Para no perdernos te la escribo, la cifra digo, pasa que en la escuela primaria contando en chauchas de la época nunca llegamos a poner tantos ceros. Y tú no te cachondees, que contando en pesos de hoy, los pijoteros pesos de tan cacareada solidez, aquellos en los que te pagan el salario del mes corriente con el que pagas los consumos de hace siete u ocho meses, (“El bistec, ¿en cuantas cuotas?”), haría falta escribir de lado porque los ceros no cabrían. Mil doscientos millones de millones de dólares. Esto es U$ 1.200.000.000.000.000, ni uno más, ni uno menos según Goldman Sachs que de esto seguramente entiende un puñao visto lo que te conté más arriba.
La prensa internacional se place en citar al reputado “banco de negocios” (como si hubiese bancos que no hiciesen negocios), que precisa que 40% de la cuentecita la pagarán, anda a saber cómo y con qué, las firmas de Wall Street (bancos, corredores, fondos especulativos).
Ya puesto a contar horrores Goldman Sachs empuja la crueldad hasta decir que sólo un tercio de ese billete ha sido objeto de depreciaciones. En parlancia cristiana eso quiere decir que nadie sabe ni quién ni cuanto ha perdido, y aun menos qué instituciones financieras ya están quebradas (aparte Bearn Stern, Carlyle Capital Corp., y uno que otro fondo de inversiones). En el rubro de las commodities escasas la “confianza” da cancha, tiro y lado.
Siempre según estos piratas, perdón, Goldman Sachs, la crisis de los subprimes está lejos de terminarse y es como el tango que al compás de un bandoneón arrabalero lanza eso de: “Matos Rodríguez no ha mueeerrrrto, ¡comienza a vivir ahora!”
El problema reside en que desde el principio de la crisis en el verano pasado, y hasta ahora, los establecimientos financieros estadounidenses han anunciado “sólo” 120 mil millones de dólares de provisiones (depreciaciones, pérdidas, tú ya le pones el nombre que te dé la gana).
Lo que significa en buen romance que lo peor está por venir.
De nada. Cuando se te ofrezca.
