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Agosto 18, 2026

Levantarse temprano es la fórmula

Millones de chilenos lo hacen, pero sin la fortuna de quien hoy está listo para dirigirlos, como empresario exitoso y servidor público. Esta doble condición perseguirá siempre a Piñera, por razones biográficas, más allá de que sus adversarios y socios decidan enrostrársela para atajar sus aspiraciones.      


¿Qué era mejor como estrategia comunicacional del Gobierno: que la visita de Piñera a Perú muriese en el mismo momento que el presidenciable de RN aterrizara en su avión Lan en Santiago, o reavivar la ambigua condición de empresario y político con que fue recibido en Lima? ¿Perfiló efectivamente Piñera una imagen de estadista porque el Presidente García y las más altas autoridades y líderes de opinión del país vecino mostraron interés por su visita?

Que el abanderado de un sector de la derecha es un hombre con capacidad para dirigir la República es  una percepción crecientemente instalada en la ciudadanía. Los honores que le dispensen en el exterior  no variará esta creencia, salvo que cometa un error garrafal. Indiferentes como están los chilenos a lo que sucede afuera –lo que se traduce en un marcado desdén por las personalidades políticas que nos visitan-, la presencia de Piñera en Lima no aportó más a su imagen de hombre exitoso. Lo que sus adversarios quisieron hacer aquí fue poner de relieve uno de los componentes de su carácter: la del hombre de negocios.

En eso tampoco se pierde nadie y lo más probable es que muchos de sus adherentes más convencidos admiren en él su capacidad de gestión y de hacerse rico. Al revés, es lo que más exacerba los ánimos en su contra o arroja una sombra crítica entre los dirigentes de su partido –Carlos Larraín, Allamand- y sus aliados más o menos renuentes –Hernán Larraín, Novoa-. El problema es que este rasgo estará siempre presente en la gestión pública de Piñera, aun cuando se decida a renunciar a la gestión de sus negocios. Porque ¿es posible que en un país chico un empresario sometido a fideicomiso ciego no sepa realmente cómo se mueve su plata? Y si la saca de las empresas, ¿podrá ignorar a qué vaivenes estará sometida en los fondos nacionales o extranjeros a los que acuda?

Cuando este hijo de clase media acomodada, con oportunidades para acceder a la mejor educación, decidió “levantarse temprano” para hacer dinero dio a su vocación de servicio público una marca que sellaría su destino -a favor o en contra de sus altas pretensiones políticas- y que lo tendrá dando explicaciones todo el tiempo. Y no sólo porque el Gobierno y sus adversarios en general decidan o no aplicar la estrategia de cuestionar sus actividades, por ejemplo en el ámbito exterior.

De ahí que la pelea por su viaje a Lima será episódica y no gravitará ni en su futuro político ni en las relaciones entre Lima y Santiago. El personaje porta una mochila millonaria y Alan García no la perdió de vista en la hora y 20 minutos que le concedió de audiencia; sin avisarle, convidó a  su ministra de Transportes para pedirle cooperación en la instalación de una escuela nacional de pilotos. ¿Para qué precisó el visitante a la salida de palacio que no venía como representante de Lan Airlines si se aprestaba a acudir a una cena en casa del presidente de Lan Perú con lo más granado de las  élites peruanas?

Estas contradicciones son a estas alturas insalvables y no corresponden sólo a la doble naturaleza de este animal político y económico, sino también a su biografía, que lo perseguirá. En una de sus tantas frases repetidas, él gusta de argumentar que tuvo éxito empresarial “levantándose temprano todos los días”. Explicación no suficiente –provocativa más bien- para los millones de chilenos que se han levantado temprano toda su vida sin lograr hacer fortuna.

Su visita al Perú tuvo el curioso doble efecto de convertirse en un factor de política interna allí y en Chile, más que de las relaciones entre ambos Estados. Los vecinos le alabaron principalmente por su visión más bien económica, que quitó dramatismo al “diferendo” por los límites marítimos. Si bien la integración es un acento que ponen las autoridades de una y otra parte, al enfatizarlo el líder opositor sirvió a los intereses de quienes presentaron la demanda ante La Haya, sobre todo si usó un término que Chile oficialmente no acepta. “Diferendo” es una “diferencia entre Estados o instituciones” y, por lo tanto, es lo que existiría actualmente entre los dos países, pero la estrategia chilena es distinguir entre una diferencia de hecho y un diferendo de derecho y es lo que Piñera relativizó con sus declaraciones, haya usado a no esa palabra u otra como “controversia”.

Quien más precisó el perfil del visitante fue justamente quien no devolvió la visita a Santiago, el ministro de Defensa Antero Flores-Araoz, al lisonjearlo por su condición empresarial: “¡Qué maravilla que alguien que construye desde la actividad privada pueda construir desde la pública!”. Un razonamiento “complejo”, porque la riqueza de las naciones no depende necesaria ni únicamente de criterios empresariales ni de buenas decisiones de gerencia. Tampoco de puro esfuerzo laboral y de levantarse temprano todos los días.

Colofón: esta frase del repertorio piñeriano ya sonaba caricaturesca por engañosa y repetida, pero ahora se volvió grotesca al incluir negaciones al ministro vocero y el jefe del partido Socialista. La incontinencia verbal puede ser menos inofensiva en política que las de otro tipo que se desatan en la esfera privada e íntima.