El escritor, poeta, ensayista, abogado y ex diplomático chileno Armando Uribe Arce vive recluido por voluntad propia desde comienzos de la década pasada en su amplio departamento al frente del Parque Forestal de Santiago. Un particular exilio que sólo quiebra los domingos, para asistir a la iglesia. Uribe, que ha publicado más de cincuenta libros de muy diversas especialidades, es, sin duda, y por sobre todas sus otras pasiones, un poeta, tal vez el mayor poeta chileno vivo, reconocido en su calidad y profundidad con el Premio Nacional de Literatura en el 2004.
Erudito, sabio, creador y enérgico polemizador, actividad esta última que realiza desde su estudio en un cuarto piso en conversaciones con sus frecuentes visitas, en artículos, entrevistas y en especial en su profuso trabajo literario. A sus 75 años, en plena actividad creadora, su producción, que es crítica y provocadora, no ha dejado ni deja indiferente a nadie.
-La verdad es que la división en países de la Hispanoamérica -porque no se produjo en la América portuguesa brasileña, en la que se mantuvo la unidad, y la que es hoy la más grande y poderosa- era ya bastante decisiva a fines de los años 1820 y durante 1830. Índice de esto fue la voluntad de Diego Portales de impedir la iniciativa unificadora de Santa Cruz, que quería y logró una relativa unidad boliviana peruana y que quería extenderla a Chile. Bajo lo cual, siguiendo a Portales, se hizo la guerra a la Confederación, que ganó Chile. Ya entonces, Chile se mostró contrario a una sola unidad, aunque fuera parcial. Chile ha sido remiso frente a eso. Aún así, hay, por lo menos en el discurso, existe una intención por fortalecer las instancias de integración. Chile, por cierto, ha sido un pionero en la región en establecer tratados comerciales. -Creo que las declaraciones integracionistas chilenas, reduciéndose solo a lo económico, limitan las posibilidades de integración política. De parte de Chile son palabras al aire, puro viento, y la voluntad histórica, conservada por todo tipo de gobierno durante los siglos XIX y XX, es que no haya tal integración política. ¿Quienes frenan ese proceso de integración? ¿Son los intereses de las burguesías nacionales? ¿La inercia del peso de la historia?
-En los lugares donde pueda sostenerse donde hay burguesías nacionales o proto burguesías nacionales, se le podría atribuir la responsabilidad. Pero también hay responsabilidad en lo económico y en lo ideológico a extensiones de esa burguesía –para seguir utilizando esa palabra- que son netamente compradoras, son intermediarias de intereses extranjeros en territorio sudamericano. Por lo tanto, yo también daría una responsabilidad de que no haya habido integración efectiva en el continente americano, sudamericano, sub-americano, atribuida a la responsabilidad de los imperios, primero al Imperio Británico, cuya presencia en América fue muy fuerte en los siglos XIX y XX, y al Imperio Norteamericano, que ha propuesto, con su ideología manifiesta de la doctrina Monroe, dividir o mantener dividida la América que no es Estados Unidos para aprovechar de imponer los intereses norteamericanos y también los esquemas ideológicos más fácilmente porque son unidades más pequeñas. Creo que Estados Unidos ha tendido a inducir a la segregación territorial en determinadas regiones del mundo. Creo que –cosa que no podría yo conocer bien, sino es suposición- EE.UU. ha sido favorable a que haya divergencia en una región que en un periodo determinado formó un solo todo, como lo fue Yugoslavia. Es célebre que Gran Bretaña dejó problemas pendientes en la India o en Palestina, y así en otros casos en Asia. Estados Unidos ha heredado intelectualmente esta fórmula. No ha querido que haya unidad verdadera entre los países sudamericanos. La política de Estados Unidos, podemos decir, ha tenido un fracaso hacia la región con el ALCA, en tanto enfrenta y ha enfrentado problemas para ratificar los TLCs. Otra aparente pérdida de poder en la región por parte de EE.UU. es la influencia que ejerce la Unión Europea, y principalmente España, que no sólo es el primer inversionista en Latinoamérica –o Sudamérica- sino que tiene la ventaja de tener una cultura y una lengua similar. Está también el auge económico de países asiáticos como China e India, que ya han comenzado a establecer importantes relaciones comerciales con la región. ¿Señor Uribe, comparte usted estas observaciones?
