Tal vez una de las problemáticas mayores que enfrenta el periodismo es el de la Verdad. En el universo de la Oligarquía de la Información Chilena, no existe medio alguno –televisión, prensa escrita, radio, etc.,- que se preocupe de estructurar acaso verdades a medias pero en cambio sí suelen vomitar con cierta periodicidad algunos acontecimientos pedestres y que en prácticamente su totalidad obedecen a la lógica de la renuncia, la desidia y el acaso. El estudio de la “Verdad” en occidente tiene una tradición de algo más de dos mil años, con cientos de Kant, Hegel, Marx, Nietzsche y Heidegger a su haber, de tal manera preguntamos ¿Cómo es posible que gran parte de la audiencia crea ciegamente en las construcciones –a menudo capitalistas- publicadas en nuestros oligárquicos medios de desinformación e incomunicación? ¿Por qué estos medios constituirían la luz de la sabiduría, única fuente dónde la verdad y la mentira, la razón teórica y la razón práctica, aparecen sintetizadas en doscientos caracteres?
¡Verdades a Medias no! Verdades a la Medida sí.
De ordinario los Medios de Comunicación “estudian” la cuestión social a la luz de los sucesos retorcidos e innobles que tocarán a más de un corazón plebeyo; escaramuzas sexuales y escatológicas, asaltos a mano armada y posesiones de cuerpo a través de las múltiples y diversas corrientes de la hechicería.
Lo peor es que venden su alquimia rastrera y coheliana tutelados por un gobierno burgués que hace de las “problemáticas” delirantes e inmanentes a toda sociedad, asunto trascendente a partir del cual nosotros los seres comunes precisamos estructurar un riguroso estudio desde una visión multidisciplinaria. Así funciona el mundo en la era de la ¿Información?
Pero lo cierto es que, más allá de lo poco que pueda aportar un periodista a la verdad en un medio de comunicación dónde la rapidez y la contingencia priman antes que todo –y esto concierne incluso a trincheras de resistencia como El Clarín-, nuestra preocupación se centra en la obcecada voluntad de algunos Mass Media de elevar cuestiones eminentemente fútiles y de una naturaleza concerniente sólo a los imperios de la imbecilidad, como si de verdades absolutas y definitivamente trascendentes para la humanidad se tratara. De ahí la existencia lamentable de programas periodísticos basura donde no solamente se discute la estupidez de la delincuencia (cuestión de hocico y patas en Chile) sino además el negocio “tránsfugo” de los piercings y otras modas populacheras impulsadas por los mismos medios que ahora las atacan; los cuidadores de vehículos “malvados” en esencia; el “aborto”; las drogas consumidas y/o vomitadas por los recios hijitos de papá del barrio alto; ¡La prostitución!..
Desde hace algún tiempo la moda periodística orientada hacia la “denuncia” –regentada y popularizada por los incubus de la Política chilena, RN y UDI- es lo que más vende en televisión. Tal vez eso explica las prácticamente inexistentes diferencias entre programas como “Aquí en Vivo”, “En la Mira”, “Contacto” o “Informe Especial”, donde periodistas y secuaces colocan en tela de juicio la integridad profesional al inmiscuirse con cámaras escondidas e identidades falsas, a los lugares donde aguardan para espetar sus verdades a la medida del poder oficial, es decir; desenterrando naderías que en menor grado alterarán la vida de las clases populares y en cambio producirán arcadas, jadeos y retorcijones de estómago a los burgueses que ven cómo su pizzería favorita ofrece productos con restos de feca y con qué tupé les venden jugo de limón enlatado cuando lo que ellos querían adquirir era el fijador con el que pretendían estirar sus ensortijados vellos púbicos. Ecce Hommo Chilensis.
Cualquiera entiende que la delincuencia ordinaria es una Institución inmanente a las sociedades, y cuya eliminación será posible el día en que se desintegren las estructuras que regulan el normal funcionamiento de la relación amo-esclavo, la publicidad y medios de comunicación que ofertan felicidad sin límites y asequible sólo a quienes cuenten con el dinero para pagar, o el esnobismo exhibido día a día por una sociedad enajenada que vomita su alegría al saberse dueña de automóviles, carteras, i-pods y fortalezas urbanas, todo lo cual aborta la desdicha y por supuesto otorga real sentido a la existencia. Sin duda el fin de la delincuencia (delinquir: traspasar los límites de una moral creada por y para sujetos y cuyo funcionamiento se logra gracias a la acción de entes que, parafraseando a Foucault, Vigilan y Castigan) significaría el inexorable ocaso de la sociedad, o al menos de la estructura democrática tan buscada y anhelada por todos ya que sólo en Dictaduras y tiranías como la de Pinochet por ejemplo, hubo represión a de los sentidos a tal escala. De ahí la absoluta estupidez que subyace a todos los programas de televisión que se dedican a moralizar respecto al robo y todas sus manifestaciones, enrostrándonos un completo manual de estilo para que estemos “alerta” y “expectantes” ya que el delincuente puede estar a la vuelta de la esquina.
Si por lo menos la programación de denuncia populachera se dedicara a analizar o tan sólo preguntar a quienes espía con sus cámaras, por qué cometen los ilícitos o qué los motivó para dedicarse a actividades que atentan contra las libertades ajenas –falta de oportunidades, ignorancia, segregación social, pobreza, son algunas de las causas que originan el mero efecto que Aquí en Vivo o Informe Especial denuncian- podríamos tolerar las supuestas “encomiables y mejores intenciones” de narrar una aproximación a la verdad. Pero cuando vemos que el único fin es el voyerismo, el indagar en la vergüenza sin límites de un sujeto que roba porque en muchos casos no queda otra alternativa en esta sociedad chilena falsificada y educada en el arribismo y el materialismo sin límites, no podemos sino colocar en tela de juicio la superchería vendida en los canales de televisión nacionales y que por venir enfundadas de tul y gasa y ser tarareada como forma sonata, todo mundo contempla con un arrobo y atención que a nosotros sorprende. Y si esto ocurre con los medios, de seguro los representantes se regocijan al mantener a gran parte de la audiencia aturdida por tanta chocarrería, mientras los problemas “de verdad”, como nuestros vomitivos sistemas de salud y educación, la discriminación y las violaciones a los Derechos Humanos en democracia, se fugan a través del tamiz del olvido, relegadas estas preocupaciones para un futuro hipotético, bañado por la luz de la incertidumbre y el renunciamiento.
No se puede esperar que un Medio de Comunicación y sus diversos canales sirvan de acicate y espacio para narrar la verdad; sin embargo, ni a la aproximación se llega, no por escasez de garantías y elementos, sino por mera voluntad, por el afán de no susurrarnos verdades a medias sino verdades a la medida…
