“Como se forman los grandes ríos por la afluencia de los arroyos y riachos que van viniendo desde lejanas y opuestas vertientes, las aguas corren por el plano del valle hasta que forman espontáneamente su cause. Es lo que ocurrió en 1945 y va a ocurrir de nuevo…” Arturo Jauretche
Si bien en Latinoamérica hemos conocido múltiples expresiones de esos movimientos de masas con reivindicaciones sociales que gestaron o devinieron -a gusto o disgusto- en movimientos revolucionarios, o que derivaron en la alternativa de la lucha armada, y que fueron reprimidos ferozmente por dictaduras militares, es un error comparar, ya sea por reduccionismo, confusión o la tendencia natural a mesclar peras y manzanas, procesos sociales tan disimiles como el peronismo, la “UP” o el movimiento que gesto Getulio Vargas en Brasil, por ejemplo.
Pero sin duda de entre todos estos es el peronismo, ya sea por sus enigmas, su masividad, su metástasis o su fragmentación, al que más paginas se ha dedicado, el que más desvelos teóricos ha producido, esto quizás por su naturaleza practica, siempre ecléctica y pragmática, mas que teórica, con un grupo de consignas y discursos pero no textos teóricos ni sistemas organizados de pensamiento; una cuestión de actitud mas que de idea, quizás propia de un hombre de acción que optó por el ejercicio de la milicia primero que el de la política, así “Perón se inscribió en una tradición napoleónica de desconfianza hacia los idéologes. En cambio, prefirió ver en el mando una ideología práctica que debía llevar al conocimiento de los hombres (Gonzalez, 2007).”
Los intelectuales vendrían después, como un proceso de continua migración desde otros territorios políticos.
Fácil sería decir que es un fantasma el que recorre la política argentina, pero seria un error, y es que más allá de los acusadores de esa persistente voz nebulosa, de la tacha nostalgia de los recuerdos de un “Pasado glorioso” perdido e irrecuperable, o de las “espectrologias” académicas tan de moda que han intentado darle un final al peronismo, sabemos hoy que ni siquiera el sangriento exorcismo de dictadura del 76 pudo acabar con este fenómeno político tan singular, y que sus discursos, proclamas e íconos sigue volviendo (queriendo decir mucho, queriendo decir nada…) en la singular marea de los tiempos.
Quizás cierto conocido proverbio futbolero podría ser la explicación última de este desentrañable y siempre nuevo proyecto, que regresa constantemente como fantasma, espíritus o muerto vivo; pero también como renacido fénix, con toda su fuerza, su pompa y profética promesa. Y es que posiblemente el peronismo siempre ha sido más que una ideología o un discurso: “más que una pasión es un sentimiento”.
Y esto no es sino fruto de ese enorme enigma que es la pregunta sobre el peronismo, y quizás también de que nada impide imitar la voz de Perón, con repique imperfecto, para decir la frase que sea (Gonzalez, 2007), ya sea como recuerdo o eco distorsionado, la voz regresa.
¿Significante vacío? ¿Pura voluntad de poder? ¿El hegeliano “Espíritu de un Pueblo”? ¿Movimiento nacionalista y popular? ¿Astuta síntesis ideológica de un líder carismático? ¿Intento de sincretismo político en tiempos de ebullición?
Hoy sabemos que el peronismo fue, y es, todo eso y más, al punto de que Argentina es gobernada en la actualidad por quienes fueran (o al menos dicen haberlo sido) “Soldados de Perón”, haya lejos y hace tiempo, por eso oliváceos años setenta. Militancia que no ocultan culposos sino que es parte fundente de un discurso y una serie de medidas económicas, sociales y de derechos humanos.
Los Kirchner y parte importante del justicialismo que hoy esta en el poder formaron parte del llamado “Peronismo Revolucionario”, corriente capaz de hacer cuajar como unidad política el nacionalismo, la teología de la liberación, el guevarismo, el troskysmo y muchos “ismos” más bajo la “Doctrina” del General Perón.
Es quizás su calidad de “doctrina”, corpus discursivo de carácter semi-sacro como fuente siempre viva de material político, organizado en versículos, proverbios, sentencias y el canon de “las veinte verdades del peronismo”, siempre reclamando ortodoxias y heterodoxias, lo que le permite su constante metamorfosis, su aparentemente infinita flexibilidad (tras las necesarias reuniones conciliares de los legítimos herederos de la doctrina, los cismas, la expulsión de los herejes, el retorno de los hermanos pródigos, etc.)
Como señala Horacio González: “La Doctrina no tiene centro, es permanentemente ramificacble, proliferante. Su expansión es voraz, admite la cita irónica y aun la reprobatoria. En verdad al citarse un enunciado de la doctrina, extrayéndolo o independizándolo del bricolaje o del corpus para una aplicación aparentemente apática sin embargo se percibe su pujanza, su capacidad impregnativa (Gonzalez, 2006)”. Son estas constantes apropiaciones y reapropiaciones (tanto de lo propio como de lo ajeno