-En mi opinión, tiendo a creer que Estados Unidos ha tanteado algunas políticas extremas, políticas de corrosión de la soberanía en el continente sudamericano, como eran las políticas generales de tratados de libre comercio bajo la fórmula ALCA o como en otros. A su vez, creo, aunque se produzcan dificultades en negociaciones con tratados ya suscritos, que para Estados Unidos ha sido finalmente más provechoso establecer convenios con países separados, porque le puede imponer más exigencias. Creo que EE.UU. está en condiciones óptimas para, según las circunstancias coyunturales futuras, acrecentar su presencia y su intervención más decisiva aún que la actual e histórica. Creo que Estados Unidos está en muy buena posición para que gobiernos con algo más de apoyo dentro de EE.UU., con algo más de prestigio que el que tiene el actual, aminoren enormemente la soberanía de los países sudamericanos. Declaraciones tan genéricas como la que acabo de hacer naturalmente no toman en cuenta la importancia que creo que terminará por ser definitiva, no lo es todavía, de un polo económico-político, como lo es Brasil, que se ha colocado en una situación como gran potencia futura, del mismo modo que las grandes extensiones de la India o China. Así me parece. Todavía no puede darse por sentado. De modo que tiene más sutileza lo que he dicho con anterioridad. Con la excepción de Brasil, creo que la pérdida de soberanía se dará en los países sudamericanos. ¿Cuándo? No en vida mía, espero. Piense usted que también EE.UU. ha pasado a señalar, a consagrar, que el sistema económico interno de los países con los que trata debe seguir siendo el neoliberalismo capitalista de mercado desregulado. No lo dice obviamente con estas palabras, pero en mi opinión, EE.UU. establece de tal manera sus derechos frente al país respectivo que estaría en condiciones de decir, si un país se decidiera modificar la constitución, que ese cambio va en contra de los compromisos en el TLC.
Armando Uribe fue embajador en la República Popular China durante el gobierno de Salvador Allende. Tras el golpe de Estado en 1973 pasó su exilio de veinte años en París, ciudad donde ejerció la cátedra de derecho en la Sorbonne. Es miembro de la Academia Chilena de la Lengua y es un incisivo y en cierto modo decepcionado observador de la realidad social y política chilena y mundial. Su último libro de versos, Apocalipsis Apócrifo (Norma, Santiago, 2006), muestra con evidencia tal mirada: “
No hay un solo presidente o rey o regente o tirano que no sea el anticristo/ Su poder representa a multi-nacionales y a empresarios principales portavoces de la única ideología que por primera vez en la historia con toda la prehistoria a cuestas cubre el globo completamente: el neoliberalismo capitalista de mercado desregulado. Señor Uribe, deseo hablar de América latina, continente o subcontinente que si bien ha tenido grandes transformaciones durante su historia, éstas parecen hoy en día enfrentar cambios aún más rápidos. ¿Cuál es su visión de América latina durante los últimos treinta años? -En primer lugar, y aunque resulte odioso, voy a negarme a hablar de América latina, para hablar del conjunto de países entre México y Tierra del Fuego. Esta es una denominación que nació en el siglo XIX en Francia debido a un libro que fue encargado por el gobierno de Napoleón III, el bonapartismo del Segundo Imperio, que era, francamente, una dictadura, que después ha tomado distintas formas en el siglo XX. Pero a mi no me enseñaron de ninguna manera en la educación básica que se llamara América latina esta parte del continente americano. Era llamado en mis cursos y también en los periódicos, países sudamericanos, desde México, toda América central y América del Sur. Éramos llamados sudamericanos. Sólo del año 45 en adelante, cuando se organizó Naciones Unidas, y en la ONU había un grupo reconocido dentro de la organización que conformaban todos los países desde México al extremo sur continental, pasó a llamarse eso América latina. Pero eso es postizo y es una ideología que murió hace mucho tiempo la que llevó al nombre de América latina. Su crítica al concepto de América latina no parece estar acotado a un asunto de índole semántica, sino, y creo que equivocarme, encierra, así como todos los nombres lo hacen, un