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Agosto 18, 2026

Berlusconi y el Circo Romano

La democracia una vez más da signos de flaqueza. No parece con fuerzas para impedir que la manejen a su antojo esta corte de poderosos habituales, que por lo visto, la conocen demasiado bien. La pobre termina siempre bailando con los más feos, y con la música que ellos tocan. Dentro de poco a esta dama la vestirán con liguero y tacones y la pondrán a trabajar en una esquina. Berlusconi se presenta al baile y rellena la tarjeta de esta señorita para impedir que bailen con ella los otros candidatos.

Llega de nuevo al gobierno el político que dijo hace unas décadas ser capaz de enriquecer a todos los italianos aunque solo tuvo tiempo para enriquecer a unos pocos. Por eso los italianos le enriquecieron a él. Más rápido y más práctico. Así ha llegado a ser el tercer hombre más rico de Italia.

El reciclado líder afirmó que se encontraba “emocionado por el resultado” y repitió las mismas muecas, las mismas palabras de ánimo, los mismos gestos… ¿Se repetirán las mismas denuncias, las acusaciones, los fraudes, los escándalos? No importa, hay un marketing blanqueador para cada tipo de mancha. Hay una mentira o una promesa para cada tipo de falta. Un soborno o una amenaza a la medida de cada escándalo emergente.

Pero ¿cuál es el embrujo que atrae tanto a los políticos? ¿Por qué estas ganas de volver? La política es el mejor negocio del mundo, el pastel más apetitoso, el barro más negro, el charco más sucio, en el que los cerdos se revuelcan una y otra vez, con un placer… con un gusto… Y los demás cerditos miran con envidia y hacen cola. Todos quieren revolcarse en ese charco.

¿Cómo llegan los políticos a la cumbre? De la noche a la mañana, más de noche que de mañana, sin que nadie sepa quienes son o de dónde vienen. Son perfectos desconocidos, que pasan del anonimato a tener su rostro empapelando ciudades enteras por obra y magia de una campaña repentina. Serán los publicistas los que reciben el dinero que gana la pobre democracia trabajando día y noche, más de noche que de día. Aparecen candidatos expontáneos, falsos líderes de masas, pidiendo ser los jefes de todos los ejércitos, contables de todos los dineros. Por desgracia, a los que ya conocemos les conocemos demasiado bien, aunque eso no parece ser un impedimento a la hora de querer repetir mandato, de hecho muchos lo consiguen. Todos quieren repetir, perpetuarse y si son expulsados, se presentan de nuevo. No importa que hayan tenido que irse agachando la cabeza por la cantidad de corrupción, tomates y huevos podridos que les tiraban desde las gradas del circo, este circo romano tan concurrido.

Los votantes tenemos no solo el poder de poner y quitar, si no el deber. Un deber que no se hace efectivo. Luego nos quejamos, pero lo hacemos sin derecho ya que no fuimos a votar. Claro que este juicio es injusto ya que es normal y lógico que los votantes estén decepcionados, asqueados, cansados de ver que por más que se vote, nunca se llega a buen puerto. Cansados de tanta mentira y tanto engaño. Vemos a presidentes y ministros jurando cargos con grandes palabras y hermosas frases y luego, les vemos faltar a su palabra con una soltura y una impunidad escalofriante, no les invade la vergüenza ni el remordimiento. Será que los políticos son seres humanos distintos, una raza a parte. ¿Lo son? Quizá deberíamos tener un gran circo con leones para echar en él a todos los políticos corruptos y traidores. Alguno se lo pensaría dos veces antes de presentarse a las elecciones. ¿Los leones comen cerdo?

Nos obligan a decidir en un mes de campaña, entre uno malo y otro peor, entre gris claro y gris oscuro. Nos obligan a aceptar promesas que no pedimos, promesas que no queremos, mentiras que ya conocemos. Todos los ideales están gastados. Ninguno responde a los anhelos. La ética no tiene derecho a voto, tampoco la honestidad, ni la eficiencia, ni la memoria, ni el sentido común. Mucho menos la verdad.

¿Hace cuánto que a esta democracia no le cuentan una historia original en el oído? Un día de estos llegará a la barra un tipo bajito, feo y pobre que la hará reír, le contará algo nuevo, distinto y se la llevará al huerto sin pagar, ante la mirada atónita de dignatarios, presidentes, embajadores y otros chulos de burdel. Quizá no regrese nunca. Pero no, eso no va a pasar, todo está bajo control. ¡Menuda frase! ¿Tranquilizadora?

Da igual cuánta corrupción se publique, cuanta basura se saque del perfil egocéntrico de un político, siempre podrá volver como si nada. Bañados en egolatría y dignidad. En aplausos del partido, entre pancartas y consignas. Volver, volver otra vez, reelegirse, quedarse en el puesto, mandar sin límite ni fecha de caducidad, a cualquier precio. Deseo de césares y emperadores, de dictadores y presidentes… De Bush, Chávez, Putin, Berlusconi… y tantos otros. De todos ellos. Algunos, enrabietados, optan por los golpes militares, otros por las corbatas, otros por la sutileza de los intereses creados… el caso es que nadie que haya probado el poder en sus ambiciosos labios, en su exquisito paladar, querrá quedarse sin probarlo una vez más, y otra… no importa si se llega a él por la derecha, por la izquierda, por el centro, el sabor adictivo de este veneno cegador parece tan poderoso, es tan poderoso…

Solo la democracia, el voto, la gente puede obligar a bajarse del caballo a estos megalómanos viciados. Pero ese voto parece dominado, cansado, sin fuerza. Será la desgana un arma secreta de todos los adictos. Es este un sistema envenenado. ¡Ave Cesar!

Por Pablo Jato (World Image Press)