humanos  y  del habeas corpus de sus propios ciudadanos, más si sus aliados en América latina son por excelencia Álvaro Uribe y Felipe Calderón.