A uno le dan la misión de “crearle” la conciencia -en términos bergsonianos- a un niño de la más plebeya estirpe, nacido entre medio de las heces y los basurales urbanos. La madre del vástago es en síntesis, una persona iletrada y menuda, apenas adolescente y que no tuvo el derecho a planificar la maternidad porque las cosas le vienen dadas –dicen- desde “lo alto”, desde la mera causalidad, desde la voluntad divina. Habrá que enseñarle el mundo pues, a un infante que en sí y por sí es más bruto que la prole burguesa concebida a través del método científico, debido a que su madre se alimentó mal, no se cuidó lo suficiente, fue golpeada y quizá cuántas cosas más ¿Qué debemos explicarle del mundo?
A un retoño proveniente de la más grasienta y pestilente cuna, poco le deparará la vida; el silencio, la pobreza y la desidia constantes, crearán lo que a futuro seguramente será un delincuente o una prostituta. Poco importa que los candidatos presidenciales enfundados de seda y tul, se metan hasta las rodillas en la feca de los arrabales para besuquear a las rudas y mofletudas dueñas de casa para ganar votos y el amor popular, prometiendo carreteras siderales y escuelas del lumpen “en la red”, si luego de tales eróticas faenas retornarán a su cafecito vespertino, a su saloncito de té rococó, mientras que esas señoras se olfatean y se despiojan mutuamente.
Lo cierto es que tenemos la labor de entrenar esas conciencias vacías de todo pensamiento auténtico, y cuya esencia está ya muy contaminada por el soplo bucólico cargado a las heces del lugar donde residen (El Gobierno decide instalar a la gente pobre siempre a las afueras de la ciudad, en los límites del bosque, seguramente basados en la creencia de que estarán más contentos con la flora y fauna, con las druidas y los gnomos). ¿Cómo formar una conciencia? ¿Qué les explicamos de Chile? En la escuela chilena seguro se les instruirá en la estulticia, en la más baja condición intelectual, en esa cargante tendencia local inclinada al eufemismo: se les dirá “Chile es un país largo y angosto” (Debiera ser –DS- “Chile es un país flacuchento, debido a que todo el mundo vomita su idiotez: bulimia del alma); “Comenzó de tal forma la pacificación de la Araucanía” (DS: “Se trajo a lo más ario, rubicundo y decadente de una Europa devastada por la Revolución Industrial, para que saquen a todos los pueblos originarios, supuestamente viciosos, alcohólicos y perezosos”); “Chile es un país orgulloso de sus grandes poetas, Pablo Neruda y Gabriela Mistral” (DS: “Chile es un país traidor con sus grandes: Pablo Neruda apenas mencionado el día de su muerte por la idiotez del dictador, mientras una de las elegidas del siglo Gabriela Mistral, era vista con desdén por no utilizar las plumas, el raso y el carmín de las viejujas pseudo aristócratas santiaguinas) Ecce Hommo Chilensis.
Hay quien dijo por allí “el valiente no se revuelca en la cochambre del pasado y mira hacia el futuro basado en el presente, en su infinito devenir”. Dejando a un lado la conciencia del resentimiento, del desprecio de sí, que se nos explica viene fundamentada desde lo bajo e instintivo (“dicen”), estructuremos conciencia para el recién nacido, elaborando algunas verdades fundamentales respecto a la nación ¿Cuáles verdades? ¿Quién eres tú para decir lo que es verdad o no? ¡Nada menos que todo un hombre!
Mala educación y mala conciencia: Ecce Hommo Chilenis
La idiotez es el primer gran error. Hoy la presidenta ha prometido computadoras, dineros, alfombras voladoras y aves migratorias para todo aquel hijo de pobres que quiera continuar estudiando. Un gran logro por supuesto, si se mide la educación en términos de “cantidad”, sin embargo ¿Quién mide la calidad? Un computador es algo muy útil para el chiquillo enajenado y desencantado de la modernidad: allí podrá revisar el Facebook, atormentar a los internautas con sus faenas eróticas y escatológicas, y en el caso de guardarse la concupiscencia para el W.C., creará Blogs anarquistas o existencialistas, y esto en el mejor de los casos.
La mala educación deviene estupidez. De ahí se explica el agradable panorama visual que engalana las grandiosas tapias urbanas, con colores rojos, malva y amarillos, escogidos con “pinzas” en cualquier ferretería donde sea fácil hurtar, por esos agradables y letrados mozalbetes que apuntan hasta la hora en las panderetas comunales. Se entiende además, el paroxismo juvenil provocado por la televisión, donde toda la gallada quiere estar al tanto del devenir histórico del famoso/a de turno (lo que incluye el lecho, el excusado y el dildo correspondientes). Tendremos que iniciar la conciencia del pequeño con el siguiente discurso: Hijo mío, debes entrar a la escuela donde te harán cantar la canción nacional, donde de memoria tendrás que aprender el lema de nuestro escudo (las cosas serán o bien por la razón, o bien por la fuerza), donde te meterán por la nariz las cuestiones cristianas para que nunca desaparezcan de tu hocico, para que no le eches la culpa al gobierno de tu sufrimiento y deudas profundas, sino a ese Dios maravillosos que te está poniendo a prueba”. Adveniat Regnum Tuum. Ecce Hommo.