aspecto de contenidos, de realidad. ¿Qué esconde la diferencia? -Las ventajas de llamarlo Sudamérica son muchas, pero voy a señalar una sola, que permite entender a la América desde México hasta el extremo sur como lo que no es Estados Unidos. En forma muy directa, Neruda, con ingenio, escribió más de una vez “nosotros los sub-americanos”. Tiene una cantidad de otras ventajas, las que no voy a entrar a comentar. En todo caso esa es la primera observación. En cuanto a la vida que ha llevado este continente durante los últimos treinta años, yo diría que se han acentuado caracteres que tenía esta parte del mundo hace cien o 150 años y se ha ido cumpliendo lo que Estados Unidos se propuso en 1823 con la llamada doctrina Monroe de, como dijo el chileno Diego Portales en una notable carta, de considerar Estados Unidos que América era para los americanos, pero entendiendo la palabra americanos sólo aplicada a Estados Unidos. Eso lo vio con gran habilidad Portales ese mismo año, cuando llegó la noticia. El dijo, incluso, que hoy no podrá ser visto, pero con el paso del tiempo será visto por todos. Y así ha sido. Se ha ido acentuado esta visión norteamericana sobre el resto del continente de una manera que cada vez más afecta la identidad cultural colectiva, además de la política y económica, entre los países que no son Estados Unidos y son países de América, Existe una identidad, en cuanto subcontinente, en cuanto a una región con tantas cosas que nos parecen comunes. -Creo que se ha ido construyendo en forma doble, según las lenguas, la castellana y el portugués. Pero las similitudes culturales, las analogías que se pueden hacer, permiten reconocer como un solo todo la historia que ha afectado a las colonias portuguesas y las ex colonias hispanas. Repito que el idioma es fundamental y la carga cultural que necesariamente trae un idioma, carga que fue reconocida en el siglo XIX por personas de la más alta categoría intelectual, como fueron Andrés Bello y también Sarmiento. También lo entendió así José Martí y podría nombrar una cantidad de otras personalidades de alta categoría. Pese a esta identidad cultural nuestra carga han sido las dificultades para integrarnos. Es más, podríamos decir que el proceso histórico ha apuntado más hacia una fragmentación que hacia la unión. -Este fue un dilema que se le planteó a los libertadores, por llamarlos con ese nombre tradicional, a principios del siglo XIX. Intenciones para que se integraran en un solo todo o al menos en unidades más grandes que las naciones o países, existieron entre los padres de las patrias americanos, como Bolívar o San Martín, lo que también vio en parte, por herencia intelectual de Francisco Miranda, O’Higgins. Y podría seguir señalando intentos, entre los cuales intelectualmente habría que tomar en cuenta, en primer lugar, antes que a Bolívar, a Miranda. Una división que no ocurrió en la ex colonia portuguesa, lo que condujo a Brasil a ser la gran potencia económica de América del Sur…-La verdad es que la división en países de la Hispanoamérica -porque no se produjo en la América portuguesa brasileña, en la que se mantuvo la unidad, y la que es hoy la más grande y poderosa- era ya bastante decisiva a fines de los años 1820 y durante 1830. Índice de esto fue la voluntad de Diego Portales de impedir la iniciativa unificadora de Santa Cruz, que quería y logró una relativa unidad boliviana peruana y que quería extenderla a Chile. Bajo lo cual, siguiendo a Portales, se hizo la guerra a la Confederación, que ganó Chile. Ya entonces, Chile se mostró contrario a una sola unidad, aunque fuera parcial. Chile ha sido remiso frente a eso. Aún así, hay, por lo menos en el discurso, existe una intención por fortalecer las instancias de integración. Chile, por cierto, ha sido un pionero en la región en establecer tratados comerciales. -Creo que las declaraciones integracionistas chilenas, reduciéndose solo a lo económico, limitan las posibilidades de integración política. De parte de Chile son palabras al aire, puro viento, y la voluntad histórica, conservada por todo tipo de gobierno durante los siglos XIX y XX, es que no haya tal integración política. ¿Quienes frenan ese proceso de integración? ¿Son los intereses de las burguesías nacionales? ¿La inercia del peso de la historia?
