Cualquier mujer medianamente inteligente jamás se sentirá identificada por la figura femenina que se representa a través de segmentos televisivos como “Morandé con Compañía” o “S.Q.P.” (Aún cuando sea aquella la única figura que se construye en televisión respecto al universo mujeril chileno). Son esas mujeres, la manifestación perfecta de lo más bajo y pueril a lo que puede llegar un ser humano cuyo único fin es la “fama” y el dinero fácil. Los programas de televisión las tildan ipso facto de “modelos” ¿Modelos de qué? ¿De la idiotez? ¿La liviandad? ¿La concupiscencia? A pesar de su debilidad mental, casi toda la programación nacional centra la atención en el análisis fenomenológico de la vida de tales señoritas, comenzando desde el universal hacia el particular, para completar finalmente “el desocultamiento de la verdad” en heideggereano, lo que en lenguaje farandulero se traduce como “hablar de la experticia amatoria, especular sobre la condición sexual, filosofar acerca del almizcle encontrado en el lecho”. Ecce Hommo Chilensis.
En el reino de los juguetes
La televisión es el medio de comunicación que se concibe como una de las fuentes más económicas para adquirir “información”. Dejando a un lado el alza de precios en las facturas de electricidad, todo mundo contempla con un arrobo asombroso cuanto sea difundido a través de “la caja idiota”: crímenes, suicidios colectivos, política, farándula, recetas culinarias, hechicería.
La creatividad televisiva de hoy día no se materializa en la producción de espacios de difusión cultural –los dos o tres segmentos de cierta categoría intelectual son relegados a un horario inservible- mientras que la farándula concentra la mayor cantidad de plazas en toda la parrilla programática ¿Qué deviene tal fenómeno? Nada más que lisa y llana porquería, suerte de anestesia para mantener dormidas las neuronas de toda la gran masa uniforme de televidentes.
Quienes antifilosofan respecto a tales cuestiones, lo hacen con la autoridad de quien ha cursado la carrera de periodismo, por lo que precisamos deducir que una brillante postura devendrá a partir de toda esa idiotez. Basta ver en el programa S.Q.P. la elevación de la estupidez a estatus de “ícono” periodístico, donde Pamela Jiles se jacta de otorgar un cariz crítico e inclusive marxista, algo que sin duda precisa el análisis farandulero, cuya existencia cobra sentido y trascendencia en la medida –según ella- que pone en jaque “al poder oficial” ¿Quién puede creer tamaña defensa al goce estético populachero? Del resto de los panelistas ni siquiera vale la pena hablar, ya que la seriedad con que tratan los asuntos vinculados a la cama y todo lo relacionado con esta –jadeos, orgasmos, emociones, embarazos y querellas- nos hace pensar en ocasiones respecto a la dudosa condición humana de ciertos sujetos cuya muy penosa visión del periodismo y de la vida se plantea servir como acicate para nuestra dolorosa tragedia intelectual nacional.
Al menos la televisión privada es consecuente con el sistema económico chileno, donde no importa que se oferte cartílago de rata bajo el rótulo de hamburguesa si lo importante es vender; lo absolutamente inadmisible es que la televisora nacional, que según mi visión debería ser fuente de conocimiento para un público educado en el silencio e imposibilitado para adquirir libros gracias a los enormes impuestos, ejerza el tutelaje para toda esa hecatombe intelectual siendo ella misma la fuente productora de la máxima estupidez y de la cual sin duda, se alimentan los demás programas de la competencia para justificar su lamentable existencia. Durante toda la mañana en TVN no se puede ver otra cosa sino basura tras basura: matinales, desfiles, sonrisas y lágrimas. Luego del noticiero, teleseries, diurnos, vespertinos, berreos y nuevamente sonrisas y lágrimas ¡Todo un cocktail escatológico!
Uno de los argumentos más utilizados por los defensores de la farándula (incluyo al interior del enunciado, casi toda la programación local), es que el vulgo –la ya muy ventilada “señora Juanita”- precisa descansar las neuronas luego de las arduas faenas laborales. Por supuesto entendemos, que una programación de elevada factura intelectual haría sopesar peligrosamente la realidad a todas las “señoras juanitas” que se embarcan día a día en ese detestable proyecto de transporte urbano llamado Transantiago –por citar lo que hoy en día está en el hocico de todo mundo-, de tal forma la farándula pasa a ser el pelele más barato para el poder oficial si el afán es mantener al populacho silenciado y en cambio iracundo pues la prostituta predilecta del pueblo ha preferido al futbolista y no al domador de leones.
¡Qué más servil para los anhelos del poder oficial que la farándula! Y a los representantes les importa un penique el desgaste intelectual que implica centrar la sobremesa en cuestiones tales como la cama, la lencería o las pataletas de todo individuo envuelto en asuntos faranduleros –el fútbol y el modelaje son el PhD en la materia- ya que por el contrario, una televisión centrada en la cultura, arte, crítica y análisis político haría pensar “demasiado” a las audiencias, lo que sería un inconveniente si el fin último es mantener la estulticia intelectual como el más notable valor nacional. Y lo peor es que la única elección es NO ver televisión, lujo que tan sólo la burguesía puede permitirse ya que las alternativas para el actual sujeto histórico -que ya se está anulando a sí mismo-, son prácticamente nulas en la realidad ¿O es que hay libros, museos y educación de excelencia? A un hombre enajenado poco le interesa la estupidez gubernamental, de manera que la mercachifle de frambuesas con puesto regional que apareció hace pocos días puede respirar tranquila, lo mismo que la destituida ministra de educación experta en sentadillas y flexiones de brazos. Ecce Hommo Chilensis.
La decadencia como única forma de proyección televisiva es la señal de que el pensamiento chileno está llegando a su fin -¿Alguna vez comenzó? ¿Podríamos detectar su génesis?- Lo cardinal ahora es centrar la visión en nuevas “vías” de entendimiento y florecimiento intelectual: contemplemos nuestro rostro en el espejo de la historia nuestra y de toda Latinoamérica y nos daremos cuenta de que todavía hay mucho por hacer. La respuesta debe estar en el intento.
