Nada más despreciable en nuestro tiempo, que los sellos de personalidad regentados por el mercado y sus secuaces, los mass media: pokemon, pelolais, “bajista”, punk, etc. Todos estos apelativos suponen a una gran parte de la juventud en su centro, quedando fuera de cualquier categoría los sectores más pobres ya que ellos a lo máximo que aspiran es a ser delincuentes (y de tal forma la sociedad chilena comprende su supuesta maldad inmanente) y los avanzados, pero ellos serán motivos de otro escrito. Los hay también “críticos”, descontentos con el sistema y con las “injusticias sociales”, correspondiendo a esta categoría todos los niñitos que en dos o tres fechas especificas del año –son fieles creyentes de la cosificación del tiempo en el espacio- arrojan piedras a los taciturnos transeúntes y desquitan su ira con objetos inanimados incapacitados para emitir respuesta, como semáforos, automóviles y en última instancia, los centros comerciales donde adquieren su mercadería.
Los enajenados hasta la vehemencia corresponden a ese grupo que podemos identificar de manera sencilla sólo revisando las categorías tribales aparecidas en internet, y así podemos saber cuándo nos enfrentamos a un pokemon o a una pelolais. Estos grupos están formados por toda una generación de adolescentes cuyo desprecio hacia la realidad es inconmensurable, en la medida que de forma ciega realizan todos los ritos que el sistema económico les empuja a consumar: adquirir disfraces de tal o cual característica, perforarse el cuerpo en la mayor cantidad de partes posibles, prostituirse a través de cuanto Fotolog o Facebook exista, etc. Lo peor es que estas sociedades de alabanza a la ridiculez y cuya disposición por llevar a cabo una vida completamente idiota sorprende por su coraje y valentía, ocupan espacios en todos los medios de comunicación quienes los presentan bajo el rótulo –incluso regentado en algunos casos por los padres- de “moda pasajera que se explica bajo los parámetros de la juventud y falta de experiencia” ¡Dios mío!
Por otro lado, hay quienes forman parte de A.D.I.D.A.S (Asociación de Idiotas Dispuestos a Superarse), y allí entran en acción los pseudo marxistas y los anarquistas de fin de semana. Ellos son los encargados de destruir la ciudad con sus rayados en las tapias expresando su “descontento” y esparcir su orina y fluidos por cuanto parque urbano exista, espetando sus lemas idealistas de W.C., basados en una filosofía del desprecio de sí mismos, diseminando una estupidez que es prueba fehaciente de que los afanes imperialistas han tenido buenos resultados ¿Qué mejor para los comerciantes que estos niñitos vistan camisetas del Che Guevara, porten mochilas y panfletos con el rostro de Marx y escuchen su música del resentimiento? Al interior de estos grupos lo único que se respira es el aire de la pestilencia y la vulgaridad ya que todo mundo sabe que esa ideología pseudo critica no es nada más que el pasatiempo de moda, la técnica simplista y populachera para expresar un lamentable e inconmensurable descontento.
¿A qué conduce la juventud chilena? Al nihilismo: egoístas y ramplones, logran anularse casi de manera absoluta al interior de las modas que por voluntad impuesta han elegido, cumpliendo al pie de la letra TODOS los cánones exigidos por los pares ya que de otra manera, son absolutamente nada. Después de esa magnífica revolución del año 2006 mal llamada “De los pingüinos” –el Estado y sus lacayo ningunean cualquier acontecer que huela a pensamiento independiente- pareciera que la juventud se está hundiendo en la ciénaga del abatimiento: consumen, jadean, danzan y poncean. A esto se han reducido.
Hay algunos que se deciden por el pensamiento “crítico”, en la medida que hacen suyos simbologías y costumbres de filosofías del pasado, como anarquistas, góticos e incluso Budistas (Se declaran como tales por su comodísima elección de “no comer carne”). Los hay también de izquierda pero su desprecio inconsciente hacia el arduo trabajo intelectual desde Hegel hasta nuestros días nos incapacita para creerles media parte de lo que expresan: apenas si saben leer y en su correspondiente periodo de regresión –ya que sólo los grandes evolucionan- su conversación que puede ser oída en cualquier esquina urbana, es posible confundirla perfectamente con el bullicio estridente de un zoológico. Ecce Homo Chilensis.
¿Y quién tiene la culpa de tamaña masacre? ¿La estructura básica de la sociedad, la familia? Eso lo podríamos creer de un país donde las cosas no fueran a medias y tuteladas siempre por poderes fácticos como es el caso chileno, de manera que la responsabilidad recae directamente en la sociedad ya que es ella la encargada de crear y preservar los espacios para el correcto y positivo –de acuerdo a consensos axiológicos- crecimiento intelectual y espiritual de la juventud. Pero ¿Desde cuándo a los liberales les ha interesado el correcto y evolutivo devenir histórico? No hay modo de engañarse: la izquierda hoy en día no tiene poder de decisión en el espíritu de las naciones aún cuando lo peor del socialismo esté a la cabeza del país (socialismo abortado en última instancia). Sin duda la izquierda tiene una gran labor: la de crear los espacios para la reflexión y pensamiento crítico, que fueron derrocados por un tirano, es cierto, pero precisamos renacer para otorgar algo de esperanza a generaciones enteras que están destinadas a vivir suspendidos en este “mundo feliz”.
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