-En los lugares donde pueda sostenerse donde hay burguesías nacionales o proto burguesías nacionales, se le podría atribuir la responsabilidad. Pero también hay responsabilidad en lo económico y en lo ideológico a extensiones de esa burguesía –para seguir utilizando esa palabra- que son netamente compradoras, son intermediarias de intereses extranjeros en territorio sudamericano. Por lo tanto, yo también daría una responsabilidad de que no haya habido integración efectiva en el continente americano, sudamericano, sub-americano, atribuida a la responsabilidad de los imperios, primero al Imperio Británico, cuya presencia en América fue muy fuerte en los siglos XIX y XX, y al Imperio Norteamericano, que ha propuesto, con su ideología manifiesta de la doctrina Monroe, dividir o mantener dividida la América que no es Estados Unidos para aprovechar de imponer los intereses norteamericanos y también los esquemas ideológicos más fácilmente porque son unidades más pequeñas. Creo que Estados Unidos ha tendido a inducir a la segregación territorial en determinadas regiones del mundo. Creo que –cosa que no podría yo conocer bien, sino es suposición- EE.UU. ha sido favorable a que haya divergencia en una región que en un periodo determinado formó un solo todo, como lo fue Yugoslavia. Es célebre que Gran Bretaña dejó problemas pendientes en la India o en Palestina, y así en otros casos en Asia. Estados Unidos ha heredado intelectualmente esta fórmula. No ha querido que haya unidad verdadera entre los países sudamericanos. La política de Estados Unidos, podemos decir, ha tenido un fracaso hacia la región con el ALCA, en tanto enfrenta y ha enfrentado problemas para ratificar los TLCs. Otra aparente pérdida de poder en la región por parte de EE.UU. es la influencia que ejerce la Unión Europea, y principalmente España, que no sólo es el primer inversionista en Latinoamérica –o Sudamérica- sino que tiene la ventaja de tener una cultura y una lengua similar. Está también el auge económico de países asiáticos como China e India, que ya han comenzado a establecer importantes relaciones comerciales con la región. ¿Señor Uribe, comparte usted estas observaciones?
-En mi opinión, tiendo a creer que Estados Unidos ha tanteado algunas políticas extremas, políticas de corrosión de la soberanía en el continente sudamericano, como eran las políticas generales de tratados de libre comercio bajo la fórmula ALCA o como en otros. A su vez, creo, aunque se produzcan dificultades en negociaciones con tratados ya suscritos, que para Estados Unidos ha sido finalmente más provechoso establecer convenios con países separados, porque le puede imponer más exigencias. Creo que EE.UU. está en condiciones óptimas para, según las circunstancias coyunturales futuras, acrecentar su presencia y su intervención más decisiva aún que la actual e histórica. Creo que Estados Unidos está en muy buena posición para que gobiernos con algo más de apoyo dentro de EE.UU., con algo más de prestigio que el que tiene el actual, aminoren enormemente la soberanía de los países sudamericanos. Declaraciones tan genéricas como la que acabo de hacer naturalmente no toman en cuenta la importancia que creo que terminará por ser definitiva, no lo es todavía, de un polo económico-político, como lo es Brasil, que se ha colocado en una situación como gran potencia futura, del mismo modo que las grandes extensiones de la India o China. Así me parece. Todavía no puede darse por sentado. De modo que tiene más sutileza lo que he dicho con anterioridad. Con la excepción de Brasil, creo que la pérdida de soberanía se dará en los países sudamericanos. ¿Cuándo? No en vida mía, espero. Piense usted que también EE.UU. ha pasado a señalar, a consagrar, que el sistema económico interno de los países con los que trata debe seguir siendo el neoliberalismo capitalista de mercado desregulado. No lo dice obviamente con estas palabras, pero en mi opinión, EE.UU. establece de tal manera sus derechos frente al país respectivo que estaría en condiciones de decir, si un país se decidiera modificar la constitución, que ese cambio va en contra de los compromisos en el TLC.
Texto publicado en Terra Magazine
Publicado en Clarín por gentileza de Terra Magazine y del autor.
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