Pobres mujeres
Lo peor que le puede ocurrir a alguien es nacer mujer en Chile. No por un asunto de senos y culo exuberantes (La dicha para cualquier sujeto deseoso de espetar su estupidez a plena luz del día), sino por la lamentable inclinación al falocentrismo. No hay mujer inteligente que pueda sentirse identificada con los modelos eróticos, sensuales, voluptuosos y pueriles que venden los medios de comunicación y la publicidad. Lamentablemente, la cuestión de la reivindicación femenina está tan prostituida y manoseada en una sociedad híper machista como la chilena (Y sólo nos referiremos a nuestro caso porque en naciones como Guatemala, Méjico o Nicaragua habría que pedir el análisis de un psiquiatra) que el exiguo corro mujeril con neuronas en funcionamiento, se anula totalmente frente al poderío de las borricas que pululan su idiotez de norte a sur. Cuando se habla de “feministas”, el imaginario social relaciona el termino con mujeres gordas, peludas, vírgenes o en el mejor de los casos lesbianas. Incluso algunas defensoras de derechos humanos explican que “ellas no son feministas”, sin duda por el temor a ser encasilladas en una categoría tan baja y nauseabunda para la estructura social Chilensis.
Lo poco que se ha hecho “desde arriba” en materia de igualdad y fortalecimiento de la mujer en la sociedad, está mediado sin duda por la torpeza y la más llana payasada: Cema Chile y el Sernam. El primero, cuya regencia estaba a cargo de Lucía Hiriart de Pinochet, se dedicaba a mendigar casuchas y a servir de acicate para que las dueñas de casas frieran las mejores sopaipillas y se capacitaran en lavalozas. El segundo es una Institución gubernamental que se dedica a exponer las principales problemáticas del género (El femicidio, igualdad salarial, mayores oportunidades, etc.) pero sólo en teoría ya que en la práctica es una organización más que funciona “a la medida” del conglomerado político de turno, en este caso la concertación. ¿Dónde recurrir entonces?
Sin mediar control alguno, los modelos y estereotipos vendidos a través de los canales tradicionales, terminan finalmente calando hondo en la conciencia chilena. De tal manera, se piensa que antiguas reinas de belleza -cuya actual fealdad y deprimente patetismo nada hacen sino reafirmar su inexorable crepúsculo- son increíblemente elevadas a estatus de ícono femenino: allí se ensarta esa esquelética ex miss universo que todos recordarán, en persona solicitó al ceniciento Pinochet las estancias palaciegas donde contraer matrimonio y concretar su repelente esnobismo; la “Quintrala”, cuya fama ha sido ganada a pulso, a costa de ventilar todo lo realizado en el lecho y berrear como desquiciada en los platós de televisión; Carolina Arregui, cuya alarmante escasez de talento –que sin embargo todos se empecinan en contradecir- le permite protagonizar cuanta teleserie surja en el Canal católico, combinado todo esto con propagandas para detergentes, etc. ¡Qué maravilla ser mujer!
El ser, el valer y el conocer: ¿Asunto nacional?
Todo cuanto se relaciona con la triada fundamental de cualquier sistema filosófico, es refutado por el espíritu de una nación atormentada por las amenazas gubernamentales contra todo aquel sujeto que ose expresar la opinión (En Chile, al ejercicio sistemático por encontrar un tipo de verdad, se le ha rotulado como mera “opinión” ya que lo único verídico, lo tangible y por lo tanto positivo, se berrea desde las alturas divinas, “dicen”). De tal forma nuestros artistas se amontonan en los pseudo museos capitalinos, atiborrados desde hace mucho tiempo con bagatelas y supercherías fabricadas “a la medida” del anhelo y goce estético de un corro de señores atornillados en la estructura social, desde el buen señor burgués hasta la orla de gentileshombres que regentan el Fondart, este último con una actriz como patrona de la querencia.
Filosofía en Chile jamás habrá ¿Para qué? ¿Por qué? Contrario al panorama que contemplan los grandes “Arquitectos del universo” –anarquistas, marxistas de caballerizas, mercachifles del intelecto-, en el país no habrá ningún movimiento social, nada que desestabilice su unidimensionalidad. Por lo tanto, las grandes preguntas encuentran su respuesta en la situación actual del país, a saber “¿Qué soy? Plusvalía económica”; “¿Qué es lo bueno, qué es lo malo? Lo que digan los gobernantes y la Iglesia en último término”; “¿Qué yo sé y no sé? Sabes lo que aparece en la factura de fin de mes”… De Derechos Humanos ni hablar: habría que desarmar el país desde sus placas subterráneas para poner en Agenda tales cuestiones.
¿Y qué puedo hacer yo, el recién nacido?
Pues nada más que aguardar. Por el momento, nuestra labor precisa estar focalizada en un fortalecimiento de Latinoamérica a base del pensamiento independiente y el avance intelectual. Si dejamos que las cosas continúen sucediendo por su propio aire, la vida se nos continuará fugando por los poros, evaporándose lo más feo y degradante y elevándose a las alturas, para luego caer como una lluvia de amargura sobre nuestras cabezas. Cualquier cosa le podemos susurrar al oído al infante recién nacido, menos “duerme tranquila, niña inocente…”
